La economía chilena no solo se ha debilitado a mediados del año, sino que incluso ha generado una distorsión de demanda interna. Dado que el exceso de demanda se debe al avance del consumo y no a la inversión, dicha distorsión es el resultado directo de la prolongación de las políticas expansivas en marcha. "Esto da evidencia que la expansión fiscal y monetaria ha causado más costos que beneficios, por lo que dichas políticas deben regresar a la neutralidad", dijo Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics.

La economía se ha desacelerado en los dos últimos periodos y ha avanzado a tasas mucho menores al potencial en la primera mitad del presente ejercicio. "El pobre desempeño económico ha ocasionado que la brecha del producto se haya hecho negativa durante la primera mitad del año. Esto indica que la producción nacional se mantiene por abajo del nivel de producción de pleno empleo de recursos. Es decir, la economía funciona con cierta capacidad ociosa, lo cual la mantendría sin desequilibrios", afirmó el experto.

Si embargo, la inflación estructural ha permanecido por encima del límite superior de 4% en los dos últimos años, y el desequilibrio externo real—medido por el volumen de exportaciones menos importaciones—ha mostrado una brecha negativa en el mismo periodo. Alta inflación y persistente desequilibrio externo son síntomas evidentes de una economía con exceso de demanda.

La aparente inconsistencia entre una economía funcionando con exceso de capacidad al mismo tiempo que enfrenta exceso demanda tiene explicación en la pérdida de competitividad productiva causada por políticas desalineadas que generan desincentivos e ineficiencias. Por ejemplo, la prolongación de bajas tasas de interés con exceso de liquidez y tipo de cambio desalineado provocan un cambio en las preferencias del consumidor favoreciendo bienes importados y desplazando bienes nacionales.

Estímulos. Así, los estímulos prolongados a la demanda interna producidos por persistentes políticas expansivas tienden a acomodarse en inflacion e importaciones más que en producción interna. Esto produce un circuloso vicioso en donde los estímulos de política aumentan la demanda de bienes importados y esto, a su vez, restringe el avance de la producción doméstica por efecto de una mayor penetración de importaciones. Por lo tanto, la producción real tiende a ser menor que el nivel del producto potencial, aún en presencia de exceso de demanda.

Según el economista, "los datos duros de la economía chilena confirman esta situación. Por ejemplo, la brecha del producto se hizo más negativa en el segundo trimestre al pasar a -1% del PIB desde -0.1% en el primer trimestre, mientras que el exceso demanda resurgió a 1% del PIB desde un exceso de oferta de 0.8% en el mismo periodo", agregando que "el crecimiento potencial se ajustó ligeramente a la baja para llegar a 2,7% en el segundo trimestre desde un 2,9% en 2015. Esto se explica por un estancamiento de la inversión productiva, que se mantuvo sin cambio en 23,7% del PIB en la primera mitad del año. Por el contrario, el consumo total aumentó a 77,5% del PIB en el primer semestre desde un 76,9% en el mismo lapso del 2015. La inflación estructural se mantuvo por encima del límite superior por séptimo trimestre consecutivo, al promediar 4.4% en el segundo trimestre".

De esta manera, el pobre crecimiento económico chileno no es reflejo de una insuficiente demanda interna sino de ineficiencias acumuladas en la producción y que se expresan en pérdida de competitividad productiva. "Ciertamente, la economía chilena continúa siendo víctima de una anemia de inversión, lo cual explica la reducción de su capacidad productiva, pero aún así la economía crece menos que su capacidad potencial", concluyó Coutiño.