Análisis & Opinión

Primer año de Enrique Peña Nieto: la mala economía

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann es analista político y académico mexicano. Posee una licenciatura en administración pública en El Colegio de México y una maestría en políticas públicas en la Universidad de Oxford (Inglaterra). Asimismo, cuenta con dos maestrías de la Universidad de Columbia, Nueva York, donde es candidato a doctor en ciencia política. Trabajó para la presidencia de la República en México y en la empresa consultora McKinsey and Company. Fue secretario general del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde actualmente es profesor afiliado de la División de Estudios Políticos. Su columna, Juegos de Poder, se publica de lunes a viernes en Excélsior, así como en distintos periódicos de varios estados de México. En radio, es conductor del programa Imagen Electoral que se trasmite en Grupo Imagen. En 2003, recibió el Premio Nacional de Periodismo.

  • Jue, 11/28/2013 - 09:57

Este domingo se cumple el primer año del sexenio de Enrique Peña Nieto. De acuerdo a las encuestas, no ha sido un buen año para el presidente. Sus niveles de aprobación han caído de manera considerable. Es evidente que la gente no está contenta. No debe sorprendernos porque, en los dos temas que importan más a la opinión pública, economía y seguridad, los resultados de esta administración han dejado mucho que desear.

Peña entró al poder en un ambiente económico inmejorable. Gracias a una operación eficaz en los medios de comunicación internacionales, se hablaba del “Momento Mexicano”. El flamante Presidente venía, en sus propias palabras, a transformar al país. El influyente editorialista del New York Times, Thomas L. Friedman, decía: “En India, las personas preguntan sobre China, y, en China, las personas preguntan sobre India: ¿Qué país se convertirá en la potencia económica más dominante en el siglo XXI? Hoy tengo la respuesta: México”.

Objetivamente, el primer año de Peña ha sido malo en la economía. El gobierno federal no es el único culpable de ello. Pero sí tuvo responsabilidad agudizando una desaceleración que estuvo a punto de convertirse en recesión. Hoy el optimismo de hace doce meses del “Momento Mexicano” se ha transformado en escepticismo.

Las expectativas eran altísimas. La administración entrante las alimentaba. El nuevo gobierno, así como todos los economistas independientes, pronosticaban un crecimiento de entre 3,5 y 4% para 2013. Ya en mayo era evidente que la economía estaba en franco proceso de desaceleración con la probabilidad de caer en una recesión. Como dijo un caricaturista, pasamos “del cuatro por ciento al cuanto lo siento”. Y es que este año el PIB crecerá en alrededor de uno por ciento.

Es cierto que en la desaceleración de la economía mexicana influyeron factores internacionales. Pero también es cierto que el mal año económico se explica por temas internos. Gerardo Esquivel, economista de El Colegio de México, ha comprobado tres: “1) una fuerte apreciación del tipo de cambio real; 2) el ajuste y ritmo de ejecución del gasto público y 3) la caída en el sector de la construcción”.

La culpa del primer factor la tiene el Banco de México que, en un contexto de gran liquidez internacional, se tardó en bajar las tasas de interés lo cual hizo que se fortaleciera el peso mexicano afectando las exportaciones. Ahí no hay nada que reclamarle al gobierno de Peña porque el banco central es autónomo.

No así en los otros dos factores donde sí tuvo responsabilidad. Toda administración entrante se tarda en gastar. Hay un proceso natural de cambio de mandos ejecutivos y de aprendizaje. Sin embargo, este gobierno se tardó de más. Esquivel encuentra que existió “un ejercicio del gasto público muy irregular y que afectó, en particular, a ciertas secretarías”. Comparando los montos de egresos de enero-agosto de 2013 con el mismo periodo de 2012 “el gasto de todo el sector público se contrajo en 3,9% en términos reales, el del gobierno federal en 5,2%, el de todos los ramos administrativos de la administración pública centralizada (es decir, de todas las secretarías) en 12,2% […] En conjunto, el ajuste y el ritmo de ejecución del gasto público explican un choque negativo en la demanda agregada de alrededor de un punto porcentual del PIB”.

El gobierno de Peña también contribuyó en el tercer factor, es decir, la caída de 8% de la construcción en los primeros ocho meses de este año. Primero, de acuerdo a Esquivel, por “el ajuste en los planes de desarrollo del sector de la vivienda que anunció el gobierno a principios de año y que ha colaborado de manera muy significativa a la pérdida de valor de las acciones de varias empresas del ramo”. Segundo por “la reducción tan significativa en la inversión pública en este sector”. Para el economista, esta disminución es el principal determinante que explica la caída de la construcción y que se refleja en la contracción de 7,4% que sufrió la formación bruta de capital fijo proveniente del sector público.

Objetivamente, el primer año de Peña ha sido malo en la economía. El gobierno federal no es el único culpable de ello. Pero sí tuvo responsabilidad agudizando una desaceleración que estuvo a punto de convertirse en recesión. Hoy el optimismo de hace doce meses del “Momento Mexicano” se ha transformado en escepticismo. Publicaciones internacionales que habían ensalzado al “tigre azteca” lo degradaron a “gatito”. Y es que, una cosa fue “vender” grandes expectativas, lo cual hizo muy bien el gobierno de Peña, y otra muy diferente es entregar buenos resultados.

Mañana analizaré cómo le ha ido a Peña en el otro tema que, según las encuestas, es el que más importa a los mexicanos: el de la seguridad.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excelsior.com.mx.

Leo Zuckermann

Ver más columnas del autor

Comentarios