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San Andrés, el tesoro del caribe
Lunes, Mayo 2, 2016 - 07:56

Cayos, playas y un majestuoso paisaje de colores han convertido al archipiélago en uno de los destinos más emblemáticos del continente. Una isla para conectarse con la naturaleza y con más de cinco siglos de historia.

Más de 720 kilómetros separan al archipiélago de San Andrés de las costas colombianas. Pueblos africanos, británicos, holandeses, franceses y españoles moldearon la cultural raizal de la isla, testigo de históricas batallas y conquistas.

El murmullo del mar recuerda el arribo de legendarios navegantes, como el pirata inglés Henry Morgan, quien hizo de esta poderosa geografía el mejor escondite para poner a salvo los tesoros de sus travesías.

Hasta hoy son muchos los que creen que aquellas riquezas permanecen ocultas en las profundidades de una cadena de cavernas bañadas por aguas cristalinas. Desde cualquier ángulo, San Andrés ofrece un espectáculo natural sin igual.

Un derroche de azules y verdes revela la majestuosidad del mar Caribe que ha convertido a la isla en un verdadero paraíso terrenal.

Para explorar la magia de sus playas es necesario comenzar por Bahía Sardina, que engalana el norte del archipiélago. Allí se concentran la mayoría de cadenas hoteleras gracias a su cercanía con el área comercial y a una privilegiada panorámica en la que las olas se funden con la arena blanca y una extensa barrera coralina.

Como si se tratara de un lienzo, el mar va dibujando el camino a Johnny Cay, un exótico islote sombreado por palmeras que cuidan celosamente un conjunto de pozos de agua salada.

La brisa, el reggae y una decena de puestos de comida típica, a base de pescado y patacón, ofrecen un ambiente de total relajación.

Para sumergirse en las maravillas del océano, vale la pena recorrer el acuario natural, ubicado a diez minutos de la isla. Una línea de quioscos y un cordón coralino forman un universo de colores que se puede descubrir haciendo snorkel.

Peces, mantarrayas y tortugas viajan por las profundidades y descrestan con su belleza.

Aunque Bahía El Cove y San Luis también forman parte de las playas más apetecidas por los turistas para aprender a bucear y practicar snuba, San Andrés tiene más para ofrecer.

Cayo Bolívar también es parte de sus tesoros más preciados. Durante una hora y media, una lancha viaja por el mar abierto y allí, mientras el viento forma gigantescas olas, aparecen de vez en vez un conjunto de peces voladores que desafían a la naturaleza, en un increíble espectáculo que ayuda a distraer la mente ante la grandeza del paisaje.

De repente, un islote virgen se adueña del océano y se viste de turquesa. Al bajarse del bote, el agua tibia da la bienvenida. La arena fina se envuelve con un pequeño bosque.

Corales, rocas, algas y una extraordinaria gama de peces rodean el cayo. Sin más sonido que el de las olas, éste se convierte en el lugar más aislado y tranquilo de todo el archipiélago. Al mediodía, un suculento plato de pescado y arroz con coco, preparado por un grupo de cocineros locales, da cuenta de los sabores más tradicionales.

Al regreso, cuando el sol se oculta, los ritmos del calipso se apoderan de la isla. Tambores, cuerdas, campanas y charrascas (hechas con quijadas de burros) le dan vida a este género musical originario de Trinidad y Tobago, que se acompaña de enérgicos movimientos de cadera que revelan el espíritu festivo de los sanandresanos.

Al amanecer, la isla recobra su color y recuerda entre barcos, historias y playas por qué es la joya más preciada del Caribe.

* A modo de consejo no olvide visitar: el Jardín Botánico: ocho hectáreas conservan una vasta colección de especies vegetales del Caribe. Plantas curativas, aromáticas, alimenticias y ornamentales, las más sobresalientes. Iglesia Bautista, es una de las estructuras más antiguas de la isla y está ubicada en el sector de La Loma, el lugar favorito para apreciar una panorámica de 360 grados de San Andrés.

Autores

El Espectador