Análisis & Opinión

La globalización y el impacto en el mundo empresarial

Armando Ramírez Velasco

Armando Ramírez Velasco es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Tecnológica de México. Actualmente es maestrante por la Universidad Interglobal Plantel Ecatepec de la Maestría de Administración y Negocios. Se inició profesionalmente como coordinador en sitio de EBTA y Meeting Card, donde administró la relación de negocios entre FORD y AMEX. Posteriormente ingresó a las filas de la empresa Fin Común, donde fungió como asesor financiero de pymes del sector abarrotero. Actualmente se desempeña como Director Administrativo de CONAPI, consultora que orienta a las pymes en Ciudad de México. Asimismo, imparte en UNAM cursos de liderazgo y alta dirección para funcionarios de dependencias publicas, y es docente de la facultad de Administración y Derecho de la Universidad Interglobal Plantel Ecatepec.

  • Jue, 11/08/2012 - 11:23

La globalización es un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales. Este proceso no es nuevo, viene desarrollándose paulatinamente y tardará muchos años aún en completarse. La globalización sugiere que en el mundo los factores alejados e insignificantes afectan de manera directa el desarrollo de este planeta.

Hace algunos años pensábamos que el planeta terminaba donde nuestros ojos dejaban de ver. Si nos remontamos a la historia, esta nos diría que han pasado largos siglos de la permanencia humana en este planeta, y que a lo largo de esta permanencia hemos buscado conocer mas, saber mas, descubriendo así el nuevo mundo, los lugares mas inhóspitos de nuestro planeta y hasta llegando a la luna, ahora sabemos que el mundo es redondo, que se orienta en dos ejes y que gira sin descanso con la promesa de seguirlo haciendo, pero con la incertidumbre del momento en el que detendrá su andar.

Hace unos siglos el intercambiar información entre dos personas ubicadas a unos metros era prácticamente imposible, hoy en día, las señales satelitales, la internet y las TIC nos permiten comunicarnos en tiempo real de un lado a otro del planeta con el simple fin de enviarnos un saludo.

La globalización es la revolución que el mundo de los negocios esperaba y aunque no se ha explotado como debía ser, y las lagunas de esta aun son muchas, las empresas deben empezar a entrar en este proceso, y entre mas rápido empiecen, más rápido aprenderán a desaprender.

La globalización sugiere que para que este concepto se desarrolle de manera afortunada, debemos generar un pensamiento global, olvidarnos de los limites impuestos por las fronteras y la división política de este planeta y generar un pensamiento libre de ataduras que nos permita hacer intercambios con China, México, USA o España, con el único fin de lograr una ventaja competitiva sostenible que permita el desarrollo de nuestra sociedad.

Peter Drucker quien es el padre de la administración moderna, sugiere que la manera mas precisa de comprender la globalización es “desaprender lo aprendido” para generar un nuevo concepto que nos permita ampliar las fronteras, crear rupturas epistemológicas y generar nuevos conceptos.

Pareciera que después de todos los descubrimientos y adelantos que la humanidad ha generado estamos listos para este gran salto, volvernos uno mismo, y sin ánimos de ser pesimista detendré este ejercicio literario para preguntarme ¿en realidad estamos listos?...

Desde que apareció el concepto de globalización en la década de los 90 las opiniones se han polarizado. Algunos pensamos que la globalización podría ser el antídoto que este planeta está esperando, ya que hemos reconocido que ni el capitalismo, ni el socialismo, ni ningún otro régimen económico ha logrado una equidad justa, que nos permita a todos tener las mismas oportunidades de desarrollo y crecimiento. Sin embargo, hay quienes pensamos que no es el antídoto correcto, que sucederá lo mismo de siempre: los países ricos serán mas ricos por que seguirán teniendo mejores condiciones de desarrollo y los pobres serán igual o mas pobres a la sombra y condiciones de los países poderosos. No obstante y a pesar de las diferentes posturas a las que nos podemos enfrentar, es una realidad que la globalización ha comenzado a operar y lo ha hecho de lleno. Para muestra de eso basta que echemos un vistazo a las importaciones y exportaciones de diferentes productos, mismos que viajan desde Asia, Europa o America fortaleciendo las relaciones comerciales. Aunque esto no es nuevo, ha existido a lo largo de la historia. Los egipcios intercambiaban productos, los incas también lo hacían y hasta los mismos vikingos lo hicieron, aunque lo realizaban por el hecho de obtener recursos naturales escasos o nulos en su lugar de origen.

Hoy en día el intercambio de productos parece ser un deporte: la mitad de los transportes, tanto aéreos como marítimos, son destinados al intercambio de productos. La economía también se ha visto afectada por la globalización, las monedas han dejado de ser un valor intrínseco que le permita a una comunidad intercambiar productos, y representan el poder adquisitivo de toda una comunidad, convirtiéndose así en la capacidad de pago que posee una entidad financiera.

Pero qué papel deben jugar las empresas en toda esta historia. Hoy en día las empresas deben de pensar en grande, porque es prácticamente inaudito seguir pensando en ser el mejor de una cuadra o un pueblo. Deben de pensar en ser el mejor del mundo, ya que la globalización ha reorientado los esfuerzos de las empresas a la calidad, esa que Karol Ishikawa nos presentaba en la década de los 80 y que llevó a Toyota a ser la automotriz numero uno del mundo; esa que permitió que Japón tuviera una economía sobresaliente y que ganó la admiración del mundo entero.

La calidad hasta hace unos años no era más que un paso de la auditoría que nos permitía continuar con un diagrama de flujo, donde las decisiones no eran más que un pretexto de los niveles mínimos para continuar con la operación; hoy el mercado exige más, es más critico, más conocedor y no está dispuesto a pagar por un producto de mala calidad.

Las estrategias para entrar a la globalización pueden ser muchas, sin embargo, todas las áreas de una empresa deben reinventarse para entrar en ese proceso, porque la globalización pone a todas las empresas del mundo en la línea de salida y les marca una carrera de 400 metros libres, sin embargo, para poder competir no es necesario ser de un bloque específico, si no tener la capacidad para reinventarse, adaptarse y decidir.

Philip Kloter, considerado el padre del marketing nos habla de un concepto que junto con la calidad podrían ser las dos armas secretas para formar parte de esa carrera y obtener el éxito esperado; sí, el “Customer Relationship Managament” es el secreto que muchas empresas han olvidado. No existe hoy en día una empresa que no trabaje para sus clientes, aunque en ocasiones las empresas lo olvidan y orientan su trabajo exclusivamente a las finanzas, a las relaciones políticas o a la manera más rápida de generar liquidez, lo que les permita ser rentable y tener una posición financiera cómoda.

Pero la globalización no perdonará más esto, se convertirá en un error, porque la globalización se orienta al cliente, olvida los monopolios y oligopolios para abrir los mercados y competir con todo el mundo; no es necesario estar ahí físicamente para competir, solo es necesario pararse en la línea y empezar a correr; tampoco es necesario tener un corporativo en Wall Street, en Dubai o en Londres, porque ahora puede operar a una empresa desde un ordenador portátil en la comodidad del hogar o a través de un GPS en el tránsito de alguna gran metrópoli. La globalización es la revolución que el mundo de los negocios esperaba y aunque no se ha explotado como debía ser, y las lagunas de esta aun son muchas, las empresas deben empezar a entrar en este proceso, y entre mas rápido empiecen, más rápido aprenderán a desaprender. Más rápido generarán esa capacidad de adaptación, de reinvención y de decisión.

He hablado de la actitud de las empresas, pero qué pasará con esos siglos de administración empresarial basada en los activos, los pasivos y las utilidades de toda corporación; de sus participaciones en las bolsas del mundo, de las estrategias financieras y de las grandes carpetas de contabilidad que día a día se actualizan para conocer el ¿cómo?, ¿por qué? Y ¿en que se invierten los activos? ¿Desaparecerán?…

La pregunta parece muy exigente aún para este proceso paulatino de globalización, pero en mi opinión, sí, la administración debe reinventarse también, el proceso administrativo debe dejar de dividirse en planear, organizar, dirigir y controlar, para dar cabida a procesos como reinventar y aprender.

Armando Ramírez Velasco

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