Que un ser humano tenga precio es un contrasentido en sí mismo. ¿Cómo ponerle una cifra a algo tan único como una persona? Es cierto, podemos hacerlo con su trabajo o con lo que necesita para sobrevivir. El emprendedor español Esteban Delgado, consciente de la manía tan humana de comparar lo incomparable, decidió convertir el desafío (o el sacrilegio) en un juego, pues poner precio al valor integral de cualquiera es lo que ofrece la aplicación Social Price. Publicitada como “la única aplicación que calcula el valor real de las personas”, entrega una cifra, en moneda local, luego que el usuario ingresa una serie de datos que abarcan todos los órdenes de su vida.

“La idea –cuenta– surgió en diciembre de 2012. En una sociedad cada vez más individualista, consideraba que era necesario crear una herramienta que nos mostrara nuestro valor en función de nuestra interacción con la sociedad en la que vivimos”. Y aclara que “no se trata de una mercantilización del ser humano, sino de una valoración personal expresada en términos monetarios”. Y enfatiza que “Social Price tiene en cuenta los valores sociales de una persona y no su capacidad de rendimiento económico”, ya que “aborda diferentes dimensiones sociales, traduciéndolas a un valor económico”. Que el usuario  cuida su salud o no. O si usa un camión, el transporte público o una bicicleta para ir al trabajo, por ejemplo, suma o resta. A este último respecto, Delgado expone que  “destacamos en primer lugar la cuestión referente  al número de habitantes de la ciudad en la que la persona vive. Ello nos dirá la sostenibilidad de la misma y su impacto medioambiental”. Por otra parte, “también medimos la participación  en organizaciones sociales de cualquier tipo, entre las que se puede incluir la protección del medio ambiente en cualquiera de sus vertientes”.

Como parte del juego, y del negocio, la aplicación ofrece una Certificado de Valor personalizado, que debe ser pagado aparte. Y se consigue no sólo en español, sino también en japonés, coreano y chino simplificados, entre otras lenguas. Por supuesto, ser políglota suma.