Con voz serena y autoritaria dice: “No, ¿por qué no prueban con otra botella?”. En el set nadie se hace drama y la cambian. Tras varias tomas algo no funciona. Quizás es la velocidad del acercamiento. O la luz. La voz sugiere probar con otro timing. Le hacen caso. Aunque esté a más de 10.000 kilómetros. 

“Nos pasó en septiembre del año pasado”, recuerda Adrián Tesolini, creador de Digital Tools. “Fue un trabajo para una marca de whisky. El cliente no estaba en Argentina y quería ver la filmación del comercial. Así que tomamos la señal de la cámara de cine y se la mandamos en tiempo real. Entonces podía decir `me gusta o no me gusta’. Como resultado pudo hacer las correcciones necesarias en el momento y no tener que movilizar a 50 personas”.

Es la magia del streaming. Digital Tools, en Buenos Aires, es sólo un ejemplo de una nueva industria, imposible de desarrollar antes de la universalización de la banda ancha y cuyos pioneros comienzan a crear un nicho nuevo de servicios para empresas e instituciones. Es el resultado de la commoditización de la transmisión televisiva, pero no del modelo anacrónico de la TV abierta, sino de su hija indie: la TV multidireccional.

Canales a medida. Google lo tiene claro. Por eso creó la aplicación Hangouts que permite, entre otras cosas, llamadas de video colectivas entre sus usuarios. Pero no sólo eso. En marzo pasado Digital Tools fue contratada por la empresa del buscador para articular el streaming de su Hangouts Music Week, que duró cinco días. “El animador estaba acá en Capital, en el estudio de Cerati, y había bandas tocando en México, Uruguay y Argentina”, cuenta Tesolini. “Fue una de las primeras transmisiones a nivel mundial con multicam: en que cada personaje, en cada país, pudo tener varias cámaras de televisión”. El sistema es lo suficientemente confiable para que Discovery Channel –este agosto– lo haya usado para una transmisión subacuática, también vía Hangouts, desde el Acuario Nacional de Baltimore, conectando, en simultáneo, expertos en tiburones, fanáticos de la pesca, espectadores y… tiburones.

Para algunos, esta misma posibilidad de generalización puede hacer que las empresas especializadas en streaming tengan los días contados. Luis Ahumada, cabeza de la chilena Mediastream, no lo cree. Si bien “todos los eventos que se consideran innovadores o interesantes se hacen y se transmiten vía streaming”, explica; cuando se trabaja de manera directa con marcas como Coca-Cola, la embotelladora CCU o una agencia publicitaria de excelencia, ellos “quieren que no falle y siempre se necesita alguien que te lo garantice”. Tesolini concuerda: “Cualquiera puede hacer streaming de video por celular, pero más allá de la calidad que provea el ancho de banda, hace falta conocimiento de lo que es la producción audiovisual para convertirlo en un producto”. Ahumada agrega que no es llegar y transmitir. “Lo que nosotros ofrecemos, por ejemplo, es desde la captura (filmación) hasta la landing page si la empresa no la tiene”.

Mediastream, nacida en Chile, saltó a Colombia hace dos años y se instaló en Brasil a fines de 2012. “En ambos países las oficinas son nuestras, con socios locales”, dice Ahumada, anunciando planes para México. “Somos más de 30 personas trabajando y la única empresa que está físicamente en más de un país”. A su juicio, hay campo para crecer. “Chile es un mercado desarrollado. Existe competencia fuerte. En países como México, Brasil, Colombia y Perú, en cambio, todavía falta oferta”.

Tesolini estima que es realista tener horizonte de expansión. “En este momento hay mucha gente que quiere tener su canal y mostrar lo que hacen”. Y aclara que un streaming de calidad supone “una filmación a tres cámaras HD (útil para usos posteriores, aunque el ancho de banda muchas veces no permita la transmisión HD), un director de cámara, la conectividad y la plataforma que donde se va a ver esto”. 

Esto último no es menor. Existen sitios, canales abiertos, como LiveStream, que las ofrecen gratuitas. “Pero los clientes profesionales requieren un player que puedan embeber en su sitio”, asevera. Un dato significativo es que el costo del servicio depende de la cantidad de visualizaciones por hora, porque la cantidad de gente que esté mirando o interactuando determina la cantidad de ancho de banda a usar.

En este contexto, no siempre es sencillo para las empresas evaluar el costo/beneficio de un streaming en particular.

Tiempo focalizado. Carlos Catalán Bertoni, sociólogo y consultor de empresas especializado en métricas de espacio y tiempo, diagnostica desde Santiago de Chile que la tendencia es hacia el modelo del usuario de “stockeo de tiempo”. Quienes realizan u organizan eventos “pueden vender tanto la focalización personalizada como la flexibilidad del tiempo”. 

Este modelo supone una segmentación de públicos desde ángulos antes impensados. “Dependiendo del tipo de transmisión, no es lo mismo dirigirse a una tableta o a un smartphone. En este último caso debe primar el streaming de corto tiempo, el que puede llamar a los segmentos usuarios que están en una espera en el médico o en una situación de tránsito. La tableta, en cambio, habilita tiempos más largos”. Y, “por supuesto, estos servicios permiten ser mucho más proactivos en el stockeo: `Si te lo perdiste, acá lo tengo`”.

Es lo que pueden hacer, en Chile, los clientes de un canal de fútbol tipo Netflix con el cual Mediastream posee un acuerdo de largo aliento. “Somos socios en el negocio. Tenemos ganancias compartidas”, dice Ahumada. Y es lo que podrían hacer los médicos a los que, habitualmente, un laboratorio en Argentina invita una vez al año a un encuentro en Buenos Aires. “Los que no puedan ir, lo podrían ver por internet con visualización restringida”, se entusiasma Tesolini.

Por ello, para Digital Tools, pese a la proliferación “de cajitas mágicas que ofrecen streaming haciendo plug and play”, el campo está abierto. El escollo real es la novedad y que las empresas que no son medios ni gigantes del consumo masivo no tienen claro cómo monetizar esta opción. “Muchas compañías ni siquiera tienen el presupuesto para esto” porque no entienden su potencial. Es una situación que cambiará rápido: Mediastream espera una facturación de US$3 millones para este 2013. Señal de que la corriente, el stream, viene fuerte.