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Amor de telenovela al estilo turco
Jue, 07/07/2016 - 10:25

Oswaldo Morales

Cultura organizacional y liderazgo en empresas familiares latinoamericanas
Oswaldo Morales

Profesor del área de Administración, Universidad ESAN. PhD en Estudios Internacionales, Graduate School of Asia Pacific Studies, Universidad de Waseda (Japón). MBA ESAN (Perú), Maestría en Economía y Regulación de los Servicios Públicos, Universidad de Barcelona (España) y estudios de Maestría en Derecho Empresarial, Universidad de Lima (Perú). Es abogado además de esta última casa de estudios. Sus artículos han aparecido en revistas como Business, Anda News, Links Japan Perú, Diario El Comercio, Diario Gestión, entre otros.

"Como en las ficciones turcas, dicen que en las coreanas también funcionan escalas de valores tradicionales que parecen haber atraído al público argentino" (Roberto Maurer, Diario El Litoral.com)

Son las nueve de las noche y estoy cómodamente sentado cenando y esperando con mi esposa el inicio de un nuevo capítulo de la novela turca que se ha convertido en un boom televisivo en mi país. Yo mismo me mostraba un poco reticente a ver la novela al inicio, pero acompañando a mi esposa a la hora de la cena fui enganchándome y poco a poco me convertí en uno de sus miles de asiduos televidentes en todo Latinoamérica. ¿En qué radica el éxito de estos culebrones de países que parecían hace pocos años tan exóticos para nuestra realidad?

La programación en los últimos años de novelas coreanas y recientemente de novelas turcas ha generado un nuevo fenómeno de telenovela en nuestras pantallas. Si hace unas cuantas décadas las novelas mexicanas y venezolanas inundaban nuestras noches, después las telenovelas argentinas, brasileras y hasta colombianas empezaron a apoderarse de las pantallas. También algunas producciones chilenas y peruanas tuvieron relativo éxito. Pero después de todo eran novelas de países de la región que reflejaban valores similares y en algunos casos conservadores, como en las novelas mexicanas. Tal vez la trama y liberalidad de algunas producciones brasileras eran lo más atrevido, pero muy bien aceptado por nuestros telespectadores. A finales de los 80 una novela mexicana, pero que narraba una historia de amor japonesa, llamada "El pecado de Oyuki", se convirtió en un éxito internacional, siendo una de las precursoras de novelas sobre realidades internacionales en Latinoamérica.

¿Quién se podía imaginar en esa época que una novela coreana, turca o incluso griega se convertiría en las preferidas de la programación televisiva? Es cierto que los gustos pueden variar en las personas a veces muy rápido, pero los valores culturales varían a un ritmo mucho menor y elementos de una sociedad conservadora se mantienen aún vigentes en el correr de los años. Los espectadores de nuestros países, en el análisis de algunos especialistas de la industria de la televisión, se han identificado con estos valores conservadores que transmiten estos países a través de sus novelas y con una trama muy bien diseñada que literalmente te atrapa. Roberto Maurer relaciona al éxito de estas novelas en el público argentino justamente porque reflejan valores tradicionales, pero este mismo análisis puede ser válido para todos los países de la región latinoamericana.

Son espectadoras las que garantizan un alto rating en niveles de sintonía, sin embargo, al mismo tiempo no están muy de acuerdo con muchos de los valores transmitidos por estas novelas. Porque estas sociedades, vistas a través de los ojos de un telespectador latinoamericano, pueden ser catalogadas de sexistas y machistas. Escenas como una violación grupal o donde una mujer es golpeada por su pareja e incluso por sus familiares pueden herir susceptibilidades entre nuestras mujeres. Pero no sólo en ellas, si no también en los hombres que consideran que en estos tiempos el rol de la mujer debe ser visto de una manera diferente. En países como los nuestros, donde el machismo ha sido una característica que se desea combatir, aún subsisten valores conservadores que no podemos esconder.

Hay una reflexión que como sociedad debemos hacer al vernos frente al espejo de realidades que se supone deberían ser diferentes a las nuestras, pero que en el fondo son similares porque aún no hemos desterrado de nuestro inconsciente colectivo esos valores machistas. Se trata de combatir la violencia hacia la mujer en todas sus formas y en ser consciente del largo camino que aún debemos recorrer para garantizar el derecho a la igualdad de género en nuestros países.

Seguramente estas historias de amor turcas trágicas y con sus propios valores culturales seguirán teniendo éxito en nuestros países, por sus similitudes y valores machistas que aún compartimos como sociedades, a pesar de encontrarnos geográficamente muy alejados. La televisión se ha convertido en un medio al servicio de la globalización que nos permite hoy en día disfrutar de producciones televisivas de los rincones más alejados del planeta, pero es bueno recordar que todo producto humano representa los valores fundamentales de esa sociedad y del contexto histórico en el cual fue creado.

Son las diez de la noche y por hoy basta de novelas. Apago el televisor y me voy a descansar, pero no sin antes comentar con mi esposa lo emocionante que ha estado el capítulo de hoy y el desenlace que se avecina. Estoy seguro que muchos niños que nacerán en estos años en nuestros países serán llamados Fatmagul, Mustafá, Behlül, Selim, Nihal u Onur.

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