La tecnología ha tenido ingentes progresos durante el último cuarto de siglo, innovaciones tecnológicas que han impactado la calidad de vida de millones de personas, un blindaje que ya ocasiona que en Chile se comience a estudiar con necesidad creciente a la llamada “cuarta edad”, aquella porción que superó los 80 años de edad.

La expectativa de vida al nacer era de solo 46,9 años a nivel mundial en el periodo 1950-55, pero 40 años después, el salto es tremendo: en el quinquenio 2010-2015 la cifra se elevó a 70 años, un número que se queda corto en el caso de Chile, donde la expectativa de vida al nacer pasó de 54,8 años a 79,8 años.

Para el año 2020 Chile posee la esperanza de vida más alta del mundo, con un promedio de 77,4 años para los hombres y 82,2 para las mujeres, por lo que el organismo exige hoy urgentes políticas públicas para asegurar una vejez digna

Tradicionalmente se consideró como personas de “tercera edad” a aquellas de 60 años de edad o más. Sin embargo, la mejoría de los indicadores de desarrollo humano a nivel país ha llevado a extender lo que se conocía como zona de finalización de la vida. Es así como en Chile el porcentaje de personas de 80 años o más pasó de 0,5% en 1950, a 2,2% en 2015. Y las proyecciones demográficas apuntan a que esta cifra se elevará a 6,9% hacia 2050 (figura 1), porcentaje que equivale a cerca de 1.400.000 personas (figura 2).

Medidas

Interesados en esta nueva porción de ciudadanos, el Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Clapes UC) decidió realizar un primer informe sobre la “cuarta edad”, estudio que apunta a mejorar las condiciones de retiro ocupacional de las personas mayores de 80 años de edad, un tema nada menor, ya que el 37% de estos ancianos mantiene una dependencia severa con un familiar.

Juan Bravo, asesor macroeconómico senior de Clapes UC, considera que es necesario “fomentar la creación de un seguro voluntario e individual para enfrentar la contingencia de dependencia severa”. Además, la reformulación de los programas existentes de atención domiciliaria, creando una alianza público-privada para este tipo de cuidados.

Otra propuesta pensada por Clapes UC es la de “crear un subsidio para personas que viven con adultos mayores con dependencia severa. Todos quienes acrediten tener en su hogar a una persona con dicha condición, recibirían un subsidio de $552.000 al año (cerca de US$824), junto con la declaración anual de impuestos”, explicó el académico.

Seguro mutualista

Salvador Valdés, coordinador microeconómico del centro de estudios, remarcó que “nuestro grupo piensa que tener medidas igualitarias para las personas mayores no es una buena solución porque sus necesidades son muy diferentes”. Asimismo, aseguró que “los pensionados de retiro programado que llegan a la cuarta edad han sufrido disminuciones fuertes de su pensión, y por ello tienen necesidades mucho más agudas que deberían tener prioridad. Esto es un consenso transversal; no sé por qué se ignora”. Y agregó que incluso considera necesario revisar la posibilidad de crear un seguro mutualista que reemplace a los seguros de las actuales compañías.

Por otro lado, Guillermo Larraín, ex superintendente de Pensiones y profesor de Economía de la Universidad de Chile, sobre el mismo tópico afirmó: “Me sumo al sentido de urgencia para solucionar la disminución de las pensiones de retiro programado en sus recálculos. Por otro lado, propongo reconocer que hay un esfuerzo global sistemático en medicina e ingeniería, enfocado a prolongar la vida. En la actualidad esto es percibido por las compañías de seguro solamente como un costo, que tratan con “conservadurismo” y menores pensiones. Ellas no toman en cuenta que esas vidas más largas permiten más actividad económica y más ingreso fiscal”, resaltó.

En el informe se plantea que entre los que acceden a una pensión por la vía de un retiro programado, pero no acceden a un seguro de longevidad, se les podría sumar “un nuevo mandato a los 65 años, que obligue a destinar una parte del saldo de la cuenta individual a adquirir un seguro de longevidad que inicie pagos cuando cumpla 80-82 años. Por otro lado, sugiere evitar que “este seguro para la cuarta edad sea una renta vitalicia fija, con el fin de reducir los riesgos para los pensionados del futuro por una escasez de capital accionario en la industria aseguradora nacional”.

Entre otras propuestas, el documento señala que para quienes ya han sufrido una disminución en su pensión de retiro programado de más de 30% de la pensión inicial, se cree un suplemento vitalicio que lleve la pensión total hasta 70% de la pensión inicial.

María Teresa Abusleme, asesora del Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud y ex encargada de la Unidad de Estudios de Senama (Servicio Nacional del Adulto Mayor), matizó las propuestas de Clapes UC, y afirmó que sobre el fomento a un seguro voluntario, estudios anteriores encontraron que en Chile muchos creen que no necesitan ese seguro. Sobre una alianza público-privada para mejorar el cuidado al dependiente severo, subrayó la importancia de la capacitación de dicha función. Y respecto a un subsidio a los hogares que cuidan a personas en la cuarta edad con dependencia severa, propuso evaluar antes los resultados del Programa de Atención a la Dependencia.

Chile país viejo

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), para el año 2020 Chile posee la esperanza de vida más alta del mundo, con un promedio de 77,4 años para los hombres y 82,2 para las mujeres, por lo que el organismo exige hoy urgentes políticas públicas para asegurar una vejez digna.

Importante es destacar el informe “Enfoque demográfico de género”, que proyecta que en cinco años más en Chile el 17,3% del total de la población será adulto mayor, es decir, 3,3 millones de personas. “La salud ha ido mejorando y la expectativa de vida ha ido creciendo, y ahora incluso hablamos de la cuarta edad”, finalizó el experto en psicología social aplicada de la Universidad Autónoma (UA) de Chile, Víctor Cabrera.