En 2012 el 42,4% de los colombianos dijo a los encuestadores del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, que se consideraba pobre. Sin embargo, en un trabajo paralelo, el 57% de la población considera que lo que gana alcanza sólo para cubrir sus gastos mínimos, lo que –en la práctica– significa ser pobre. ¿Contradicción? “(En Colombia) hay una profunda vergüenza de reconocer que no se tienen los medios suficientes”, afirma Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, como explicación para la discrepancia. 

Para él, “este comportamiento vergonzante” es el correlato de una tercera encuesta, “en la que un país -donde claramente buena gran parte de la población no cuenta con los recursos a veces necesarios para vivir- dice que está en el país más feliz del mundo”, añade. Pero se trata de un autoengaño que es útil. El sociólogo explica que si estas personas no recurren a los eufemismos y la negación de su realidad, corren el riesgo que la vida les resulte insoportable. “Si se es pobre y al mismo tiempo se reconoce y se publica, la vida no se sostiene. Debe vivir la ilusión”. A su juicio, el colombiano del común se ajusta con lo que tiene y con lo que hace. Esto “crea un cierto conformismo social, pero al mismo tiempo es un motor para que un colombiano no se vare”. Porque “si alguien se declara pobre es como si estuviera vencido”.

Una respuesta menos académica, pero no menos realista, la da el taxista Santiago Moreno: “En este país nos matamos todos los días, vivimos en guerra, la violencia y la inseguridad son el pan de cada día, entonces el que cada noche lleguemos a casa sanos y salvos nos hace sentir muy felices”. Sea cual fuere la explicación, para Sanabria “lo grave sería que quienes son los responsables de tomar decisiones en el país, cayeran en la racionalización del común de la gente y no hagan nada por cambiar la situación de gran inequidad que vive Colombia”.