Una cosa es que un globo aerostático tenga un eructo momentáneo. Otra que explote. A mediados de abril el cobre se puso a jugar tobogán abajo llegando a casi US$3. El mundo se dividió en dos. A un lado, los que creen que el crecimiento chino es todavía una fuente de demanda caliente que lo sostendrá volando apenas algo más bajo, pero con elegancia. En el opuesto, quienes sospechan que su ciclo alcista de más de una década comienza a revertirse y el “nuevo normal” está más cerca de US$ 2 ó 2,5 que de US$ 3 ó 3,5/libra. Y no sólo el de él: que desde metales glamorosos, como el oro, a humildes, cual es el caso del hierro, presentan signos de agotamiento en su función de reservas de valor. La cual ha sido impulsada por traders y bancos que inmovilizan grandes stocks de metales en bodegas del LME (London Metal Exchange, mercado tradicional de compra/venta del metal) sobre la base de acuerdos para impulsar el precio de instrumentos financieros especulativos.

Es arduo anticipar si se trata de un tropiezo más que de una caída. Con Europa y EE.UU. manteniendo un crecimiento negativo en su demanda que ya viene desde hace algunos años, sin duda la demanda China es el fundamental no financiero que impulsa los precios. La esperanza a largo es que su proceso de crecimiento urbano mantenga la demanda fuerte y que la India se le sume. No será así a corto plazo. El indicador que debe mirarse es la oferta de crédito para la compra de hogares en China. Los bancos de ese país han estado endureciendo las condiciones de los préstamos en los últimos meses, aceptando las críticas de que podría haber una burbuja inmobiliaria. Su impacto parece relevante. Considerando un año, de abril de 2012 a abril de 2013, las importaciones cupríferas chinas cayeron un 27,2% respecto del año previo, lo cual no significa que su uso haya decrecido, ya que China es un gran productor y mantiene grandes stocks del metal; pero marca que la demanda se moderará justo cuando en países como Chile, Perú, EE.UU., Mongolia y Zambia grandes proyectos extractivos comienzan a plasmarse.

Oferta y demanda

Según The International Copper Study Group (ICSG), en 2012 el uso planetario del cobre refinado creció alrededor de un 3,1%, llegando a un total de 20,5 millones de toneladas métricas. Sin embargo, si se saca a China de la ecuación el uso del metal salmón cayó 2,2%. Donde más se derrumbó el consumo fue en África (13,5%) y Europa (6,3%). Lo de este último continente no es  menor porque, si bien China explica casi el 40% de la demanda mundial del metal rojo, si suma a Europa la cifra llega al 60%. Para quienes se entusiasman con el dinamismo consumidor de Asia, la verdad es que –sin China– el uso de cobre allí sólo creció 0,9%.

A Rodrigo Prialé, gerente general de la consultora Gerens, en Perú, el bajón no le quita el sueño. “El consumo de cobre per cápita –dice– ha aumentado por dos razones: porque hay más gente en el mundo y la gente en el mundo tiene más ingreso y cuando el ingreso aumenta el consumo también y el consumo de algunos bienes con mayor contenido metálico aumenta como ha sucedido en China”. Eso no quiere decir, piensa Erika Manchego, analista del Scotiabank, también en Perú, que los precios se deban mantener en el cielo de los US$3,90 la libra. “Nosotros estamos esperando precios estables de alrededor de 3,65 dólares por libra”, explica. Ello, porque “el año pasado el precio ha estado descorrelacionado de los fundamentos”. A su juicio, al estar “más vinculado al mercado financiero y la especulación que ha habido en torno a los problemas de Europa”.

En apariencia lo que sucede es sencillo: hay más cobre disponible (o se espera que lo habrá de manera más permanente) y la demanda flaquea. Luego, los precios bajan. “Nuestro equipo de commodities cree que la industria minera está viendo finalmente cierto éxito proveniente de sus inversiones en la década pasada, lo que está resultando en un fuerte crecimiento del abastecimiento de cobre (esperado) para los próximos tres años”. Es lo que diagnostican los analistas de Metals & Mining del Deutsche Bank Global Emerging Markets en Brasil. Para Leandro Cappa y Jorge Beristain, “gran parte del crecimiento de la oferta se espera que venga de regiones productoras de cobre tradicionales. Como Chile (del cual se anticipa que sobrepasará los 6 millones de toneladas métricas de producción este año por primera vez), Perú y EE.UU. Pero también habría otros contribuidores importantes al crecimiento, por dar nombres, de Zambia, Brasil y Mongolia”.

En Chile, Gustavo Lagos, profesor Centro de Minería Facultad de Ingeniería Universidad Católica, coincide: “Va a salir mucha producción al mercado por ahí por el año 2015 o 2016”. No sólo de Chile y Perú. Una cantidad relevante vendrá de nuevos oferentes. “En África hay muchos proyectos que va a entrar e producción. Creo que hay una alta probabilidad de que tengamos una baja importante del precio de aquí a tres años más”.

Aun así, hay expertos que no estiman que la tendencia a mediano plazo sea al enfriamiento. “Creo que la demanda está en capacidad de absorber todo. Por los próximos años no tendremos ese problema. Históricamente la demanda ha crecido más que la oferta de manera sistemática en el caso del cobre”, expone  Miguel Cardozo, presidente y CEO de la compañía de exploración Alturas Minerals.

La clave es un “fundamental” que sí parece haber cambiado: la estabilidad de la fiebre compradora de China. “El crecimiento de la economía china no seguirá más aquellos movimientos del 11% anual, como en pasado reciente”, dice –en Sao Paulo– Pedro Roberto Galdi de SLW Corretora de Valores e Cambio. Para él, “en la próxima década deberá crecer en la franja del 7 a 8%, lo que todavía es bueno, pero llama fatalmente a un ajuste de precios para las commodities metálicas”.

La pregunta es por qué el precio baja ahora. Es cierto que en el primer semestre de este año el crecimiento chino fue de 7,7 y no del 8%. No obstante, en el último del 2012 había sido de 7,9%. No parece que justifique la caída de casi US$1 por libra.

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Escasez artificial

Pero, si es así, suena razonable esperar un impacto duradero en la cotización. En el caso del cobre, desde 1900, el precio promedio –en términos reales– fue de US$2,45 la libra (US$5.400/tonelada), según los analistas del Deustche. Para ellos, considerando el costo marginal y los precios históricos, “el valor justo está probablemente entre los citados US$5.400/tonelada y los US$6.000/tonelada (US$2,72/lb)”.

Según Prialé, podríamos estar viviendo el comienzo de una brecha en el precio entre un boom que pasa y otro que viene. “Tenemos que esperar una segunda ola cuando entre la India, que tiene un PBI per cápita de US$1.000. Preguntémonos cuánto consumía China cuando tenía un PBI per cápita de 1.000 y cuánto cobre consumirá con US$5.000. Debemos esperar un incremento adicional de cobre”. Por ahora, sin embargo, la India consume menos cobre que Corea del Sur. Otro optimista es Javier Targhetta, Senior Vice President de Marketing y ventas de Freeport-McMoRan Cobre y Oro. Hay que poner, dice, la mirada “en  países entre comillas olvidados como Bangladesh, Afganistán, Vietnam, que también están creciendo a un ritmo muy alto y que van a requerir más de un millón de toneladas de cobre para el final de la década”. Si a esa demanda se suma la actual de China y la “normal” del resto del mundo “vemos que el número de proyectos mineros que tendrían que ser conocidos ya y cuyo desarrollo tendría que estar empezando, ahora no van a estar listos para 2020”. De tal modo “que la predicción de demanda y la predicción de oferta no coinciden y tenemos una industria claramente saludable y en buena forma para bastantes años y desde luego para la próxima década”.

Lo anterior suena muy bien, pero algo no cierra. Según la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) el precio promedio entre 2000/2011 fue US$2,48 y el promedio 1990/2011 alcanza a US$2,11. Sería inverosímil afirmar que China era infinitamente menos relevante como consumidora en el año 2000 que hoy (la demanda anual de ese país creció 14,7% entre 2000 y 2009, pero la de EE.UU. cayó 6,5% en ese mismo período). De hecho, al confrontar la secuencia de precios entre 1984 y 2011 (Wood Mackenzie) se descubre que entre el primero de esos años y 2003 los precios se mantienen oscilando alrededor de US$1,00 la libra, aun cuando los excedentes y déficits de demanda suben y bajan, llegando en un par de oportunidades a 700 mil toneladas métricas. Todo en un contexto de crecimiento lento de la demanda total (1,5% mundial entre 2000 y 2009) con EE.UU., Europa Occidental y Japón con contracción de demanda entre 2000 y hoy. Al parecer había otras fuerzas impulsando los precios altos.

Tal vez la más poderosa sea el uso de los instrumentos creados para protegerse de las oscilaciones de precios como fuente de renta. En un mundo en que la liquidez financiera está omnipresente su volumen se expandió mucho. El 21 de febrero pasado, por ejemplo, el CME Group –empresa especializada en derivados de todo tipo– informó que había alcanzado un nuevo récord diario para sus futuros COMEX Copper (HG) llegando a 128.326 contratos. En la primera semana de abril los futuros totales de cobre transados en ese mercado llegaron a 185.531 sobre 2,1 millones de toneladas (a fines de 2012, el promedio mensual de los futuros de cobre transados sobrepasó los 15 millones de toneladas). Eso sin mencionar los 74 millones de toneladas mensuales de futuros transados en los futuros del London Metal Exchange (LME) y los que del Shanghai Futures Exchange (ShFE).

Fundamental para la regulación al alza de los precios son las empresas Trafigura Beheer BV y Glencore International PLC. Mediante dos subsidiarias, ambas usan la red de cerca de 700 bodegas del LME (London Metal Exchange), ubicadas principalmente en tres lugares del mundo, intentando mover los precios a su favor. Y poseen billeteras muy grandes. Trafigura facturó US$121.500 millones en 2011 (ganando US$ 1.100 millones). En la práctica, en tiempos de déficit –como el año pasado– ambas compañías compiten con los usuarios industriales por el metal, llegando a pagar hasta US$ 100  más por tonelada para construir grandes inventarios. Lo anterior crea cuellos de botella de tres a cuatro meses para entrega inmediata de cobre. Pero no sólo lo hacen por sí mismas. Muchos bancos estacionan metal en tales bodegas como parte de una estrategia financiera (en marzo las bodegas habían acumulado un exceso de 190% respecto a octubre, llegando a 590 mil toneladas, la cantidad más alta desde 2003, cuando comenzó el boom ahora amenazado).

Lo anterior explica, en parte, la reluctancia de Martin Abbott, CEO del LME, a abrir bodegas en los países productores. En una reciente visita a Chile, dijo que “si tienes bodegas cerca de productores, los productores naturalmente se verán tentados de colocar su producto ahí, en lugar de embarcarlo. Entonces pasan dos cosas: se distorsiona el mercado al mantener el producto lejos de los centros de consumo y número dos, el precio base para el intercambio se transa a un precio local se vuelve un precio chileno, por ejemplo”. El razonamiento suena interesado: no teniendo Chile una industria electrónica o de servicios de construcción que se oferten a nivel global no hay posibilidad siquiera de que intente controlar los precios, a menos que toda la minería y bodegas fueran estatales.

Es por ello que la estadounidense CME, dueña de COMEX, el mercado de derivativos más grandes del planeta ha sugerido que puede interesarle construir una red de bodegas en Chile. Con sólo 13 depósitos, espera así competir mejor con el LME. Es un mercado gigante, pero con pocos jugadores. Y es difícil que las pujas se hablen en público. “Las situaciones actuales de cambios de existencias de las bodegas en China a los almacenes de la LME son movimientos momentáneos en los que nosotros sinceramente no nos concentramos porque somos jugadores a largo plazo”, dice, educadamente, por ejemplo, Javier Targhetta. Pasa que LME ahora es propiedad de Hong Kong Exchanges and Clearing (HKEx), quien la adquirió en junio del año pasado. ¿Quién controla la HKEx? La respuesta no es sencilla. Lo cierto es que seis de sus 13 directores son nombrados por la Secretaria Financiera del gobierno de Hong-Kong.

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Perú, el retador

De todas formas, si el miedo fuera exagerado y la recuperación de la economía de EE.UU. más algún impulso extra de otras naciones mantuviera al cobre en torno a los US$ 3/libra y la demanda global siguiera creciendo también en torno al 3% ¿en quién recaería el peso de mantener el abastecimiento planetario?  “Creo que los dos grandes actores son Chile y el Perú. Con estos dos países tenemos 7 millones de toneladas de cobre fino como proyectos para entrar en la producción”, dice Prialé de la Consultora Gerens. Y, de los dos, Perú se presenta como el corredor que, desde atrás, amenaza al líder de la maratón histórica del cobre. La mayor parte, 66%, de cartera de inversión minera peruana (US$ 54 mil millones) está enfocada en el metal rojo. “Esta cartera significa tener 4.300.0000 toneladas de cobre. Chile ahora está en 5,4 millones y nosotros en diez años podríamos estar superando esto”, se entusiasma Eva Arias, presidenta de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía de Perú.

Mirando el tema desde el lado brillante, el potencial peruano es notable. De entrada, “en términos de costos productivos el Perú tiene una ventaja y eso es porque sus depósitos minerales son más jóvenes, menos profundos y por lo tanto menos costosos”, explica Cardozo, de Alturas Minerals. El país también se encuentra menos explorado. “Hay mucho más que explorar en el Perú que en Chile, que está más explorado. Faltaría 50% por explorar de territorio en el Perú. Podríamos encontrar más yacimientos”, pone en perspectiva Rómulo Mucho, presidente del Consejo Directivo del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú y ex viceministro de Minas. A lo anterior se suma el bajo costo energético comparativo. “La energía en Chile –agrega– está llegando al 30% del costo total. En el Perú es 20% o algo menos”. Y, lo que no es menor, “acá el sector energético está subsidiado por el gas. Tenemos además un potencial de 60.000 MW para construir hidroeléctricas”.

Prialé, por su parte, indica que Perú “puede duplicar su producción en un plazo de 4 ó 5 años (con los proyectos más o menos asegurados)”. Así, “podría pasar tranquilamente de 1,3 millones a 2,8 más o menos en cuatro o cinco años”. Sin embargo, “para llegar a las 5 millones tendrían que entrar en producción los proyectos que están en exploración: La Granja (Rio Tinto, UK, Australia), de Galeno (Jiangxi Copper de China) y otros”.

Del dicho al hecho

En cualquier caso la tarea de superar a Chile –meta que el ministerio de Minería peruano cree factible para 2025– no parece al alcance de la mano. Ni resulta tan simple de implementar.  “A veces hacemos afirmaciones que no son debidamente sustentadas”, comenta Cardozo. Y recuerda que “la cartera de proyectos de cobre es grande, pero hay proyectos que todavía están en las etapas iniciales de exploración y prefactibilidad. Entonces, son proyectos que van a salir alrededor del 2020 y más allá todavía.

”Prialé, a este respecto, cree que “si sumamos todos los proyectos que conocemos hoy medianos y grandes estimo que el Perú se aproximaría a 4,8 millones, según lo que está proyectado en el Ministerio de Energía y Minas entre este año y el 2018-2019”. Es insuficiente, porque –como bien lo explica Cardozo– Chile aumentará su producción en 30-50% “más o menos en el mismo período. Es decir, va a pasar de 5,5 millones a 7 millones-8 millones. Perú de 1,2 a 5 o 5,5. Que nos vamos a acercar, nos vamos a acercar. Que los vamos a pasar no creo, porque el desarrollo de Chile no se va a quedar estancado. Todavía tienen potencial para seguir creciendo aunque con costos operativos más altos”.

Perú, por su parte también posee sus lastres. “Hay envidia a la minería. Además, hubo un pasado nefasto en el cuidado al medio ambiente y está el problema de la minería informal que (ahora) está acabando con el medio ambiente”, sintetiza el ex viceministro de minas Mucho. A eso se suma que “el canon, las regalías y lo que viene de la minería está en los bancos. No está siendo invertido de manera eficiente. La población tiene una percepción limitada del beneficio de la minería y eso perjudica”, agrega Cardozo.

Perú también enfrenta la tentación de la ganancia fácil del concentrado versus la creación de una industria manufacturera de excelencia. En su nivel más básico. “Hay miedo a refinar. Un concentrado tiene 30% de cobre, el resto no sirve. Pagamos el costo de trabajo, está en el descuento de la tonelada de concentrado. Pagamos por gusto”, se molesta Rómulo Mucho. Es cierto que, explica, “el tema del Oroya ha asentado como un terror al refinamiento”, pero “es factible hacer fundición en el Perú que no contamine. Podría ser interesante para el país, se generaría más trabajo, es un paso más en la cadena de creación de valor”.

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Chile ¿aproblemado?

Mientras Perú enfrenta problemas de “juventud” de una industria, Chile se encuentra con obstáculos propios de una “madurez”. Targhetta, de Freeport-McMoRan Cobre y Oro, resume el que se considera más en boga: “Aunque Chile es un país que no necesita mi consejo, comparto la opinión de colegas míos chilenos, y el propio ministro de Hacienda lo ha mencionado, debe cuidar mucho la competitividad porque los costes no pueden subir permanentemente sin control”. Para ser justos, los costos suben en todas partes. “La inflación minera es mundial”, dice Arias. Y recuerda que en Perú, por ejemplo “los costos han subido entre 15% y 20%”. Mientras, “las empresas han bajado en orden del 30% su rentabilidad a nivel mundial”.

En Chile, no obstante la energía se dispara. Se habla de costos de 15 kilovatios/hora frente a un tercio en EE.UU. También falta agua en la zona del desierto y derretir glaciares se ha vuelto impopular. “Tengo confianza que resolverán esos problemas de una forma u otra”, pronostica John Tilton, profesor Colorado School of Mines. Pero teme algo diferente: “Mi mayor preocupación por Chile es si van a poder mantener su reputación como un buen lugar para que las compañías extranjeras inviertan: me refiero a los paros y a las encuestas que sugieren que un gran porcentaje de chilenos estaría muy feliz si el gobierno nacionaliza a productores privados”.

Para Targhetta, el país austral posee una ventaja nada menor. “En términos de activos y formación de los técnicos chilenos, dice, Chile es de los dos o tres mejores países del mundo para desarrollar la minería”. Y eso puede ser una gran ventaja. En especial si una empresa como Codelco se pone algo más audaz

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A veces lo obvio lo es tanto que resulta exótico. ¿Y si para mantenerse como la empresa número uno productora de cobre en el mundo, Codelco entrase a invertir en Perú? “La mayor cantidad de cobre del mundo está entre el Perú y Chile, la alianza es natural”, reconoce Cardozo. Y da el paso siguiente ¿por qué no unir fuerzas dos países con ventajas competitivas a nivel mundial? Entre risas, Eva Arias piensa que es una buena idea: “No veo por donde podría haber problema. Al revés con eso quizás vamos más rápido para superar a la producción chilena de cobre. Dentro de esta sana competencia”.

Arias apunta a que la estatal chilena tiene un saber hacer que mejoraría la industria en Perú. Para Roque Benavides Ganoza,  gerente general de Compañía de Minas Buenaventura, de ello no hay duda. “Codelco puede dar conocimiento, tecnología y si viene a competir de tú a tú con el sector privado pues que venga. No tengo nada en contra”, dice. Por su parte, Prialé estima “que podría ser un joint venture con alguna empresa transnacional. Tengo la impresión de que no habría ningún impedimento”.

En el actual entorno de incertidumbre, la sugerencia de que Codelco vaya a Perú puede parecer un sueño algo loco. Pero siempre ha sido buena política invertir en tiempos de vacas flacas. Ello vale para el largo plazo de la industria minera peruana, buscando crear valor monetario y social agregado, como para la chilena. Además, para Prialé “la industria cuprífera ahora está más concentrada, antes estaba más fragmentada. Antes en un escenario de descenso de precios antes los productores aumentaban la producción paradójicamente y el precio continuaba bajando. Ahora en un escenario de caída de precios las grandes corporaciones en algún momento van a evaluar la posibilidad de contraer la oferta y el precio va a dejar de caer y va a subir. Van a haber crisis pero van a durar menos”.

Pero tal coordinación podría ser menos factible de lo esperado. A comienzos de la segunda semana de mayo, Jorge Merino, ministro de Energía y Minas (MEM) de Perú anunció que se trabajaba con todos los actores del sector en busca de “ apoyar los permisos y trámites, para que los proyectos se realicen en el menor tiempo posible, ya que con eso garantizamos que continúe el crecimiento del país y tengamos los recursos fiscales que necesitamos para los programas sociales". El objetivo inmediato es expandir la producción para compensar el nuevo escenario de precios. Para Merino, Perú recuperará en 2016 su puesto como segundo mayor productor de  cobre, llegando a 2,8 millones de toneladas métricas finas. Como eso más que duplica lo que produce actualmente, 1,3 millones, ello significaría que sólo Perú aportará un extra de 1,5 millones de toneladas.

De todas maneras, aun cuando vayamos a un ciclo en que la oferta supere a la demanda. Ello no durará para siempre. “Hay que recodar –pone paños fríos Tilton– que el cobre es cíclico. Puede pasar de un período de cinco años en que sobreconstruimos fuentes productivas y el precio cae significativamente, a uno en que estamos bajo la demanda y el precio vuelve a subir. Así funciona la industria del cobre”. Algo que los que están en la industria misma suelen olvidar.

*Con reporteo de Laura Villahermosa en Lima y Ximena Bravo en Santiago.

**Esta nota es parte de una serie de artículos sobre el tema publicados en las ediciones de América Economía de Chile, Perú y la internacional.