Análisis & Opinión

Igualdad de género en el Sur ascendente

Susana Martínez Restrepo

Susana Martínez Restrepo es investigadora asociada en áreas de Pobreza, Objetivos de Desarrollo del Milenio y Desarrollo Humano de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del PNUD, con sede en la ciudad de Nueva York. Anteriormente se encuentra terminando su tesis de doctorado titulada “La Economía de la Asignación del Tiempo en Adolescentes: Evidencia del Impacto del Proyecto Agente Joven en Brasil”, en el programa de Economía de la Educación, en la Universidad de Columbia en Nueva York. Durante sus estudios de doctorado trabajó en varios proyectos de investigación en NCREST, (National Center for Restructuring Education, Schools and Teaching), Harlem Children Zone, The Earth Institute. También trabajó como investigadora asociada para el Centro de Gobernabilidad y Liderazgo (Centre for Governane and Leadership), de la oficina del Primer Ministro de Singapur. Es PhD de la Columbia University y tiene una Maestría en Política Comparada de Sciences-Po Paris (Institut d’Etudes Politiques de Paris) y un pregrado en Ciencia Política y Estudios Latino Americanos de Sciences-Po Paris. Sus intereses de investigación incluyen: políticas educativas y de empleo para jóvenes y mujeres en situación vulnerable y comportamientos de riesgo en adolescentes.

  • Jue, 03/21/2013 - 11:05

El Informe sobre Desarrollo Humano 2013 lanzado la semana pasada, muestra grandes avances pero también viejos y nuevos retos para los países del Sur. El informe señala, por ejemplo, que si bien asistimos a un “ascenso del Sur”, al ajustarse por desigualdad de ingreso, el Índice de Desarrollo Humano de América Latina disminuye 25,7%. Por otro lado, el Informe destaca los avances experimentados por la región en su Índice de Desarrollo Humano al ajustarse éste por desigualdad de género (Índice de Desigualdad de Género). En efecto, en una perspectiva mundial, América Latina es la segunda región con mejor equidad de género después de Europa. Sin embargo, y frente al sinnúmero de noticias sobre el incremento de la violencia domestica y los femicidios, yo me pregunto: ¿de qué igualdad de género estamos hablando?

El Índice de Desigualdad de Género se mide teniendo en cuenta la tasa de mortalidad materna, la tasa de fecundidad adolescente, los escaños ocupados por hombres y mujeres en el parlamento, la población de ambos sexos con al menos educación secundaria completa y la tasa de participación de hombres y mujeres en la fuerza laboral. Aunque estas variables son cruciales para medir la desigualdad de género, podría generarse la ilusión de igualdad ahí donde no la hay. Esto debido a la no incorporación en los cálculos de algunos aspectos cruciales para la igualdad de género (como la violencia doméstica o los femicidios).

El Gráfico 1 muestra las pérdidas o ganancias en el Índice de Desarrollo Humano al ajustarse por desigualdad de género: Chile, Venezuela, México y Panamá pierden escaños, Colombia, Perú y Ecuador ganan. Costa Rica y Brasil se mantienen en la misma posición.

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Entonces, ¿de qué igualdad de género estamos hablando?

Se esperaría que los avances que hemos experimentado en el Índice de Desarrollo Humano medido a partir de indicadores de educación, salud e ingresos se reflejaran en una reducción en los índices de violencia contra la mujer (y de violencia en general). Paradójicamente, este no es el caso en América Latina.

En América Latina vivimos varias paradojas con respecto a la equidad de genero. La primera paradoja está en la educación y mercado de trabajo: por un lado, gracias a políticas públicas focalizadas y a la expansión de la educación, hoy las mujeres tienen en promedio más años de educación que los hombres y una mayor participación en el mercado de trabajo que hace unas décadas. Por otro lado, las desigualdades en el acceso al mercado laboral y las brechas de salario se mantienen altas.

La segunda paradoja radica en el hecho que somos las mujeres quienes hemos experimentado el mayor crecimiento en nuestra esperanza de vida. Sin embargo, asistimos en la actualidad a un aumento de los niveles de violencia doméstica contra las mujeres y de las tasas de femicidios. Estimaciones indican que en Bolivia 24% de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia por parte de su pareja durante los últimos doce meses. Esta cifra asciende a 20% en Colombia, 14% en Perú y 10% en Ecuador. El número de muertes violentas de mujeres se ha disparado durante los últimos años. Comparado con otras regiones, América Latina tiene la tasa de femicidios más alta del mundo. De los 25 países con tasas muy altas o altas de femicidios, 14 están en nuestro continente tales como Jamaica, Bahamas, El Salvador, Guatemala, Colombia y Bolivia entre otros. Lo interesante es que al mismo tiempo, algunos de estos países figuran con niveles de equidad de género altos.

Se esperaría que los avances que hemos experimentado en el Índice de Desarrollo Humano medido a partir de indicadores de educación, salud e ingresos se reflejaran en una reducción en los índices de violencia contra la mujer (y de violencia en general). Paradójicamente, este no es el caso en América Latina. Aunque parte de la labor está en la erradicación de la pobreza extrema y en seguir mejorando la educación, se necesitan además cambios culturales: cambios en una cultura machista que otorga impunidad a la violencia y el maltrato contra las mujeres.

*Esta columna fue publicada originalmente en la revista Humanum del PNUD.

Susana Martínez Restrepo

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