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XVIII Conferencia Anual CAF

  • Fecha: 3 y 4 de septiembre de 2014

Enrique García, Presidente de la CAF; José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, y Michael Shifter, Presidente del Diálogo Interamericano, serán los encargados de abrir la XIII Conferencia Anual de la CAF, cita en la que a través de diversos paneles, se debatirá sobre los temas urgentes de América Latina, entre los que se cuenta:

  • El futuro de Cuba
  • El devenir electoral en Brasil, Uruguay, Bolivia, Colombia y Venezuela
  • El futuro de Haití
  • ¿Terminó la fiesta del desarrollo latinoamericano?

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Análisis & Opinión

Desafíos para Invertir en América Latina

Es socio y director administrativo de Provicapital Parners Ltd., firma regional de inversiones.

  • Mar, 10/29/2013 - 09:38

Hace diez años no era raro que algunos empresarios latinoamericanos, tras sostener negociaciones con inversionistas en Nueva York, se fuesen de juerga por la Gran Manzana. 

Hoy corren otros vientos. El intercambio y la inversión en América Latina a través de estrategias de private equity, fusiones y adquisiciones, entre otras, han aumentado significativamente. Y con ello el nivel de profesionalismo de los actores.

Los directores de private equity tienen algunas reglas fundamentales que deben ser seguidas para tener éxito en América Latina. Deben concentrarse más en las reglas básicas de negocios y menos en índices como EBITDA.

El ascenso de varios países latinoamericanos en el mundo de las inversiones a través de los tratados de libre comercio ha refinado a todos los partícipes. Los negocios de familia y compañías locales se transformaron en maquinarias eficientes y objetos de inversión por parte de inversionistas globales. 

México, el segundo socio de comercio global más importante para Estados Unidos, ha visto un éxito sorprendente en el área de private equity en los últimos dos años. De acuerdo con la Latin America Private Equity and Venture Capital Association, esto se vio enfatizado en el primer semestre del 2012 cuando hubo US$228 millones en inversiones, lo cual fue un incremento exponencial de los US$84 millones en la misma etapa en el 2011. Desde el 2011, el número total de negocios en el área de private equity en México se ha más que duplicado. 

El año pasado, en su reporte anual Doing Business, la International Finance Corporation (IFC, por sus siglas en inglés) y el Banco Mundial le otorgaron a Colombia el sexto lugar en la categoría de protección a los inversionistas. Aunque ningún país latinoamericano ha alcanzado una de las 30 primeras posiciones en la métrica de facilitación para hacer negocios, muchos de ellos han mejorado considerablemente en los últimos cinco años. Entre éstos están Chile (40 a 33), Colombia (66 a 45) y México (62 a 43). 

Impulsadas por años récord en 2010 y 2011, las fusiones y adquisiciones se ha disparado vertiginosamente en América Latina. Los líderes en estas áreas, Brasil, México, Colombia y Chile, han estimulado la explosión de transacciones en el segundo trimestre del 2012, lo cual sobrepasó los niveles antes de la recesión y alcanzó los US$60.000 millones. 

Con toda esta inversión, más compañías están buscando grupos de private equity que los ayuden a resolver problemas más complejos que el flujo de fondos. Estas empresas necesitan disminuir la deuda en sus balances, lograr una oferta pública, establecer alianzas estratégicas, crecer y finalmente terminar saliendo de la inversión. Éstas ven a los fondos de private equity como el medio para lograr sus fines estratégicos. 

Aun así, las concepciones erróneas y obstáculos abundan. Algunas compañías todavía tienden a comparar capital con deuda, haciendo que las tasas de retorno de las firmas de private equity parezcan demasiado altas. Muchos accionistas temen perder control de sus compañías ante la entrada de nuevos socios, lo que da muestra de que persisten los malentendidos fundamentales sobre las diferencias entre inversores financieros e inversores estratégicos. En los mismos países es difícil que equipos externos aprendan y entiendan las normas de un determinado país sin ayuda de consultores locales.

Y, por supuesto, existe otro obstáculo omnipresente que es la barrera idiomática y que ha estado presente desde el comienzo de los tiempos. Aunque muchos integrantes de grupos de private equity e inversionistas hablan adecuadamente en su segunda lengua, el contexto y significado pueden perderse en la traducción, especialmente cuando se negocia a altos niveles. 

Los directores de private equity tienen algunas reglas fundamentales que deben ser seguidas para tener éxito en América Latina. Deben concentrarse más en las reglas básicas de negocios y menos en índices como EBITDA. Deben tener empleados que hablen español y portugués y mantener una presencia física en los principales mercados. Las valoraciones deben estar atadas a resultados reales, no a proyecciones irrealistas.

El potencial de inversión en América Latina, antes un diamante en bruto y poco conocido, está siendo pulido. Todavía le quedan aristas por limar.

Ricardo Calderón

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