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El amanecer de la bolsa de Brasil

Una pandemia internacional que obligó al Banco Central de Brasil a bajar las tasas de interés a niveles históricos coincidió con la maduración del ciclo tecnológico de empresas de alto crecimiento que han conquistado el interés del nuevo grupo de inversionistas, caracterizados por ser jóvenes y audaces. ¿El resultado de la alineación de estas estrellas? La explosión de ofertas públicas iniciales en la bolsa de valores de Brasil.
Martes, 16/02/2021 Sol Park

Durante el solsticio del 21 de diciembre de 2020, Júpiter y Saturno se alinearon por primera vez en 800 años. Para los astrónomos, fue un fenómeno peculiar en el que los dos mayores planetas del sistema solar crearon una ilusión de una sola estrella enorme, también conocida como la estrella de Belén. Para aquellos más esotéricos, la conjunción marcó el inicio de una nueva era astrológica, la Era del Acuario. Según astrólogos, como también por los hippies del musical Hair, el inicio de esta era significa una transición hacia una civilización asociada a tecnologías, modernización, no conformidad y perseverancia.

Claro que estos conceptos no tienen ningún fundamento astronómico, pero es divertido comparar −un poco frívolamente− la creencia mística con el fenómeno de la industria de la inversión de riesgo brasileña de 2020 que, aun no siendo creyente, genera ciertas sospechas de que existe una fuerza espiritual que acompaña este sector.

En 2018, tres empresas brasileñas realizaron su oferta pública inicial (OPI) en la B3 (la bolsa de valores Brasil, Bolsa, Balcão, anteriormente conocida como BM&FBOVESPA): Hapvida, Banco Inter y NotreDame Intermédica, mientras que tres abrieron su capital en Estados Unidos: Stone Co., Arco Educação y PagSeguro. En 2019, cinco se estrenaron en la bolsa brasileña: Centauro, Neoenergia, Vivara, C&A y el Banco BMG, y dos en Nasdaq: Afya y XP Inc.

En 2020, la bolsa B3 experimentó una concurrencia de 28 nuevas empresas. En un escenario de pandemia global que convirtió al país en uno de los focos de contagio mundial y que redujo su PIB en 6% en 2020, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y con un presidente que se lavó las manos diciendo que “Brasil está quebrado, no puedo hacer nada”. Es decir, pese a todo este caos, estas compañías brasileñas decidieron exponerse al escrutinio del mercado y consiguieron levantar US$ 8.490 millones en total.

“El mercado del capital de riesgo está llegando a su mejor momento. Ya tienes bastantes empresas, están en muchos estados, pero están viviendo su mejor momento”, celebra Piero Minardi, el presidente de la Asociación Brasilera de Private Equity y Venture Capital (ABVCAP), la organización que, por 20 años, promovió e impulsó las mejores prácticas de la industria en el país.

La última vez que hubo tal explosión de activo fresco en la bolsa brasileña fue en 2007, un año récord con el ingreso de 64 empresas nuevas en la lista paulista, con nombres como Marfrig, Cosan y JBS Friboi.

En el resto de Latinoamérica se puede contar con los dedos de una mano la cantidad de ofertas públicas iniciales. En México, abrieron su capital las compañías Cox Energy America, Controladora Nemak y Acosta Verde; en Perú solo lo hizo Fibra Credicorp Capital, mientras que en Colombia dos empresas se deslistaron de su Bolsa de Valores: Gas Natural (Vanti) y Tecnoglass.

Revelaciones místicas en cristales

A diferencia de una era astronómica concebida por alineaciones de estrellas, el nuevo capítulo en la bolsa brasileña tiene explicaciones más allá de lo metafísico.

La estrella con mayor injerencia en este fenómeno es la pandemia de COVID-19. Específicamente, la crisis económica que ha causado y que, por consecuencia, obligó al Banco Central de Brasil a bajar su tasa de interés a cifras históricas (2% anual) con el objetivo de estimular la economía. Esto, a su vez, movió a los inversionistas −acostumbrados a fondos de renta fija alimentados por una tasa tradicionalmente de doble dígito− hacia la renta variable, es decir, acciones en bolsa.

“La industria de fondos de inversión es de aproximadamente US$ 1.134 billones. Tú tenías el 90% de esa industria alojada en la renta fija en Brasil. Hasta el año pasado veías un tipo de interés nominal con el título del gobierno brasileño que pagaba ajustado a la inflación unos 6% a 7% al año”, dice Piero Minardi, de ABVCAP. “Con la caída abrupta, la bolsa de valores recibió una carga enorme de dinero que demandó nuevas acciones”, agrega.

De esa manera, durante 2020 la cantidad de cuentas abiertas por personas físicas para invertir en la bolsa saltó de 1,6 millones a 3,2 millones año a año, según la B3, también aumentó el volumen invertido en acciones.

Esto no solo creó una alta demanda por nuevas empresas rentables para invertir, sino también generó una demanda por empresas que reflejaran la economía real brasileña, según Minardi. “Hace dos años, la bolsa brasileña era una bolsa de Vale o Petrobras, con una sola empresa de retail, farmacéutica y sin empresas de salud. Si querías invertir en la economía real, no conseguías hacerlo”, dice. “Este año trajo una nueva galera de empresas a la bolsa, donde hoy ves representadas diversas verticales”, agrega.

De hecho, en 2020 se estrenaron en la bolsa empresas como PETZ, una cadena de retail para animales domésticos y hospitales veterinarios, dos cadenas farmacéuticas (Pague Menos y d1000), la compañía de fabricación de turbinas para la generación de energía eólica Aeris Energy y cuatro retailers especializados en productos deportivos, supermercados, moda y construcción (Track and Field, Grupo Mateus, Grupo de Moda Soma y Lojas Quero Quero, respectivamente).

Por otra parte, esta masiva demanda por activo fresco coincidió con la maduración del ciclo tecnológico de las empresas brasileñas. Según el académico Antonio Gledson de Carvalho de la Escuela de Administración de Empresas de São Paulo de la Fundação Getulio Vargas (FGV-EAESP), hacer una OPI depende de que la compañía alcance un tamaño que le permita sobrevivir como una empresa de capital abierto, mientras que las que no llegan pueden optar por seguir levantando capital privado o realizar una fusión o adquisición (M&A) con otra. Por esta razón, según el académico, el mercado de las OPI depende mucho de este ciclo de negocio que también coincide con los ciclos tecnológicos de las empresas.

“Aparece una tecnología, comienza a surgir empresas relacionadas y los inversionistas de venture capital apuestan en estas compañías y, luego de cierto tiempo, van a salir al mercado”, dice Carvalho. “En 1999 y 2000 vimos la culminación del ciclo de las dotcom cuando vimos una cantidad enorme de OPI. Ahora vemos otra generación de empresas que han madurado y tienen el tamaño suficiente para salir al mercado”, agrega.

Top stars

Desde el estreno en 2006 de la compañía de software de gestión empresarial TOTVS en la B3, solo tres empresas tecnológicas más abrieron su capital en Brasil: la marca de computadoras y celulares Positivo (2006), la empresa de software financiero Sinqia (2013) y Linx (2019), que desarrolla softwares para la industria del retail. En 2020, cuatro empresas basadas en tecnología realizaron su IPO en el país.

“Los que están saliendo ahora al mercado son aquellos que tuvieron una buena historia para contar. Son empresas que consiguieron recuperarse rápidamente de la crisis financiera, o aquellas que incluso crecieron. Estas son las empresas digitales”, dice Gustavo Araujo, cofundador y CEO de Distrito, el mayor ecosistema independiente de startups en etapa temprana de Brasil. “Además, la pandemia mostró que las personas tienen nuevos hábitos, como comprar, pedir servicios financieros o atenderse con un doctor con aplicativos, pero hay una bajísima oferta de empresas tecnológicas en la bolsa, por lo que el inversor brasileño tiene un gran apetito por estas empresas que están saliendo al mercado”, agrega.

Entre las compañías tecnológicas que estrenaron en la bolsa durante 2020 está Locaweb, el segundo OPI del año después de la inmobiliaria Mitre Realty. En febrero, la empresa de servicios de alojamiento web, registro de dominios y soluciones SaaS (software as a service)  logró la mayor apertura de capital realizada por una empresa tecnológica en la B3, levantando US$ 308 millones a R$ 17,25 por acción. Al cierre de esta edición, el papel de Locaweb vale R$ 109,92. Es decir, en menos de un año, el valor de la compañía creció seis veces.

Ya, en noviembre y con tan solo cuatro días de diferencia, Enjoei, el e-commerce de ropa y muebles usados, y la fintech de cashback Méliuz realizaron su OPI. Ambas empresas eran parte del portafolio de Monashees, una de las compañías de venture capital (VC) más grandes de la región que posee en su portafolio a startups como 99, Rappi, Ualá y el más reciente unicornio, MadeiraMadeira. Enjoei fijó el precio de su acción a R$ 10,25 y levantó US$ 1.130 millones, mientras que Méliuz recaudó US$ 117 millones en su OPI, luego de fijar su acción en R$ 10. Actualmente, las acciones de las compañías cuestan R$ 15,42 y R$ 25,82 cada una.

Finalmente, la temporada de OPI de 2020 fue consumada el 17 de diciembre por Neogrid, la empresa de softwares para supply chain, que levantó US$ 91,9 millones a R$ 4,5 por acción. Pese a que ni pasó un mes desde su apertura de capital, el precio de su acción dobló su valor y actualmente está a R$ 9,64.

“Las compañías de riesgo, basadas en tecnología y que tienen estructuras de rápido crecimiento son menos sensibles a las crisis del momento. El ciclo económico, a diferencia de una empresa madura, influye menos en un startup”, asegura Piero Minardi de ABVCAP.

Además de las compañías puramente tecnológicas, los entrevistados coinciden en que la narrativa de la bolsa brasileña está enfocada actualmente en empresas que estuvieron preparadas para enfrentar la crisis del COVID-19.

Empresas como PETZ, un retail para mascotas, o Rede d’Or, la mayor cadena hospitalaria de Brasil, han mostrado un alto rendimiento luego de salir al mercado durante el año pasado. Por un lado, PETZ tenía como objetivo llegar en cinco años a un 20% en ventas por canales digitales, pero por la pandemia superó esa proyección en apenas dos meses. Además, esta reportó que durante el tercer trimestre sus ingresos netos aumentaron 47,5% con respecto al mismo período de 2019.

Durante la cuarentena Rede D’Or consiguió monitorear a distancia aproximadamente a 40.000 pacientes con sospecha o confirmación de COVID-19 y recientemente firmó un acuerdo con ViBe Saúde para crear una plataforma de salud exclusiva que conecta a médicos especialistas con pacientes. Luego de su OPI, que recaudó US$ 2.000 millones, la compañía se posicionó entre las 10 mayores empresas en la B3 por capitalización del mercado.

“Hoy las empresas que generan más empleo, mayores valuaciones de mercado y capacidad futura son las empresas basadas en tecnología, que tienen activos físicos y que hacen uso optimizado de estos activos a través de esta”, dice Araujo.

Nuevo perfil

La explosión de OPI, en especial de empresas con base tecnológica, fue un fenómeno internacional. Según datos de Refinitiv, el mercado de OPI de 2020 fue el más dinámico de las últimas dos décadas, solo superada por el boom de las dotcom de 2000. Las 203 compañías que abrieron su capital durante el año recaudaron más de US$ 83.000 millones y, según Morningstar, entre las 10 mayores ofertas del año, siete son compañías con base en tecnología.

Entre ellas están la quinta, sexta y la séptima mayor apertura en bolsa en la historia de Estados Unidos: la compañía de almacenamiento de datos en la nube Snowflake logró una capitalización bursátil de US$ 33.200 millones, la plataforma de alojamiento Airbnb alcanzó US$ 47.000 millones y finalmente la aplicación de delivery de comida Doordash alcanzó una valuación de US$ 68.000 millones.

Tanto así que el CEO de la firma de investigación de mercado New Constructs, David Trainer, llamó a DoorDash el “OPI más ridículo de 2020” por la falta de rentabilidad (que puede aplicarse al caso de Airbnb), mucha competencia (Uber) y por ser un ejemplo de aumento de demanda causada únicamente por la pandemia. El año pasado, Trainer entregó el mismo título al OPI de WeWork.

“El mercado estadounidense tiene mayor liquidez, el perfil de los inversionistas es más diverso y tienes inversionistas con mucho capital, voluntad de asumir riesgos y que apuestan por empresas que pierden dinero. Es decir, el mercado público comienza a parecerse al de un venture capital, que apuesta por performances futuras, muchas veces basadas en el crecimiento”, explica Michael Nicklas, partner de la firma de inversión Valor Capital Group. “Creo que no es el caso de Brasil, donde quieres tener un track de utilidades más consistentes”, agrega.

Pese a ello, el perfil de los inversionistas también está cambiando. Según Nicklas, inversionistas más sofisticados como los fondos de private equity que no estaban atentos al sector se dieron cuenta de que mucho del crecimiento proviene de estas compañías y ciertos actores, como los fondos brasileños como Atmos o Banco Inter, han impulsado fuertemente la inversión en compañías basadas en tecnología.

“Este año, el mercado está demostrando a los inversionistas más tradicionales que no entran al capital de riesgo que están equivocados”, dice Gustavo Araujo, de Distrito.

Además, el perfil de los inversionistas minoristas también ha cambiado. Según un estudio de la B3, los dos millones de nuevos inversionistas que entraron entre abril de 2019 y el mismo mes en 2020 tienen en promedio 32 años (el 45% tiene entre 25 y 34 años), de los cuales el 60% no tiene hijos y el 73% aprendió a invertir a través de canales de YouTube o influenciadores. Además, del universo de nuevos inversionistas solamente el 18% afirmó ser averso al riesgo, mientras que el resto asegur tener un perfil realizador (39%) u osado (39%).

Tal vez por eso se explica el éxito de Enjoei en la B3, una empresa que comenzó como un blog en 2009, que en los primeros seis meses de 2020 tuvo unos ingresos de US$ 7.000 millones, mientras perdió US$ 869 millones y que en el tercer trimestre del año pasado registró una pérdida líquida de US$ 1.539 millones, mucho más que los US$ 320 millones perdidos en el mismo periodo de 2019. La tesis del OPI de Enjoei fue su tasa de crecimiento: en el tercer trimestre del año pasado la compañía reportó un aumento en 3,13 veces en la cantidad de nuevos usuarios y crecimiento de 98% del número de compradores activos.

No todo lo que brilla

Si ciertas compañías tuvieron OPI exitosos, varias no. Al cierre de la edición, de las 28 compañías que abrieron su capital durante 2020, 10 tienen un valor de mercado menor que el día del estreno en la bolsa. En especial, las empresas más afectadas son de la industria inmobiliaria, que concentran seis de los 10 peores desempeños en la bolsa. 

Además, de las cinco aperturas de capital menos exitosas del año, cuatro son esta industria: Moura Dubeux, cuya acción pasó de un valor de R$ 19 a R$ 10,16 al cierre de esta edición, Plano and Plano Desenvolvimento (-24,15%), Alphaville (-24,07%) y Melnick Even (-20,35%). El segundo con peor performance en la B3 de 2020 fue la cadena farmacéutica d1000, cuya acción bajó 28,88% desde su apertura inicial.

“Porque una empresa haga un OPI no significa que sea buena. Cada inversionista debe hacer un buen análisis antes de colocar su dinero. Creo que vamos a ver más casos de compañías que hacen OPI, por ser un buen momento, pero que no tienen un negocio sólido o una buena oferta para el mercado”, dice Araujo.

Para no caer en la trampa, el experto en inversión en capital de riesgo recomienda, en primer lugar, revisar el equipo de gestión de la compañía: quiénes son las personas que están detrás de la empresa y toman las decisiones, su historia y si tienen la capacidad de construir lo que está vendiendo. Además, es importante estudiar los otros indicadores, especialmente si es una compañía que todavía no da utilidades, como las tecnológicas.

“Si un inversionista quiere correr el riesgo en invertir en una empresa que nunca generó rentabilidad, debe analizar [bien] el lifetime de la empresa y su churn, es decir, el porcentaje de cancelación de los productos o servicios por parte de los clientes”, dice Araujo.

Let the sunshine in

Según los vaticinios, parece que la prosperidad prometida por la Era de Acuario continuará durante 2021. Según la Asociación Brasilera de los Mercados Financieros y de Capitales (Anbima), pese que en 2020 hubo una reducción de 14,5% en las operaciones de todos los tipos de títulos en la bolsa de valores en relación a 2019, la disminución se da en el periodo de incertidumbre traída por la pandemia en el primer semestre. La recuperación comenzó a impulsarse desde septiembre, mientras que el resultado mensual de diciembre (US$ 12.034 millones) es el mayor desde octubre de 2010.

En el ámbito de las OPI, para el cierre de la edición, 44 empresas aguardan ya el registro en la Comisión de Valores Mobiliários (CVM), el órgano regulador de capitales en Brasil. Según dijo Pedro Mesquita,  jefe de Banca de Inversiones y socio de XP Investimentos, a CNN Brasil Business, podrían darse entre 80 a 100 ofertas durante 2021 en el país.

Algunas de las transacciones más esperadas para este año incluyen los OPI de la unidad de minería de CSN que, según Reuters, podría alcanzar una valoración de hasta US$ 1.840 millones y el de TOK&STOK, el retailer de muebles controlado por Carlyle, que reportó un ingreso neto de R$ 668 millones hasta septiembre de 2020.

También están en la mira de los inversionistas empresas como el e-commerce de vino Wine, Mosaico, el holding que controla Zoom Brasil, Buscape y Bondfaro, y la plataforma housing-as-a-service Housi. Son compañías que estaban en la lista de espera de OPI para 2020, pero que decidieron suspender su salida a la bolsa por la coyuntura.

“Las empresas no deciden hacer su OPI de un día para el otro. Entonces, si no vemos un fenómeno a nivel internacional que vuelva a los inversionistas más cautelosos en términos de adquisición de las acciones de startups, vamos a ver muchas empresas que abrirán su capital”, dice Antonio Gledson de Carvalho de la FGV. 

¿El crecimiento de las compañías basadas en tecnología que están actualmente en la bolsa seguirá en los mismos niveles? Según los entrevistados, sí. “Hace 20 o 30 años atrás, los 10 mayores players del mercado brasileño eran todos old-school, pero ahora son todos tecnológicos. Entonces, la capacidad de generación de utilidades de estas empresas tiende a crecer y la demanda a multiplicarse, por lo que es difícil saber si estamos en una burbuja o si estos múltiplos son el nuevo normal para este sector”, dice Michael Nicklas, de Valor Capital Group.

Además, según Nicklas, la bonanza en el mercado público también se está desbordando hacia el mercado privado. Pese a que los fondos latinoamericanos con presencia en Brasil como Valor, Kaszek y Monashees en conjunto administran aproximadamente US$ 4.000 millones −un número pequeño en relación al Producto Interno Bruto (PIB) del país− son considerados como la primera puerta hacia estas compañías basadas en tecnologías, activos que generan cada vez mayor demanda en el mercado público.

“Los family offices e inversionistas sofisticados generalmente destinan solo entre el 2% y el 5% de su portafolio a los venture capital, pero si el interés es extenso, ese porcentaje es un hub de capital considerable”, dice.