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Arroz, banana y papaya: el mundo contra los alimentos transgénicos
Viernes, Septiembre 23, 2016 - 08:56

La comida genéticamente manipulada tiene mala fama. Activistas luchan contra tales proyectos en todo el mundo, pese a que también podrían servir para combatir la pobreza.

Los científicos que desarrollan alimentos genéticamente manipulados no son catalogados como héroes. Ni siquiera aunque aspiren a un mundo mejor. Por ejemplo, el biólogo alemán Ingo Potrycus , que tuvo que investigar en un invernadero a prueba de bombas para desarrollar un arroz que erradicase la deficiencia de vitamina A en los niños. Según la Organización Mundial de la Salud, 124 millones de menores no reciben cantidades suficientes de esta vitamina y cada año fallecen uno o dos millones por eso. Y precisamente ahí intervendría su producto Arroz Dorado.
 
En Occidente, la vitamina A se consume a través de lácteos o beta-carotina. El arroz carece de este pigmento amarillo, pero sí está presente en las hojas de la planta. Por eso Ingo Potrycus buscó la forma de producir arroz rico en beta-carotina modificando la genética de la planta y, en 1999, tras años de duro trabajo, nacieron por fin los granos de arroz amarillos ricos en vitamina A. Parecía la solución perfecta y se quiso distribuir las semillas entre países en vías de desarrollo. Sin embargo, por disputas legales de patentes y protestas de activistas, el Arroz Dorado sigue sin entrar al mercado.
 
Greenpeace alegó que el producto no estaba terminado y podría contaminar a otros tipos de arroces, afectar a campos vecinos y que, posiblemente, ni siquiera era apto para el consumo. Según la organización ecologista, era un “Caballo de Troya” para abrir la puerta y permitir la entrada de otros organismos modificados genéticamente. Greenpeace defendió que, en lugar de esa acción de promoción, se debería luchar por el acceso a los alimentos y la agricultura ecológica. Pero hasta su mismo ex director, Stephen Tindale, declaró que había cambiado de opinión sobre plantas modificadas genéticamente . Para él, el rechazo era moralmente inaceptable, ya que prima la ideología sobre el hambre de los pobres: “Creo necesario decir que las cosas han cambiado”, sentenció.
 
 
Esperanzas y traspiés
 
En Uganda, la opinión sobre plantas genéticamente modificadas está muy dividida. En este país del este de África, la banana es un alimento básico y una fuente de hidratos de carbono. Pero una enfermedad bacteriana llamada BXW (Banana Xanthomonas Wilt) infectó los campos de bananas haciéndolas incomibles en agosto de 2001. Se extendió rápidamente y, en algunas regiones, se perdió el 100% de la cosecha, provocando deficiencias alimentarias a 14 millones de personas.
 
Los científicos quisieron crear bananas resistentes e inmunes a las bacterias BXW injertando proteínas del pimiento verde, pero la ley y el miedo a los peligros de la tecnología genética lo impidieron. La oficina de Uganda de la ONG Action Aid se postuló en contra de este nuevo tipo de banana porque podría provocar cáncer y advertía a la población con anuncios de radio. Action Aid retiró después sus afirmaciones e incluso niega haberlas hecho, pero aun así, el proyecto de investigación sigue detenido y los campesinos confían que antes de 2020 se hayan superado las barreras legales para producir este tipo de banana.
 
Cuando el virus Ringspot afectó a la región frutícola de Puna, en Hawái, fue una pesadilla para los campesinos filipinos de la región. Su mercado cayó y el virus se extendió, obligando a muchos a abandonar las tierras. Los expertos comenzaron a investigar para crear un nuevo tipo de papaya y “vacunarla” contra el virus. Esta Papaya Arcoíris podría ser la salvación para muchos campesinos al límite de su existencia. Y otros científicos de Tailandia, Venezuela y otros países adoptaron quisieron adaptar la tecnología a sus mercados.
 
Sin embargo, en Venezuela no solo se protestó en contra, sino que también se destruyeron proyectos y se incineró la cosecha de prueba. “El material genético de la papaya queda clausurado en espera de mejores tiempos”, declaró Guido Núñez, del equipo de investigación. Nuñez pretende ahora hacer un documental a través de una plataforma de crowdfunding, para contar su experiencia y los problemas que sufrieron: “En Venezuela, no solo se detuvo la investigación sobre la papaya, sino todos los laboratorios de alimentos genéticamente modificados”.

Autores

Richard Connor/ Deutsche Welle