-Acaban de relanzar la marca Rey, anunció que ya no estará tan metido en el negocio y cederála batuta a sus hijos.

-La empresa tiene 70 años y ha evolucionado. No solo hacemos cierres como al inicio. Hoy abastecemos todo lo que la indumentaria, el calzado o la ropa interior requieren y producimos elásticos y etiquetas, entre otros. Ahora estamos viendo cómo ingresar en la producción de hilos, pero los chinos están muy presentes y no hay mucho espacio. La idea es seguir avanzando en tener una empresa que esté presente “desde la chacra hasta el plato”. Este es un modelo coreano, en el cual ellos han tenido mucho éxito y nosotros también, porque tenemos el control de la calidad de cada una de las etapas de la producción y por lo tanto podemos garantizar la calidad final del producto. Lamentablemente en el Perú no encontramos el clúster que se genera en otros países, que permite que uno haga el alambre, otro el estampado, y así cada parte.

-Usted tiene varias décadas de experiencia en la industria peruana. ¿Cuáles han sido los tiempos más difíciles?

-Los años 2015 y 2016. Por desgracia, el Perú ha ido perdiendo competitividad. Felizmente nosotros salimos a exportar muchos años antes. Como Rey, somos más competitivos en los países de la región, siguiendo la teoría del economista Ricardo Hausmann, que señala que la forma más fácil de expandirte y diversificar tus riesgos vía exportaciones es hacerlo con aquellos países que tengan algo en común, es decir, el idioma o costumbres. Por eso fuimos a Colombia y Brasil. Ir a estos países fue toda una nueva experiencia, a pesar de los malos momentos que habíamos tenido en Argentina cuando los Kirchner estaban en el poder.

-¿Qué les pasó en Argentina?

-Fue una cosa de locos. Nos acusaron de hacer dumping, cuando los que hacían eso eran los chinos, que vendían a la mitad de precio. Por más abogados que pusimos, no pudimos pasar, pero dejaron libres ciertas áreas y mantuvimos una operación. Con Macri las cosas mejoraron, así que estamos incrementando las operaciones en ese país.

-Ha delegado el manejo de la empresa a sus hijos, pero sigue como presidente de directorio. ¿Se resiste a irse?

-(Risas). La segunda generación está manejando la empresa, poco a poco. La mayor cantidad de veces, trato de buscar un motivo para no ir y dejarlos solos. Pero a veces más vale la experiencia, porque ya sabes qué pasó cuando hiciste algo de cierta forma. Hoy exportamos más de lo que vendemos localmente, dado que la situación económica del Perú es complicada.

-¿A qué países exportan?

-Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, Honduras, República Dominicana y México, que es un país que, a pesar de las facilidades que da la Alianza del Pacífico (AP), es complicado. Antes llegamos a Venezuela, pero ya no, pues es difícil cobrar.

-Regresemos al Perú. Usted asegura que la industria pasa su peor momento.

-Va en camino a desaparecer. Si no se hace algo al respecto, seguiremos siendo poco competitivos y las empresas morirán. Por ejemplo, hoy nuestro principal problema en Rey es que muchas empresas van desapareciendo. Eso nos obliga cuidar mucho a quién le vendemos.

-¿No cree que exagera?

-No. Hace unos días, entrevistando a unos candidatos para que trabajen en Corporación Rey, nos enteramos de que Procter & Gamble producirá más en Colombia y menos en el Perú. Nuestro país se convierte más en comerciante que productor. Además, hoy en Chile se habla de la reindustrialización, dado que se han dado cuenta que metieron la pata al no incentivar la industria en su país. En el Perú, vamos en contra de la corriente. Tenemos una institución como el  Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual( Indecopi) manejada por personas que creen que si hay una situación de comercio desleal, no importa. El Perú está perdiendo los antidumpings, mientras que en todas partes del mundo (estos) van para arriba, con el fin de proteger su industria.

Lo peor es la actitud del ministro de Comercio Exterior, Eduardo Ferreyros, que señala que no debería existir el dumping. Eso preocupa. El presidente de Indecopi, Ivo Gagliuffi, dice que el dumping no es la forma de operar. Eso es trastocar la realidad del mundo del intercambio comercial, pues (es una herramienta) que la Organización Mundial de Comercio (OMC) permite. Ese tipo de cosas complican y revelan que el Consejo Nacional de la Competitividad está pintado en la pared. No hay un interés por parte del gobierno. En una reunión que tuvimos con Pedro Pablo Kuczynski, antes de ser presidente, dijo que era la gran oportunidad para que el Perú se recupere. Pero sus deseos no se manifiestan en hechos concretos con sus ministros o con las personas sentadas en las entidades importantes.

-Usted ha dirigido el Consejo Empresarial de la AP del lado peruano. Se avanza, pero pareciera que no se logra homologar como se quisiera. ¿Qué falta para que se consolide?

-Es una alianza interesante que capturó la atención mundial, pero no logra cuajar del todo. Creo que allí hay un problema de actitud de los gobiernos, pero también los empresarios tienen mucho trabajo por hacer, porque su participación es importante. Yo he estado allí y debo reconocer que se avanzó mucho, pero los empresarios deben ponerse de acuerdo y llegar a puntos comunes. Un empresario chileno decía “no nos ponemos de acuerdo”, “no trabajamos conjuntamente”, y eso es verdad. La AP tiene una gran ventaja con el establecimiento de las reglas de juego de origen, que es común. Es decir, si Chile produce algo y yo lo integro a mi producción, es producto peruano. El régimen comunitario permitirá la creación de clúster, que es justamente de lo que el Perú adolece. Esto no se aprovecha.

-Mi sensación es que, fuera de algunas cosas puntuales como la que menciona, es poco lo que realmente se ha avanzado.

-Lo que pasa es que dentro del contexto no somos consecuentes. La concepción general de comunidad en aspectos básicos no son bien hechas por los gobiernos. Por ejemplo, el gobierno de Ollanta Humala le puso impuestos a las ganancias a la bolsa peruana y paralizó la bolsa común de los cuatro países (Mercado Integrado Latinoamericano). La bolsa de Lima se volvió un paria, porque el dinero huye. A ello súmale las pequeñas trabas a las empresas.

-¿Por ejemplo?

-No es que esté mal que se contraten discapacitados para que trabajen. Lo que está mal es que coloquen una cuota de 3% y que no haya ese porcentaje de personas capacitadas afines a determinada actividad. Otro ejemplo, ahora están discutiendo que los hombres deben salir por paternidad. Una buena idea, pero ¿quién paga ese tiempo? El gobierno no lo hace, pero sí genera una carga laboral en la cual por cada sol que se destina para generar un empleo formal se debe colocar casi otro sol para estos pagos. Son dos ejemplos de varios que han construido una carga laboral que afecta nuestra competitividad cuando queremos exportar.

-¿Y los gobiernos de Colombia, Chile o México sí están trabajando en pro de la AP o también complican el panorama?

-Cada país tiene sus prioridades. No se ve claramente que se quieran corregir internamente los problemas para ser un bloque. Por ejemplo, el ingreso de Trump en el contexto mexicano hace revaluar prioridades internas. Esas preocupaciones individuales y la falta de un líder que lleve el tema a buen puerto generan problemas.

-¿Kuczynski puede serlo?

-PPK pudo ser el líder del Pacífico. Esperaba que promoviera la AP. Es respetado y reconocido por la comunidad internacional. No es un desconocido que deba entender la importancia de la AP, la sabe. No es un hombre nuevo que sale de ser comandante y se convierte en presidente.

-Muchos han manifestado su desilusión. Pensaron que el gobierno de PPK iba a ser espectacular de principio a fin.

-Ha tenido también mala suerte.

-Se refiere al terremoto de Odebrecht.

-Sí. Y el terremoto de Odebrecht es mucho más extendido de lo que pensábamos. Acaba de saltar también en Cusco. Está en todos lados. En Brasil, estas constructoras se habían convertido en una especie de imperio que dominaban lo que querían. Ninguna empresa peruana sola podía alcanzar los fondos y espaldas financieras para lograr hacer lo que ellas obtenían. No había chance, dado que hasta cambiaban las reglas de juego en las licitaciones.

-La imagen del empresariado se ha devaluado tras el caso Lava Jato y un gran sector de la población generaliza...

-La mayoría de empresarios no somos corruptos. Lo que pasa es que la corrupción viene prediseñada. Si pones trabas para hacer algo, abres la puerta a la corrupción. Si ves las condiciones del Organismo Supervisor de las Contrataciones del Estado (OSCE) para ingresar a las licitaciones, te das cuenta de que están buscando enrarecer la situación. ¿Por qué no hacer las cosas sencillas y claras? No hay municipio que no tenga una acusación de corrupción.

Tienen que cortar las trabas. Estas se generan con cada requisito adicional. Vuelvo al tema de las personas con discapacidad. Socialmente es correcto pero el porcentaje no se ajusta a la realidad. En Rey contratamos el 3% con trabajadores sordomudos, dado que tienen mayor capacidad de desplazarse con seguridad en la fábrica. La rotación de sus puestos es bien alta y es difícil hallar personas que ocupen estas plazas. Otro ejemplo: la norma de seguridad y salud en el trabajo. Los empleadores pagamos un porcentaje de EsSalud, pero, además, debemos tener un médico en la fábrica. No entiendo sobre todo cuando me entero de que no hay la cantidad necesaria de médicos especializados en salud ocupacional. ¿Cuál es el resultado de todo esto? Que aparezcan empresas especializadas en el tema. Eso es una traba. No hay doctores especializados, EsSalud no cubre. ¿Para qué se legisla? ¿Para crear un mercado para ciertas empresas? No entiendo, esto solo genera una protección negativa y afecta a la competitividad del país.

-El gobierno parece hoy estar más concentrado en el tema político.

-Es cierto. El problema radica en que, tras la última elección, hay un partido con 72 congresistas que no llegó al Ejecutivo y eso les duele en el alma. Hay una predisposición, como dijo el premier Fernando Zavala, más de obstrucción que de construcción. Pero deben aprender a lidiar con esto. No hay una bisagra política que permita que el país camine.

-Definitivamente la pelea entre Ejecutivo y Legislativo no beneficia a nadie.

-Así es. Peor si a ello le sumas la sensación de inseguridad en el sector público. Si el contralor Édgar Alarcón les mete una denuncia penal a diez funcionarios por haber firmado la adenda de Chincheros, dime ¿quién va a firmar un papelito cualquiera? Esto generará más corrupción, porque ahora no será fácil que se firme ningún documento, por más técnico que sea.

-Algunos empresarios afirman que las coimas están institucionalizadas. Las consideran un costo en sus proyectos para ganar una licitación.

-No sabría decirte. Como Rey, te puedo afirmar que hemos entrado en licitaciones y estamos ganando sin pagar un centavo. Las personas que hacen licitaciones en la empresa tienen orden de no dar ni un caramelo. Eso nace de la cultura empresarial de cada uno, viene de casa. Si perdiste la licitación, la perdimos. Pero ganamos muchas veces y eso demuestra que hay funcionarios que no son corruptos y empresarios que no entran en el juego. Prefiero perder a pagar una coima, y si alguien me la pide, lo denuncio.

-Volvamos al tema de la industria en el país. Dice que la están matando.

-¡No la están matando, está muriendo! Y mientras, andamos entretenidos en otras cosas. Una empresa textil que apareció hace dos años, de un momento a otro dejó de pagar sus facturas, luego se declara en quiebra y desaparece. Eso no puede seguir pasando en un país donde debemos desaparecer la informalidad y la única forma de hacerlo es generando puestos de trabajo formales. ¿Y dónde se generan estos puestos de trabajo? En la industria. El 14% de la PEA es industrial. La importancia de la industria en el PIB bajó de 16% a 13% en los últimos años.

No solo estamos perdiendo competitividad, sino la oportunidad de luchar contra la informalidad. Combatir la pobreza es importantísimo, pero combatir la informalidad lo es más porque genera desempleo y pobreza. Además, detrás de la informalidad se acuesta la inseguridad ciudadana.

-Usted ha visto muchos presidentes y gobiernos realmente desastrosos como el de Alan García de 1985. Vuelvo a preguntar: ¿Esta es la peor época de la industria peruana?

-Sí. La mejor época fue a principios del gobierno de Juan Velasco Alvarado. Cerró todas las fronteras, y se hicieron todas las cosas al interior del Perú. Lamentablemente nos fuimos al otro extremo y hasta aparecieron las fábricas fantasmas. Después cuando se sinceró esta situación y nos quedamos a la mitad del cambio. Fernando Belaunde, en su segundo gobierno, se dedicó a reconstruir el país por El Niño y la industria no cambio como debía ser. Llegó Alan García, con su primer gobierno y lo que es conocido por todos. Allí también se dio una gran corrupción, por ejemplo, con los dólares MUC. Llegó luego Alberto Fujimori. En su primer gobierno se hicieron los cambios estructurales que se requerían. La industria competitiva sobrevivió. Simplificaron el Estado, lo hicieron más profesional. Los otros gobiernos no siguieron en ese rumbo, y fue una lástima para el país. Lo que estamos viviendo es el momento de las oportunidades perdidas y por eso es la peor época para la industria peruana. Estamos viviendo un decaimiento, luego de haber levantado grandemente la industria nacional y lograr exportar, por ejemplo, US$ 2.000 millones en confecciones.

-La industria de confecciones peruana tuvo un gran momento.

-Y fue resultado del Estudio Monitor, que realizó Harvard, que determinó que los sectores que podrían hacer al Perú competitivo a nivel mundial son la agroindustria, confecciones y el turismo local. De estas tres, agroindustria tiene las condiciones del entorno más apropiadas para el desarrollo. Hicieron buenas leyes, pero mejor no hay que mencionarlas mucho, sino a alguien se le puede ocurrir complicarles la vida. ¡Que nadie se dé cuenta! Tiene las condiciones laborales e impositivas adecuadas. Se desarrollan bien y genera más de US$ 2.500 millones. En el caso de confecciones fue similar. Se decía que estaba mal, que teníamos la mano de obra y el hilo caro, pero se halló hasta el tipo de producto que era perfecto producir: t-shirts de 300 gramos con 15 minutos de confección. Así de preciso. Eso tuvo éxito. Lo que no lo tuvo fue el turismo local, pues nadie quería salir de Lima.

Este estudio costó US$ 1 millón, de los cuales los empresarios pagamos la mitad y trajo como consecuencia que a la ministra que lo encargó y aprobó los otros US$ 500 mil, la quisieron meter presa. Este estudio, ha producido en algunos momentos más US$ 5 mil millones de exportaciones anuales. El retorno a la inversión ha sido extraordinario.

-El gran momento de las confecciones, sin embargo, no duró mucho.

-Ese estudio se fue malogrando por leyes que complican el panorama. Las normas que han salido no han sido técnicas. Todos han metido su cuchara, al punto que hasta el Poder Judicial usurpa funciones del Ministerio de Trabajo. Hoy cumples con los requerimientos de la ley para contrataciones temporales, pero un trabajador acaba su contrato y va al Poder Judicial, que lo repone pese a que era un contrato temporal.

-El ex presidente Humala dijo que los empresarios se quejaban a pesar de que el Estado les ha abierto muchos mercados.

-Como país hemos firmado entre 14 o 15 TLC y de ellos no hemos aprovechado el mercado que se abría, ni sus posibilidades, pero los otros países sí han aprovechado nuestro mercado. Es una situación negativa. Abrí mi mercado con China, los chinos toman el mercado peruano, pero nosotros no podemos hacerlo y no se ha buscado la compensación. No es queja, es una realidad. Los TLC, para ser aprovechados, requieren de varias cosas más, tales como el tema impositivo. Por ejemplo, los tratados para evitar la doble tributación han debido ser firmados a la par de los TLC. Si no es así, tenemos un problema que no nos permite aprovechar el acuerdo. No hay una organización en el Perú que diga: “Este TLC se firmó, estas son las cláusulas, estas nos benefician, estas nos afectan” y que comience a ejecutar todo lo que beneficie al país y adecúe lo faltante. Más bien lo que hacemos es que los demás sí ejecuten, sí apliquen, no se compliquen. No es cosa de firmar un montón de TLC, sino de implementar bien los que ya tenemos. Firmar un TLC con la India nos va a terminar de matar a los industriales. ¿A beneficio de qué? ¿De venderles comida?

-Ellos tienen mano de obra más barata.

-Sí, y también muchos subsidios. Los chinos también tienen subsidios por todos lados. En el TLC con China se puso de condición en una adenda que antes de exportar al Perú deben tener un sistema de información sobre qué productos se está exportando. Pero no cumplen. ¿Alguien se queja? Ellos aprovechan su parte y nosotros no. ¿Qué ganamos? Exportar uvas. Nuestras uvas son excelentes y entran a cualquier parte. Claro, también hay razones geopolíticas allí.

-¿Los empresarios se sienten escuchados por el gobierno? Constantemente los gremios emiten documentos y estudios con recomendaciones, pero ¿implementan algo? ¿O al gobierno le entra lo que le dicen por un oído y le sale por el otro?

-¡Ojalá le entrara! Porque ni siquiera entra. Por ejemplo, en la CCL, se hizo un excelente análisis de tributación, por los mejores expertos del país. Hicimos un libro que se le ha entregado tres veces ya al gobierno y no han tomado nada. La complejidad del tema tributario hace que casi todo el mundo meta la pata. Cómo hacer la Sunat más simple está en el libro. ¿Lo han leído? No creo.

En general, no hay comunicación efectiva. Muy pocas propuestas de los empresarios son escuchadas, a pesar de ser abundantes. Cada ministro es un individuo que maneja las cosas como le da la gana. Por ejemplo, el ministro de Economía y Finanzas, Alfredo Thorne, hasta ahora no ha prestado ninguna atención a nada de lo que hemos propuesto.

Las prioridades están mal establecidas. El Ministerio de la Producción ha tenido más éxito en la pesca artesanal, pero ¿cuánto empleo genera eso? Claramente, tiene su límite. En industria lo único que se ha hecho es un foro. Felizmente el nuevo ministro Pedro Olaechea viene de la Sociedad Nacional de Industriasy tiene la oportunidad de hacer algo. Pero generalmente, y espero que no sea su caso, cuando llegan a ministros se olvidan de que han sido empresarios. Las vacas lecheras se olvidan de cuando fueron terneras.

El problema es que no escuchan. Son “independientes que saben cómo manejar las cosas”. Los empresarios no podemos decirle al ministro del Interior cómo debe manejar la seguridad del país; solo nos sentamos y escuchamos. Pero en las áreas como, por ejemplo, Comercio Exterior, sí deberían escuchar a los empresarios que exportan, pues finalmente el gobierno no es el que exporta. El Ministerio de la Producción también debería escucharnos, pues somos los que producimos, no ellos. Ni siquiera la parte de turismo se hace con participación empresarial.

-Finalmente, ¿Qué reformas son prioritarias desde su punto de vista para retomar el paso del crecimiento?

-Hay reformas que se necesitan hacer, pero son complicadas. Una reforma tributaria, es necesaria. Una laboral, es urgente. Y una del Estado en todo sentido, incluida la ley electoral, también urge.

*Samuel Gleiser Katz nació el 16 de octubre de 1936, en Lima. Fue el mayor de cuatro hermanos y pasó su infancia en Iquitos. Es ingeniero y estudio en el MIT (EEUU). Antes de convertirse de presidente de directorio de Corporación Rey, laboró en las transnacionales Exxon, Ford e ITT. Con amplia trayectoria gremial, ha sido presidente de la Cámara de Comercio de Lima, Confecamaras, PERUCAMARAS, Asociación Peruana de Franquicias, entre otras instituciones de renombre. Su aporte a la vida empresarial del país fue reconocida recientemente al recibir la condecoración de la Orden “El Sol del Perú” en el Grado de “Gran Cruz”, de manos del presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski.