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Más allá de los unicornios: camellos y cebras en el ecosistema startup

En un ecosistema de inversión en capital de riesgo apoteósico e impulsado por la caza de los míticos unicornios, startups valorados en más de US$ 1.000 millones, tímidamente, pero con mayor relevancia, se asoman nuevos animales. Camellos y cebras proponen un modelo de crecimiento realista, que no deja de lado las bases financieras de la utilidad y tampoco el impacto que genera en sus diferentes stakeholders.
Miércoles, 21/04/2021 Sol Park

“Existen dos tipos de compañías: está el animal mitológico que crece, pero tiene una hoja de balance negativa y no entiendes cómo funciona. Por otra parte, tienes a aquellos que, si bien crecen a un paso rápido, tienen números verdes”, dice Miguel Torres, cofundador de Shippify, una startup de delivery business-to-business (B2B) que ofrece envíos en el mismo día de la compra. “Y nuestro modelo de negocio nace con el enfoque de ser rentable porque como emprendedores tenemos hambre, hambre para pagar cuentas”, agrega.

Desde su fundación en 2014, Shippify ha sido rentable y actualmente genera más de US$ 10 millones al año, con más de 55.000 transacciones diariamente en Brasil, Chile y Ecuador. Pese a ello, cuando recuerda su historia de levantamiento de capital, el fundador es crítico con los inversionistas de la región. “El mundo del venture capital en América Latina no entiende a los startups como el nuestro porque solo tienen acceso a historias de compañías que valen US$ 1.000 millones, pero generan cero utilidades”, dice el ecuatoriano. “Al final nos castigan porque preferimos ser sustentables a largo plazo por sobre el crecimiento exagerado sin utilidades”, agrega.

En los últimos años, el mundo del emprendimiento y venture capital (VC) experimentó un crecimiento exponencial. Según Crunchbase, el financiamiento de riesgo alcanzó en enero de 2021 un récord mensual histórico, con US$ 39.900 millones en inversión, casi doblando los US$ 21.000 millones del mismo periodo de 2020. Nunca hubo tampoco tantas rondas de financiamiento de más de US$ 100 millones, con inversiones de US$ 2.640 millones a la compañía de vehículos eléctricos estadounidense Rivian, y de US$ 2.400 a Robinhood, la plataforma de trading que controversialmente bloqueó a sus usuarios adquirir ciertas acciones como GameStop.

La fiebre está siendo impulsada por la promesa de encontrar al ser mítico, el unicornio, que es como la industria de la inversión en riesgo denomina a las startups que valen más de US$ 1.000 millones. El mismo estudio comenta que nunca antes se habían visto tantas nuevas empresas en el club selecto, con 38 unicornios nuevos solo en enero.

Actualmente, los unicornios son algo más que su valuación, representan una filosofía o proceso de construir startups. Y es que para convertirse en este animal fantástico hay que romper ciertos paradigmas de la inversión tradicional. El VC, tal como dice su nombre, corre el riesgo (venture) de que todas las empresas invertidas mueran salvo una, que tenga tamaño éxito que supere todas las pérdidas. Para lograrlo, los inversionistas deben seguir inyectando dinero hasta que la startup crezca, mientras genera pérdidas hasta el momento del despegue. Es decir, una curva de crecimiento que se parece a una “J”.

Paul Graham, el cofundador del renombrado VC, YCombinator, resume en simples palabras: “startup = crecimiento”.

Pese a que parece un modelo completamente novedoso de inversión, Laura Montemayor, chief purpose officer de SVX.MX, la consultora mexicana de inversión de impacto, afirma que es el mismo de siempre: “Si en los 90 el ideal financiero era Wall Street, ahora lo es Silicon Valley. Pero simplemente se mudó de Nueva York a California y de trajes a chalecos de vellón. No cambiaron las prácticas, la obsesión por el crecimiento infinito, la acumulación por diseño y los líderes hombres blancos”.

¿Y su consecuencia? “El mundo financiero está profundamente confundido entre inversión y especulación”, concluye Montemayor.

Las grietas del modelo de crecimiento a toda costa (growth at all costs) ya comenzaron a aparecer. Algunos de los unicornios que eran las superapuestas del mundo privado sufrieron un golpe de realidad al salir al mercado público y su millonaria valuación se fue devaluando al exponer su bajo margen. La crisis de la pandemia las hizo perder aún más.

La tesis de crecimiento infinito también ha mostrado que no es infalible, especialmente con la decepcionante salida al mercado de Uber, un evento que era considerado como uno de los más grandes en 2019. Al final de la jornada del debut público, sus acciones cerraron con un signo negativo, al día siguiente había caído 12% y, en agosto de 2020, 190 empleados de la compañía presentaron una demanda por el mal desempeño.

Pese a ello, al premiar estas prácticas y el alboroto mediático ha incentivado comportamientos similares de los inversionistas, convirtiendo el camino del unicornio en regla, y no una excepción.

Sobrevivir en el desierto

En un ecosistema diseñado para criar unicornios, otros animales están tomando mayor protagonismo. Entre ellos, los camellos, compañías que, como Shippify, no solo buscan crecer, sino también asegurar utilidades para los fundadores y para sus accionistas a largo plazo. El término fue acuñado por Alex Lasarow, director de inversiones del VC estadounidense Cathay Innovation, quien fue enfático al decir “olvídate de los unicornios, los startups deben ser camellos”.

Según Lasarow, la característica principal de estos animales –y su diferencia central con los unicornios– está en su manejo de capital basado en la priorización de la sostenibilidad, manejando el equilibrio entre el crecimiento rápido y flujo de caja desde su fundación. Es decir, “no quemamos dinero que no tenemos”, explica Sara Raimundo, cofundadora y chief operating officer de UnicaInstancia. Esta plataforma brasileña automatiza la solución de los problemas de los consumidores con sus operadores de telefonía, TV, internet o empresas de e-commerce, les permite obtener la recompensa de hasta R$ 600 (aproximadamente US$ 110) y adelantar la recompensa en vez de esperar cinco a seis años hasta el fallo de un juez.

Los otros fundadores consultados concuerdan con la estrategia de UnicaInstancia. Entre ellos, Roberto Braga, cofundador y chief marketing officer de Bxblue, la plataforma online que reúne las ofertas de préstamos consignados (créditos con garantía en sueldos o pensiones), una industria que operaba solo de forma presencial. Desde su fundación en 2017, hasta el lanzamiento de la primera conexión con Banco do Brasil, el equipo generaba ingresos trabajando manualmente, al concretar tras bambalinas los contratos de los usuarios que llegaban a la página web.

“Este período nos requirió ser muy creativos para que tuviésemos un buen uso del capital”, dice Braga. “Pero también nos permitió aprender a ser muy eficientes, conocer el cliente y las variables del mercado, desarrollar el mejor producto y, al mismo tiempo, generar utilidades”, agrega.

La estrategia de tener un crecimiento financieramente sostenible permite a las startups camellos tener esta segunda característica identificada por Lasarow: levantar fondos de inversión solo cuando sea necesario.

Durante 2020, varias startups realizaron una o hasta dos rondas de inversión para aprovechar la inercia creada por la pandemia que impulsó diversas industrias y conquistar más mercados. Por ejemplo, la firma de e-commerce brasileña Olist recibió un aporte adicional de US$ 23 millones en abril de 2021, luego de haber levantado US$ 58 millones en noviembre de 2020 de diversos VC liderados por la japonesa SoftBank. A nivel internacional, la fintech de inversión Robinhood realizó tres rondas de US$ 320 millones en julio de 2020, US$ 200 millones en agosto y US$ 460 millones en septiembre.

“El dinero siempre es un mecanismo que va a ayudar, pero no siempre es óptimo recibir inversión, porque también se incrementan los posibles problemas”, dice Miguel Torres, de Shippify, quien afirma que ha recibido propuestas de inversionistas, pero pudo darse el lujo de rechazarlas para preservar el objetivo de crecimiento sostenible de la compañía. 

Gilmar Bueno, cofundador y CEO de UnicaInstancia, concuerda y afirma que también decidió renunciar a ciertas propuestas por diferencias culturales: “Somos una startup hecha de personas negras y a veces los inversionistas no entienden estos matices. Además, concluimos que vale más la pena invertir nuestro tiempo en la operación que buscar inversionistas”.

Finalmente, toda esta estrategia significa que las startups camellos son rentables a largo plazo. Si el mantra de los unicornios es “crecimiento a toda costa”, el de los camellos es “la supervivencia es la estrategia número uno”. Al no tener que llegar al mercado antes que nadie y monopolizar, los camellos no necesitan cobrar un precio que infravalora su producto o servicio para matar la competencia, como tampoco necesitan inversiones gigantescas para sostener su estrategia de márketing para mantenerse relevantes. De esta manera, la curva de capital de los startups camellos no cae tan profundamente como lo haría el de un unicornio, sino que la estrategia permite mitigar este valle de la muerte, el período en el que las compañías alcanzan el punto más negativo de su flujo de caja.

“Buscamos empresas que gasten menos capital al inicio y crezcan despacio”, explica Dennis Wang, ex CEO de Easy Taxi, ex vicepresidente de operaciones del banco digital Nubank y socio de la brasileña Igah Ventures, que invirtió en Bxblue. “Más que en una jota, buscamos un crecimiento en zigzag, que las empresas vayan cambiando de nivel, construyan productos, lancen nuevos features, descubran nuevos canales y no necesariamente porque necesitan crecer rápido”, agrega.

Blanco y negro

Luego de cinco décadas de defender la ideología de “maximizar el valor del accionista” (MSV, por sus siglas en inglés), en enero de 2020, el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, lanzó el nuevo manifiesto de Davos, que define una serie de principios éticos para guiar a las compañías en la era de la cuarta revolución industrial: “Deberíamos aprovechar el momento para consolidar la posición dominante del stakeholder capitalism (capitalismo de las partes interesadas)”. En este nuevo modelo, las compañías ya no son un ente separado de los fenómenos mundiales que solo responde a los intereses de sus accionistas, sino que son una parte interesada – un stakeholder – del futuro común, por lo que deben trabajar para “mejorar el estado del mundo”.

El mundo startup no se ha quedado fuera de este nuevo pensamiento y algunos manifestaron desechar la filosofía de priorizar stockholders hacia la creación de impacto dando origen a un nuevo animal en el ecosistema: las cebras. Son startups que no solo buscan crecer y generar beneficios a sus accionistas, sino que además quieren resolver problemas reales y profundos y reparar sistemas sociales existentes. Es decir, son empresas blancas y negras.

Los problemas que las startups cebras trabajan para solucionar son tan diversos como la cantidad de especies. Puede ser disminuir la contaminación medioambiental y crear una industria alimenticia más sana, un objetivo de la biotech chilena Protera, que está desarrollando a través de la inteligencia artificial productos basados en proteínas naturales que extienden la vida útil de la comida sin conservantes químicos y reemplazar aceites de palma o grasas saturadas con aceites más saludables basados en vegetales. Por otro lado, la insurtech brasileña Alice quiere cambiar el sistema de seguros de salud, al entregar un modelo basado en el desempeño de los prestadores de salud, en vez del pago por servicio que genera mucho desperdicio y altos costos que terminan traspasándose a los clientes. También están aquellas cebras que buscan conectar compañías de impacto –como ONG, startups o empresas B– con profesionales que anhelan cumplir su propósito, como la plataforma chilena Trabajo con Sentido.

Es decir, si el objetivo final de un startup unicornio es el crecimiento infinito y entregar dividendos a sus accionistas, las cebras quieren impactar todas las áreas de la industria al que pertenecen. En consecuencia, toda la cultura de la compañía, estrategias para el éxito y los productos y servicios son influenciada por esta meta.

Esto se ve reflejado en los indicadores de éxito que utilizan. Si el crecimiento fuera la principal prioridad, ese KPI sería la única medición importante. Pero en el caso de Alice, esta mide salud de sus usuarios –en promedio, el 88% de los miembros mejoraron su salud vital, el 71% presentaron mejoras en su calidad de vida y el 47% de los afiliados considerados técnicamente obesos dejaron de estarlo en un período de 90 días con la compañía–. Trabajos con Sentido, por su parte, tiene tres indicadores: económico, que mide la facturación, crecimiento y Ebitda; impacto, cantidad de profesionales que se inscriben a la plataforma; y de comunidad, que se refiere a la cantidad de organizaciones que contratan los servicios de la compañía y vuelven a recomprar.

Pero no porque un startup tenga propósito de impacto significa que sea una ONG o una institución filantrópica sin fines de lucro. Al ser una organización que vela por todos sus stakeholders, los accionistas son una parte importante de la toma de decisiones de los fundadores y uno de los objetivos de las cebras es ser compañías rentables y con alto crecimiento.

“Nadie está peleado con la rentabilidad y la salud de una empresa es ser rentable”, aclara Laura Montemayor, de SVX.MX. “[Las cebras] buscan generar utilidades, pero no a costa de nuestro bienestar y de nuestras comunidades. El mundo no necesita crecimiento infinito dentro de un planeta finito”, especifica.

De esa manera, el crecimiento se vuelve parte de la estrategia para cumplir con el propósito empresarial, más que el objetivo final. “Queremos crecer por 10 en publicación de ofertas y facturación, por lo que lanzamos nuestra plataforma a nivel latinoamericano, estamos preparándonos para llegar al mercado mexicano y peruano y estamos prototipando distintos desarrollos tecnológicos”, dice Nicolás Morales, fundador de Trabajos con Sentido. “Todo esto para cumplir nuestro objetivo de impactar a más de un millón de personas en los próximos tres años, apoyándolos en su búsqueda de sentido a través del trabajo”, explica.

Además, como los startups camellos, las cebras no sacrifican la sostenibilidad a largo plazo, por lo que tampoco infravaloran el precio de sus productos o servicios. En el caso de Alice, la aseguradora de salud ofrece un modo basado en la suscripción donde el afiliado paga una mensualidad fija basada en la edad de la persona (por ejemplo, una persona de 30 años pagaría R$ 650, unos US$ 120). El fundador y CEO, André Florence, admite que actualmente el precio actual no es el más accesible, como todas las otras ofertas privadas que existen en Brasil, pero el objetivo es ir disminuyendo el costo para el cliente.

“La tecnología permitirá que nuestros profesionales de salud sean cada vez más eficientes; tener un apoyo en el diagnóstico y en desarrollar el plan de acción, como también nuestra plataforma va a crear un ambiente cada vez más colaborativo entre los distintos actores de la industria, como otras aseguradoras, profesionales de salud y hospitales, evitando así los desperdicios y costos”, dice Florence. “Por otra parte, la rentabilidad del modelo basado en desempeño depende de que nuestros afiliados sean saludables, por lo que van a inquirir y pagar cada vez menos por servicios de salud”, agrega.

Finalmente, la política de tener en cuenta a todos los stakeholders obliga a las startups cebras a ser especialmente cuidadosos con el manejo del flujo de caja, al no poder aceptar a cualquier inversionista que tenga expectativas de recibir un dividendo a corto plazo, sino solo a aquellos que estén en la misma sintonía.

“Un inversionista netamente financiero te va a pedir rentabilidad rápido, pero uno que está especializado en biotech entiende que los tiempos de desarrollo pueden tomar años”, explica Francia Navarrete, fundadora y chief operating officer de Protera, que levantó US$ 250.000 de la aceleradora basada en ciencia Indiebio y US$ 5,6 millones por VC liderados por Sofinnova Partners, otra aceleradora del mismo tipo. “Entonces, cuando les decimos que solo vamos a poder salir a la venta en uno o dos años más, son completamente comprensivos. Entonces, no tuvimos problemas con ellos porque nos encontramos con inversionistas correctos”, añade.

Animales reales y dónde encontrarlos

Uber, Airbnb y Doordash: un punto en común entre estas compañías tecnológicas es que actualmente los precios de sus acciones se encuentran en los puntos más altos desde su salida a la bolsa, con registro de ingresos récord. Otro punto en común es que ninguna de las tres es lucrativa todavía.

Al cierre de esta edición, las compañías con capitalización bursátil de US$ 108.030 millones, US$ 104.610 millones y US$ 47.150 millones, respectivamente, han reportado pérdidas anuales de US$ 6.800 millones, US$ 3.890 millones y US$ 312 millones según sus reportes del último trimestre de 2020. Tal vez valga la pena recordar lo que Laura Montemayor dijo al inicio: “El mundo financiero está profundamente confundido entre inversión y especulación”.

No está sola en la apreciación. El mismo día en el que Uber comunicó su reporte anual de 2020 y en el que incumplió su promesa de ser rentable para finales de ese mismo año, el mercado prefirió vender sus acciones y su papel bajó -3,91%. Por otro lado, el presidente y chief investment officer de la firma de banca de inversión Heritage Capital, Paul Schatz, dijo que las valoraciones de Airbnb y Doordash son una demostración de una extraordinaria “euforia y codicia” no vista desde la burbuja del dotcom de 2000; mientras que el analista David Trainer – quien había llamado al fiasco de WeWork la “más ridícula OPI (oferta pública inicial) de 2019”– asignó el mismo título al debut público de Doordash en 2020.

Según expertos consultados, el modelo de unicornios está delatando sus grietas. Y también es la razón por la que animales reales, como cebras y camellos, están cobrando mayor protagonismo en el ecosistema, especialmente por su característica transversal de defender el crecimiento sostenible y largoplacista.

Por una parte, startups como UnicaInstancia ya pasaron el umbral de rentabilidad, pese a que fueron fundados en marzo de 2020 y, luego de haber rechazado varias propuestas de inversión, recientemente levantaron US$ 50.000 de Black Founders Fund de Google for Startups. Los emprendimientos que ya son rentables, no pararon de crecer: en el caso de Bxblue, la compañía creció por ocho en ingresos en 2020 en relación al año anterior y buscan aumentar al menos cinco veces durante este año, ya han atendido a un millón de personas a través de su sitio y han transaccionado más de US$ 90 millones en préstamos consignados. Mientras que Trabajos con Sentido creció cinco veces en facturación, cantidad de ofertas y de organizaciones clientes en tres años y, en diciembre de 2020, tuvo más de un millón de visitas en su plataforma, que es cuatro veces más que el mismo período de 2019.

Si todavía no son rentables y requieren inversión –como de industrias que necesitan mayor liquidez, como healthtech y biotech– son conscientes en su manejo de la caja. Francia Navarrete de Protera afirma que siguen operando en Chile, ya que las diferencias de sueldo entre el país y Francia (la sede de su inversor Sofinnova) es importante, pero no en la calidad de recursos humanos, mientras que el plan Alice, que en su última ronda de inversión serie B levantó US$ 33,3 millones liderado por Kaszek, es establecerse durante dos años en su ciudad matriz, São Paulo, y solo después abrir en otras ciudades de Brasil. Esto lo diferencia de lo que haría tal vez un startup unicornio, que estaría presionado por expandirse rápidamente a nivel global.

“El plan de Alice es de larguísimo plazo, por lo que tenemos mayor incentivo de ser sostenibles desde el comienzo”, dice su fundador André Florence, quien también cofundó 99, el startup de transporte colaborativo adquirido por la china Didi Chuxing, y afirma que quiere que Alice sea su último emprendimiento. “Entonces, no somos una empresa que toma atajos para crecer a cambio de la sostenibilidad, sino que tenemos un plan de rentabilidad futuro que tiene sentido”, agrega.

La sostenibilidad financiera de startup es especialmente destacada en un escenario de crisis internacional causada por la pandemia de la COVID-19, ya que les permite ser resilientes y sobrevivir sin la necesidad de la inyección de capital. Por ejemplo, a finales de 2019 Shippify estaba cerrando una inversión en Nueva York por US$ 7 millones, pero con el inicio de la pandemia el inversionista decidió suspender temporalmente.

“No pasaba nada. Esta mentalidad por la utilidad es lo que ha caracterizado nuestra supervivencia. Algo distinto a la mentalidad por el crecimiento”, dice Miguel Torres. “[Ser camellos] nos permitió ser elásticos y tomar decisiones muy rápido”, agrega. Shippify, durante 2020, creció un 400% en números de transacciones y 250% en ventas de sus dos países más importantes.

Modelo de inversión latinoamericano

El comportamiento riesgoso de las startups unicornios no ha pasado desapercibido en el mundo emprendedor y los inversionistas están reaccionando. Por ejemplo, la startup de delivery de comida, Deliveroo, disminuyó su valor objetivo de £ 3,9 y £ 4,6 por acción a £ 3,9 y £ 4,1 para su OPI una vez que los mayores administradores de activos del país confirmaron que no comprarían participaciones en la compañía, citando preocupaciones en el trato a sus trabajadores. Según el gremio de trabajadores independientes de Gran Bretaña, algunos conductores de Deliveroo ganarían menos de £ 2 (US$ 2,8) por hora, mientras que su fundador estaría embolsando aproximadamente US$ 740,5 millones a través de la operación.

La OPI de Deliveroo en el mercado público de Londres fue un desastre, con su valor hundiéndose 31% a pocos minutos de su debut.

“Como inversionistas a largo plazo, estamos buscando invertir en negocios que no son solamente rentables, sino que son sustentables. Los derechos de los empleadores y su compromiso son una parte importante de eso”, dijo un vocero de uno de los principales gestores de activos del país, Aberdeen Standard, a CNBC.

Invertir en camellos o cebras hace mayor sentido en América Latina, según Montemayor, ya que la tasa de supervivencia de las startups regionales es mayor que la de Silicon Valley, generan utilidades y las ganadoras no lo hacen de manera desproporcional y tampoco quiebran a las demás.

“Lo que estamos viendo en América Latina es que las empresas son dinámicas y no por ser unicornios dejan de ser rentables. Entonces, no nos sirve la estrategia de los fondos de inversión de Silicon Valley, que está hecha para los homeruns: que se te mueran todas tus inversiones excepto una y que esta sea excepcionalmente ganadora para que contrarreste todas las que fallaron”, agrega.

De esa manera, también están surgiendo movimientos regionales por parte de inversionistas hacia un mayor escrutinio por la sostenibilidad financiera y socioambiental de las startup, tales como VC con enfoque en sostenibilidad, como Igah Ventures, o como el primer VC de impacto de Colombia y el primero liderado por mujeres, EWA Capital.

“Obviamente buscamos la máxima valorización de la empresa, pero no es a toda costa. No necesariamente el valor más alto nominal de US$ 1.000 millones de la empresa compensa y no necesariamente un crecimiento agresivo brinda valor”, dice Dennis Wang, de Igah Ventures. “Al final del día, el fondo busca dar retorno a los inversionistas”, agrega.

Wang afirma que para Igah Ventures la diversidad es clave al momento de decidir una inversión. Esta estrategia permea desde su portafolio, en el que invierte en diversas verticales como fintech, healthtech, direct-to-consumer, edtech, SaaS (software-as-a-service), marketplace e insurtech. Cuando analizan una empresa revisan la diversidad del equipo que la componen y, finalmente, aprovechan la diversidad de sus propios socios para llevar adelante el VC como el mismo Wang, ex Easy Taxi y Nubank, Pedro Sirotsky, quien trabajó como administrador de ingresos globales de Apple, o Marcio Trigueiro, que fue fundamental en la adquisición por US 600 millones de Sascar, la empresa de SaaS de administración de flotas.

Pero Montemayor advierte que existen startups que se apropian del vocabulario de los camellos y cebras y hacen greenwashing (lavado de imagen verde) o impactwashing de su producto (muestran solo la parte positiva), procurando recibir inversión.

Por ejemplo, según la declaración de objetivos de Uber, Lyft y Doordash, estas compañías aspiran “empoderar” al trabajador, pero lograron bloquear la ley laboral de California, Estados Unidos, que habría requerido clasificar los conductores como empleados, en vez de contratistas independientes.

“En México hay una startup que endeuda a jóvenes con una tasa tan alta que extrae más de lo que aporta, pero lo promociona como si fuera inclusión financiera”, explica Montemayor. “Hay muchas industrias que son netamente extractivas y empiezan a simular progreso con un incrementalismo pasivo. Es grave porque nos distrae de las cosas que realmente están cambiando el mundo”, critica.