Pasar al contenido principal

ES / EN

Comercio internacional: ¿suma cero o cero comprensión?
Mié, 07/12/2016 - 09:27

Farid Kahhat

Las buenas noticias que trae el fallido atentado a Times Square
Farid Kahhat

Peruano, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin. Fue comentarista en temas internacionales de CNN en español, y actualmente es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP (Perú) y analista internacional.

Wilbur Ross es el nominado por Donald Trump para ocupar el cargo de Secretario de Comercio de los Estados Unidos. En Agosto pasado Ross declaró lo siguiente sobre los acuerdos comerciales: "El libre comercio es como un almuerzo gratis: no existe un almuerzo gratis. Alguien pierde y alguien gana. Y desafortunadamente, nosotros hemos estado perdiendo con esos estúpidos acuerdos que hicimos". 

Que los acuerdos de liberalización comercial pueden generar ganadores y perdedores es una verdad de Perogrullo. Pero no es evidente que los actores de mayor relevancia para juzgar esos efectos distributivos deban ser los países. De ser así, no se entendería por qué en los países que negociaron esos acuerdos con los Estados Unidos (sus presuntos beneficiarios, según Ross), existen quienes también los consideran contraproducentes y estúpidos. Los ganadores y perdedores suelen ser actores específicos dentro de cada país, no necesariamente el país en sí.

Y es difícil argumentar que a la economía estadounidense como conjunto le haya ido mal con los acuerdos de liberalización comercial. Por ejemplo según un reporte de la revista The Economist, en los cinco años posteriores a la firma de un acuerdo las exportaciones estadounidenses hacia el país con el que se suscribió crecen tres veces más rápido que el promedio. Y crecen por lo menos tan rápido como las importaciones provenientes de ese país (por si comparte el criterio según el cual tener déficit comercial con un país en particular es necesariamente algo negativo). Lo que es cierto en forma simultánea según ese reporte, es que los Estados Unidos perdieron puestos de trabajo de baja calificación en industrias específicas, y que entre 1999 y 2011 cuando menos la quinta parte de esos puestos se perdieron por la competencia de importaciones procedentes de China.

Ahora bien, contra lo que se suele creer, el denominado "Estado de Bienestar" (asociado a una intervención significativa del Estado en la economía), no ha sido entre los países integrantes de la OCDE un enemigo de la liberalización comercial (asociada habitualmente a una menor intervención del Estado en la economía). Por eso los países escandinavos tienen economías más abiertas y dependientes del comercio internacional que la de los Estados Unidos, pese a que su presión tributaria y sus niveles de regulación son más elevados. Ya a fines de los años 70 un estudio de James Cameron revelaba que existía entre los países de la OCDE una relación positiva entre el grado de apertura de la economía a la competencia exterior y los niveles de gasto público.

Tras constatar la persistencia a inicios del nuevo siglo de esa relación positiva, Danny Rodrik añadía que esta se explicaba en parte por la protección que esos países brindan a los grupos sociales más vulnerables frente a los efectos de la competencia exterior. Así, políticas como la ayuda temporal, el entrenamiento para que logren su reinserción en la economía, y la asesoría en la búsqueda de trabajo (es decir, las denominadas "políticas activas de mercado laboral"), contribuyen a hacer políticamente viable la apertura económica.

Parte del problema en los Estados Unidos es que invierte muy poco en ese tipo de políticas. Así, por ejemplo, mientras los países de la OCDE destinan a ellas en promedio un 0,6% de su producto, los Estados Unidos destinan para ese propósito sólo el 0,1% del PIB.

Autores