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Máxima tensión nuclear en la península coreana
Jue, 14/03/2013 - 09:38

Rodrigo Álvarez

La ONU y Lula Da Silva: ¿modernización o crisis?
Rodrigo Álvarez

Rodrigo Álvarez es Académico-Investigador Escuela de Periodismo de la Universidad Mayor, Coordinador e Investigador del Programa-Centro de Estudios Coreanos Chile de IDEA y Profesor de la Carrera de Periodismo de las Universidad de Santiago de Chile. Es Doctor en Estudios Latino Americanos, mención Relaciones Internacionales; Master of Arts en Economía Política Internacional por la Universidad de Tsukuba (Japón) y IVLP por el The United States Department of State Bureau of Educational and Culture Affairs. Además, es Periodista y Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Diego Portales (Chile). Es miembro del Nuclear Security Governance Expert Group (NSGEG), del Fissile material Working Gruop (FMWG) y de la Red de Seguridad de América Latina (Resdal).

El sistema internacional está siguiendo con preocupación los hechos y noticias que emanan desde la península de Corea. El último test nuclear de Corea del Norte ha llevado a ambas naciones a una nueva alta tensión.

Corea del sur ha dicho que una ofensiva nuclear Norcoreana solo significará la desaparición de ese país. Los norcoreanos, por su parte, con su líder Kim Jong-un al frente, lo cual es asumido como una amenaza no confirmada, han sostenido que está en condiciones (tecnológicas) de iniciar una guerra nuclear contra Estados Unidos. Al mismo tiempo, sustentado en su poderoso y numeroso ejército, ha amenazado a Corea del Sur con un ataque de total destrucción. Las nuevas sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, resultado del último test nuclear de febrero de 2013 realizado por Corea del Norte, han motivado que el líder norcoreano termine con el acuerdo de no agresión entre las dos coreas.

Asimismo, el proceso está demandando una posición más dura de los líderes surcoreanos, quienes ven presiones en la dirección más agresiva de la política bilateral diseñada, antes de su elección, por la actual presidenta Park Geun-hye: “Trustpolitik”. Esta consiste en desarrollar expectativas mutuamente vinculantes que apuntan a un doble juego: ser, al mismo tiempo, duros y flexibles con Pyongyang.

La situación pareciera haber, además, sufrido un giro más profundo e inesperado. Desde la división final de las dos Coreas en 1953, existió la idea permanente de dos naciones separadas, pero de un solo pueblo. Sin embargo, durante la última década esa sensación de pertenencia mutua ha tendido a desaparecer y con ello a la profundización de las diferencias entre ambos países.

Así, en la última encuesta realizada por el Instituto Sur Coreano para Estudios de Políticas ASAN, la cual fue hecha inmediatamente luego del último ejercicio nuclear realizado por Corea del Norte, los resultados fueron reveladores. El 59,9% de los surcoreanos se sienten amenazados por la última detonación nuclear hecho por el norte. Si bien un 59,1% rechaza un ataque preventivo a las instalaciones de Corea del Norte, hay un 36,7% de la población que la apoya. La opinión sobre el manejo que el gobierno surcoreano ha hecho de la crisis pareciera demandar un ajuste en una línea más dura. Así entre aquellos que consideran establecer una política fuerte de contención y aquellos que están de acuerdo con el establecimiento de sanciones económicas, la cifra llega al 51,9%. Lo más llamativo, sin embargo, se hace ver en las tendencias sobre el desarrollo de un programa bombas nucleares propias y el desplazamiento de bombas tácticas nucleares norteamericanas en territorio surcoreano. El primer de ellos el 66,5% de la población de Corea del Sur está de acuerdo y en  la segunda pregunta se eleva a 67% la aprobación.

No cabe duda que la permanente tensión entre ambas naciones las está llevando a un cambio en lo que hasta hace una década aún les permitía mirarse, de una u otra forma, mantener cierto reconocimiento la una por la otra: su historia en común. Sin embargo, no cabe duda que también el actual escenario las está llevando a un nuevo escenario de conflicto que amenaza no solo a la península, sino a la región.

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