Análisis & Opinión

Unión Europea y América Latina, socios globales

Soledad Alvear

Abogada de la Universidad de Chile y Licenciada en Ciencias del Desarrollo del Instituto Latinoamericano de Desarrollo y Estudios Sociales (ILADES). En la actualidad es senadora de Chile (2006-2014). Ha presidido la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado y actualmente preside la Comisión de Constitución, Justicia y Reglamento. Se ha desempeñado en distintas funciones públicas: ministra de Relaciones Exteriores, de Justicia y como directora del Servicio Nacional de la Mujer. Además fue presidenta nacional de la Democracia Cristiana de Chile. Ha sido académica de varias universidades, e integrante del consejo directivo de la Academia Judicial y Consejera del Centro de Justicia de las Américas.

  • Vie, 07/23/2010 - 18:56

En mayo pasado se realizó en Madrid la VI Cumbre entre la Unión Europea (UE) y América Latina y el Caribe (ALC), cuyas conclusiones y plan de acción dejan una amplia tarea por delante en los tres ámbitos de la asociación estratégica iniciada hace diez años: el diálogo político, el comercio y la cooperación.

La siguiente Cumbre, la VII, se realizará en Chile en 2012. Desde mi perspectiva de senadora y ex canciller, miro con gran expectación y compromiso el desarrollo de las relaciones euro-latinoamericanas. Los parlamentarios de ambas regiones estamos actualmente participando de manera institucionalizada en los trabajos de la asociación estratégica biregional, desde la creación en 2006 de la Asamblea Eurolat, que reúne a 150 representantes del parlamento europeo y del parlamento latinoamericano, con la misión de darle una dimensión ciudadana, hacer un seguimiento político y elaborar propuestas sobre los compromisos asumidos a nivel de los presidentes y cancilleres. De hecho, en la reciente Cumbre de Madrid, la Asamblea Eurolat tuvo una participación relevante y sus recomendaciones acogidas por los mandatarios.

Según la reciente publicación del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (Celare) y la Universidad Pedro de Valdivia (Chile), sobre los diez años de la relación entre ambas regiones, la UE y ALC pueden complementarse y se necesitan en el nuevo escenario global. Es más, la Comisión Europea precisamente explicita esta visión en el documento oficial presentado a los jefes de Estado en Madrid.

Europa no solamente es el primer mercado mundial, que necesita nuestras exportaciones; su cooperación en ciencia y tecnología, educación superior, cambio climático, puede ser un gran aporte a Latinoamérica. Nosotros contamos con recursos naturales y sustentabilidad ambiental, pero también, ante la actual crisis europea, nuestra estabilidad financiera y el dinamismo comercial de América Latina es una contribución a la estabilidad mundial e incluso a la recuperación de Europa, como lo acaba de señalar el economista jefe del Banco Mundial.

La UE es el principal socio de AL en materia de inversiones. El stock total de IED de los países de la UE en AL creció de 189,4 mil millones de euros en el año 2000, a  227,8 mil millones de euros en 2007.

Europa no solamente es el primer mercado mundial, que necesita nuestras exportaciones; su cooperación en ciencia y tecnología, educación superior, cambio climático, puede ser un gran aporte a Latinoamérica.

Es el segundo socio comercial de América Latina. El intercambio comercial se duplicó entre 1990 y 2006, y en 2008 el volumen comercial entre América Latina y la Unión Europea totalizó 178.000 millones de euros, lo que representa el 14,6% de su comercio en el mundo.

La UE es el primer aportante de cooperación al desarrollo, que ha financiado en la región más de 450 proyectos y programas por un importe superior a los 3.000 millones de euros, y en su marco presupuestario de 2007 a 2013, ha destinado 2.690 millones de euros a América Latina, montos que aún en las difíciles circunstancias por la que atraviesa el viejo continente, han sido ratificados por el Consejo Europeo.

Además cuenta con programas y recursos globales para Ciencia y Tecnología del orden de 50.000 millones de euros para el periodo 2007-2013, canalizados a través del Séptimo Programa Marco de Investigación y Desarrollo Tecnológico, una parte de los cuales son accesibles para nuestros países en programas universitarios conjuntos. Este es un campo donde se prevé una rápida expansión de la cooperación y donde el espacio euro-latinoamericano puede ser de gran importancia.

Luego de la pasada Cumbre, podemos mirar con mayor optimismo el futuro de las relaciones, especialmente en materia comercial, que es un ámbito sensible en el que existe siempre una queja latinoamericana ante ciertas medidas de protección, especialmente en la agricultura, las que adopta la UE frente a nuestras exportaciones.

El relanzamiento de las difíciles negociaciones de la UE con el Mercosur es una buena noticia regional. Lo mismo que los acuerdos alcanzados con Perú, Colombia y Centroamérica. Y podemos aprovechar para esto los nuevos instrumentos que la UE ha puesto en marcha, como el llamado LAIF (Latinamerican Investment Facility) que se destinará a financiar infraestructuras por alrededor de 110 millones de euros, las que podrían apalancar US$3.000 millones para inversiones en infraestructura.

También hay que tener en cuenta que para el período 2010-2013 el Banco Europeo de Inversiones (BEI) está autorizado a prestar hasta 2.800 millones de euros en la región. Prueba de ello es que Chile acaba de aprobar la instalación del BEI en el país.

Como ex canciller de Chile, tuve el honor de conducir hasta su feliz término las negociaciones del Acuerdo de Asociación entre Chile y la Unión Europea, actualmente vigente y en pleno desarrollo. La IV Cumbre UE-Chile, celebrada en Madrid hace un mes, dio paso al establecimiento de la Asociación para el Desarrollo y la Innovación UE-Chile (ADI), que amplía nuestra cooperación a nuevos temas y la proyecta hacia nuestros vecinos.

Las exportaciones europeas a Chile crecieron 80%, y el valor de las exportaciones chilenas hacia el mercado europeo más que se triplicaron desde la entrada en vigor del acuerdo en 2003, hasta el 2008, pasando de US$5.000 millones, a cerca de US$17.000 millones. Y si bien en 2009, debido a la crisis internacional, nuestras exportaciones al continente se redujeron hasta los US$10.000 millones aproximadamente, seguían siendo el doble que al inicio del tratado, lo que no habría ocurrido de no contar Chile con las preferencias y liberalización de productos que éste permite.

Y en el primer trimestre de este año, los envíos chilenos han crecido nuevamente 30%. Según un estudio del Celare, Chile ha recibido de la UE en estos años cerca de US$100 millones en cooperación no reembolsable, especialmente para innovación, ciencia y tecnología, desarrollo social, modernización del Estado, educación. Las universidades e investigadores chilenos han participado en más de 150 proyectos con sus pares europeos y más de 2.500 funcionarios chilenos han recibido becas para perfeccionarse.

Este acuerdo, sólo un ejemplo de la cooperación que se da en Latinoamérica, ha sido de gran beneficio para Chile y UE, como espero que lo sean los otros tratados que se acaban de acordar en la región, para configurar con la UE una amplia zona euro-latinoamericana de cooperación, libre comercio y concertación política.

Soledad Alvear

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