Miles de noruegos se reunieron en silencio el domingo en las todavía dañadas oficinas del Gobierno en Oslo y en la isla de Utoeya, a fin de rendir homenaje a las 77 personas fallecidas hace un año por la explosión de una bomba y el tiroteo perpetrado por Anders Behring Breivik.

"La bomba y los disparos tenían la intención de cambiar Noruega. La gente respondió abrazando nuestros valores. El fracasó, la gente ganó", dijo el primer ministro Jens Stoltenberg a la multitud, tras llevar rosas bancas y rojas hasta un monumento del centro de Oslo.

Breivik, que dijo que la mayoría de sus víctimas adolescentes eran traidores porque apoyaban el multiculturalismo y la inmigración musulmana, detonó una bomba frente al Parlamento que causó la muerte a ocho personas y después mató a tiros a otras 69 en un campamento para jóvenes del Partido Laborista en Utoeya.

"Muy poca gente puede pasar un día sin pensar en los acontecimientos del 22 de julio", dijo Vegard Groeslie Wennesland, un sobreviviente de Utoeya.

"Sabes, una persona a la que echas de menos, alguien con el que se supone que tenías salir o buscar consejo o algo así. O algo que simplemente te recuerda lo que pasó", sostuvo.

En la isla, también el domingo, alrededor de 1.000 de sobrevivientes - aislados de los medios - se reunieron para una conmemoración que incluyó la liberación de un gran globo de helio con forma de corazón al que ataron sus mensajes personales.

"Eso me cambió. Ahora vivo el momento, disfruto de la vida aquí y ahora", dijo Wennesland, que escapó a Breivik ocultándose en un cabaña con otras 50 personas.

Cerrar las heridas ha sido difícil ya que el juicio de 10 semanas a Breivik obligó a los noruegos a revivir escalofriantes detalles día tras día. El veredicto se pronunciará el 24 de agosto y en las próximas semanas se espera un informe de una comisión sobre los hechos.

Breivik se enfrenta a la reclusión de por vida en una institución mental o a una condena de 21 años de cárcel que podría prolongarse indefinidamente.

"Este aniversario es el importante final de un ciclo en el que las familias pasaron sus primeras Navidades, cumpleaños y día nacional sin sus seres queridos", dijo Kitty Eide, portavoz del grupo nacional de apoyo a las víctimas y madre de un sobreviviente.

Sociedad abierta. Los ataques conmocionaron a los cinco millones de habitantes del país nórdico, que se enorgullece de su sociedad tolerante, la búsqueda de consenso político y el éxito económico.

Sin embargo, Noruega reafirmó su compromiso con una sociedad abierta a raíz de la masacre y resistió a los llamados para tomar medidas radicales.

"Creo que tanto los políticos como las personas, quizás sin decirlo directamente, han dejado claro que no quieren que la sociedad cambie", dijo Thomas Hylland-Eriksen, profesor de antropología social en la Universidad de Oslo.

"Van a conservar lo que sienten que es lo más valioso de Noruega: Su apertura y la sensación de seguridad", añadió.

En una misa especial en la catedral de Oslo, el obispo Helga Haugland Byfuglien dijo a los noruegos: "La luz brilla en la oscuridad, la oscuridad no ha podido superarla".

La fiscalía ha pedido al tribunal que declare loco a Breivik, haciendo caso omiso de la opinión generalizada de que su lúcido testimonio muestra que merece ir a la cárcel, mientras que Breivik quiere ser declarado cuerdo y un activista político.

Breivik dijo que a sus víctimas, de las cuales la más joven tenía 14 años, les habían lavado el cerebro con "cultura marxista", cuyas políticas de inmigración adulteraron la sangre noruega pura y que el país corría el riesgo de una guerra civil con los musulmanes.

El atacante llegó al campamento disfrazado de policía, asegurando que había ido para protegerlo, para después sacar un arma y disparar a los adolescentes a quemarropa con lo que los testigos dijeron que era un "alegre grito de guerra".