Cuando hablamos de Morena en realidad estamos hablando de López Obrador. El partido es un simple vehículo del líder. Si mañana desapareciera AMLO de la escena política, Morena se desmoronaría. La pregunta es, entonces, qué está en juego para el tabasqueño el próximo domingo en los comicios del Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz.

La prioridad para AMLO es, sin duda, el Edomex. Como bien dice Héctor Aguilar Camín, esa elección le creció a López Obrador. Al principio de la contienda, nadie se imaginó, ni siquiera ellos, que su candidata, Delfina Gómez, podía ganar la gubernatura. Un tercer lugar, con una buena votación, hubiera sido buena noticia para Morena. Un segundo lugar, excelente. ¿El primero? Como sacarse el premio mayor de la lotería.

Pero hay algo en López Obrador que es para el análisis, pero en el diván. Cuando se le alinean las estrellas, cuando en el horizonte se vislumbra una victoria en las urnas, el tabasqueño comienza a autodestruirse.

Pues eso es lo que puede suceder el domingo. Gómez, según todas las encuestas, puede alzarse con la victoria, lo cual sería algo maravilloso para López Obrador: enviaría el mensaje que está a tiro de piedra de ganar la elección presidencial, amén de gobernar el estado más poblado de la República con un presupuesto anual de 260 mil millones de pesos.

Pero hay algo en López Obrador que es para el análisis, pero en el diván. Cuando se le alinean las estrellas, cuando en el horizonte se vislumbra una victoria en las urnas, el tabasqueño comienza a autodestruirse. Muchos, por eso, creemos que el peor enemigo de López Obrador es López Obrador. Un caso para el mismísimo doctor Freud. Como atinadamente apuntó Salvador Camarena el otro día, la debilidad de AMLO es que “el aroma de la proximidad del triunfo le intoxica”. Lo envenena y comienza a cometer errores.

Error número uno: la alianza pública con la maestra Elba Esther Gordillo. No es posible que un candidato con un discurso antisistémico se alíe con una de las peores fuerzas del establishment político. Se arriesga, como ha sucedido, a que comiencen a preguntarle por qué de la decisión. Y como AMLO no tiene una respuesta, comete el error número dos: pelearse con periodistas respetados. Pepe Cárdenas y Carmen Aristegui le hacen preguntas incómodas y Andrés Manuel exhibe su peor cara: la autoritaria, intolerante, polarizadora y maniquea. Esa faceta que hace a muchos electores dudar de él.

Error número tres: insultar y desdeñar a sus aliados políticos naturales. Me refiero, sobre todo, al PRD. En lugar de negociar una alianza amplia de izquierda, les exige a los perredistas que renuncien a su fuerza y que su candidato, Juan Zepeda, decline a favor de Delfina sin ofrecer nada a cambio. La propuesta es una de sumisión. Desde luego que el PRD no puede aceptar esto porque no son un partiducho como el del Trabajo. ¿Cómo es posible que AMLO haya negociado con Elba Esther, pero se rehúse a hacerlo con el PRD? ¿No entendió la lección de 2006 con el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina? ¿Arrogancia o deseo reprimido de perder?

Último error: permitir que gente cercana a él (AckermanPolevnsky y Díaz Polanco) anden defendiendo lo indefendible, es decir, al régimen autoritario, represor y fracasado de Nicolás Maduro en Venezuela. Estas posturas, por demás legítimas en la pluralidad de una democracia liberal como la mexicana, sólo sirven para alimentar la propaganda negativa en contra de Morena como un partido que quiere implantar un régimen similar al venezolano en México.

Con todo y esto, a Morena le va a ir muy bien el domingo en el Estado de México. Si pierde, será por muy poco, lo cual pondrá en un dilema a AMLO: ¿hasta dónde llevar la protesta por la derrota? Si hace algo similar a lo que hizo después de la elección presidencial en 2006 -plantones y la proclamación de una “gobernadora legítima”-, eso le recordará al electorado independiente el López Obrador radicalizado que disgusta. Si no la hace mucho de tos, puede desilusionar a sus votantes más leales. No será fácil, en este sentido, la modulación de la protesta.

Yo creo, sin embargo, que Delfina sí ganará la elección. Será una estupenda noticia para López Obrador. Pero este evento también fomentará la posible formación de una amplia alianza antilopezobradorista para el 2018. Y previsiblemente, por todos los frentes, se van a ir con todo en contra del candidato de Morena. Van a tratar de pararlo en el año que queda. “Haiga sido como haiga sido”, por citar al clásico que le ganó en 2006. Y posiblemente tendrán un gran aliado en esta tarea: el propio López Obrador, si no resuelve su problema de autodestrucción en el diván.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excelsior.com.mx.