Decadencia agrícola en El Salvador obliga a diversificar productos

El Salvador

Un novedoso sistema que combina la producción agrícola orgánica y la comercialización anticipada se ha convertido en la esperanza de un pueblo del oeste de El Salvador, empobrecido por la decadencia de sus productos tradicionales como maíz, frijol y café.

Las familias pioneras de este plan han abandonado los cultivos tradicionales y ahora siembran frutas y hortalizas por medios orgánicos.

  • Lun, 11/18/2013 - 08:25

Comasagua. La Canasta Campesina, como se conoce a la iniciativa, involucra a 150 mujeres y 50 jóvenes de Comasagua, un fresco poblado de 12 mil habitantes enclavado en la cordillera El Bálsamo, a mil 70 metros de altitud y a 30 km al suroeste de San Salvador.

Las familias pioneras de este plan han abandonado los cultivos tradicionales y ahora siembran frutas y hortalizas por medios orgánicos, los cuales son contratados anticipadamente por personal de sedes diplomáticas y organismos internacionales acreditados en San Salvador. Los excedentes se venden en un improvisado mercado en el Centro Cultural de España.

Las embajadas de Francia, España y Japón, la representación de la Unión Europea, la cooperación japonesa, oficinas de las Naciones Unidas y el Liceo Francés, entre otras instituciones, son algunos de los clientes que consumen vegetales producidos bajo este novedoso sistema.

“Cuando toda la comunidad se ha quedado sin trabajo porque la roya echó a perder la cosecha de café, la Canasta Campesina que producimos en estos huertos es una esperanza”, declaró Mariana Santos, una campesina de 53 años.

Esta mujer de piel trigueña y cabello entrecano muestra con orgullo su huerto, donde crecen vigorosos rábanos, chiles, zanahorias, lechugas y plantas aromáticas como el cilantro, y admite que, como todos los inicios, el de este proyecto no fue sencillo.

El principal desafío fue convencer a los asociados de que era posible la producción orgánica para la soberanía alimentaria y atenuar la pobreza que en El Salvador ronda el 34,5% de los 6,1 millones de habitantes.

Paciencia, la clave. El proceso de la agricultura orgánica se inicia cuando los afiliados se internan en una distante montaña para recolectar la blanquecina hojarazca de bambú descompuesta y los pequeños volcanes de tierra abandonados por los “zompopos”.

De este material se obtienen “microorganismos sólidos” que son la base de los biofertilizantes y plaguicidas utilizados en la agricultura orgánica.

Bajo un rústico techado de láminas, cinco personas hacen una “sopa” con residuos de arroz y melaza a los que agregan los microorganismos.

Veintidós días después, la mezcla habrá alcanzado el grado de descomposición necesario para ser aplicado a las plantas, explicó el agrónomo Nelson Velásquez, encargado de las capacitaciones.

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PrensaLibre.com

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