-¿Por qué se cambió de ingeniería a astronomía, en su inicio formativo? En Chile en ese tiempo no existía la astronomía como campo profesional.

-Yo era un niño en Parral (zona centro sur de Chile), donde había solo un liceo. Química enseñaba una persona que tenía una farmacia, matemáticas otro que era contador y yo quería ser ingeniero, así que vine a Santiago donde comencé en ingeniería eléctrica en la Universidad de Chile, que ya por los avances de la tecnología sentí que lo que me enseñaban tenía olor a naftalina. Tomé unos cursos de astronomía y el discurso era que se estaba instalando Cerro Tololo (Observatorio Interamericano, ubicado en la IV Región del país) y por primera vez se estaban formando astrónomos profesionales. Me inscribí con cuatro estudiantes más. Después, todos se retiraron, excepto yo.

-¿Adhirió a algún movimiento político? Usted estudió en plena reforma universitaria.

-Nunca adherí a ninguna cosa y me siento muy contento de no haber participado nunca. Una de las culpas que tiene la universidad actual es tratar de devolverla a los años del 67 al 73, donde fuimos un desastre. Yo no puedo entender que dentro de toda esta participación estudiantil deba yo ir a una discusión triestamental donde el que grita más fuerte gana. Los alumnos son para que alguien les encienda la mecha; si después de 49 años de carrera académica y astronómica tuviera que transar con dichos estudiantes… ¿Un estudiante de 18 años me va decir qué temas son relevantes en astronomía? El día que yo haga eso prefiero irme a las catacumbas y ver a don Satanás.

-¿La astronomía es revolucionaria?

-La lucha de clases y la revolución a mí me parecen muy legitimas. Mi padre era del sur de España, militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y él participo defendiendo la democracia, pero nunca nos adoctrinó con su pensamiento político o con alguna creencia religiosa. La astronomía sí es revolucionaría, te cambia la visión de ver el mundo y el universo.

-Gagarin fue un revolucionario…

-Claro, ahí estaba mi interés en un tipo que estaba volando por el espacio alrededor del planeta. Mi cabeza estaba en cómo era posible eso del programa del Sputnik, una serie de misiones espaciales. Me parecían más trascendentes que ir al cacerolazo contra los momios (como se les llamaba despectivamente a los adherentes a la derecha política en Chile).

-¿Y la figura de Allende lo influyó?

-Yo rescato y respeto muchísimo la figura de Allende, por algo muy simple: intentó que todos seamos seres humanos, ya que en Chile por 200 años está la gente como uno y los otros. Había el pensamiento de que los campesinos o los obreros tienen un poco más de derechos que los burros, pero no tanto tampoco, entonces, este país tan clasista y peyorativo tuvo con Allende un intento de darles derechos a todas las personas... pero claro, su ingenuidad fue creer que una concentración de 500 mil obreros en la Alameda iba a poder más que los Matte, Angellini, Paulmann, Luksic o los Piñera.

Educación

-¿El futuro de la educación está en la edad preescolar o en la superior?

-El plan de Sebastián Piñera es tener 50 colegio de excelencia donde vayan los mejores alumnos, pero esa cifra representa el 0,5% de la totalidad de los colegios. ¿Qué hacemos con el 99,5%, los tiramos al mar? Con ese criterio quedan fuera tres millones de niños. Necesitamos educar a todos, no a una élite.

-El ex ministro de Educación, Joaquín Lavín, dice que hay que involucrar a las familias en el proceso de educación.

-Yo estuve en Peñalolen (distrito del sur oriente del Gran Santiago) y un profesor nos comentaba: acá la mayoría de los niños no pueden involucrar a su familia porque tienen uno, dos o tres familiares en las distintas cárceles de la capital. Cuando no está dicho apoyo de sustento familiar los colegios deberían ser espectaculares, con instalaciones y profesores magníficos. Lavín como ministro de Educación era fantástico, tenía una cualidad superlativa para hablar tonteras; otro adoquín era el ex ministro de Educación Sergio Bitar, que decía que los niños debían aprender a hablar chino mandarín. Yo no sé qué habrá fumado ese día.

-Las reformas en educación han sido lentísimas.

-Hemos sido un país analfabeto durante nuestro primer siglo de vida. De 1810 a 1910, Chile fue un país de personas donde el 80% no sabía leer. Ahí se impuso la Ley de Instrucción Primaria; todos los niños debían ir por seis años, de forma obligatoria, al colegio, aunque de forma transitoria, por exigencia de la derecha, se podía aplicar por cuatro años. Un honorable del partido Conservador de la época dijo: “somos un país de muy pocos recursos que no los puede dilapidar en gente que no tiene ningún futuro. Está escrito en los anales del Congreso.

-¿Y durante nuestro segundo siglo de país?

-Por lo menos sabemos leer y escribir, pero todavía no entendemos lo que leemos.

-Con esas condiciones, Chile no va a lograr el desarrollo…

-Para ser un país desarrollado tenemos que saber pensar, tenemos que agregarle valor a lo que hagamos.

-Sebastián Piñera dijo que estábamos a diez años de llegar a convertirnos en Grecia o Portugal.

-Yo se lo diría en su cara a Piñera: hace 2.500 años los griegos aprendieron a pensar. Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles… y todavía nosotros no sabemos pensar. Entonces, quizás en unos 2.500 años más podríamos pensar siquiera en compararnos con Grecia. No me explico cómo alguien que fue presidente puede ser tan bruto.

Recurso para la ciencia

-¿El cobre va de salida, se viene el litio?

-El litio lo estamos vendiendo por pala, porque Ponce Lerou (empresario minero) le pagó a parlamentarios de forma transversal, desde la UDI (Unión Demócrata Independiente) hasta Marcos Enriquez- Ominami (Partido Progresistas). Fue muy ecuménico en la repartición de las coimas, con el fin de que le hagan las leyes y le den la concesión del mineral.

-¿La industria no va quedar para los chilenos, entonces?

-En la comisión “Desafíos para el futuro”, una persona decía que el negocio del litio podía reportar en su exportación al año alrededor de US$1.000 millones y si fuera de baterías de litio, sería de US$20.000 millones. Pero eso se va a ir en gran parte a los bolsillos de los empresarios.

-¿A Julio Ponce Lerou no le interesan las baterías de litio?

-Él no sabe hacer baterías para autos eléctricos; a él le interesa sacar el litio con pala y venderlo lo más rápido posible. Chile solo exporta materias primas, porque le conviene a las diez familias de siempre que exportan la celulosa, como el grupo Matte, la minería de Luksic y las familias que se llevan los salmones en el sur.

-Entonces, ¿a los grandes grupos empresariales no les interesa el desarrollo económico-social de Chile?

-Ellos no están por desarrollar el país. El project charter de su interés es solo ganar más plata. Ellos se declaran patriotas y que los recursos son para el país, pero basta que les suban dos puntos en impuestos y las inversiones se las llevan a Argentina, Perú… se esfuman.

-¿Quién financia la ciencia, entonces?

-El único que puede tomar iniciativa por la ciencia es el gobierno.

Reconocimientos

-Usted ha sido muy premiado por su trabajo, ¿le gustan los premios?

-Nunca he mandado mi currículo para ganar un premio. Amigos míos han insistido en postularme, lo cual agradezco mucho.

-Usted ganó el Premio Nacional de Ciencias.

-Claro, me emociona y además por eso mensualmente recibo una aporte estatal, el cual me inspira como científico y astrónomo en devolverle al país lo que me ha dado.

-¿Se viene el Premio Nobel?

-Quién le diría que no a ir a Estocolmo y tener un cheque por 2 millones de dólares… Por supuesto que iría y me disfrazo de esmoquin, pero no está en mi ambición estar pendiente de ganar premios.

-¿Cuál ha sido el mejor reconocimiento que ha tenido?

-Hace poco en Antofagasta, Segunda Región de Chile, a petición de alumnos y los padres, le puso a un colegio mi nombre. ¡Imagínate! Se llama “Instituto Científico Educacional José Maza Sancho”. Eso a mí me produce algo especial, porque el colegio se llamaba “Colegio Los Libertadores de Chile” a modo de homenaje por los hechos acontecidos el 11 de septiembre de 1973 (Golpe de Estado), y con los años llegaron otros profesores con otra visión y decidieron cambiarle el fatídico nombre…

Divulgador

-Su último libro lo dedicó a Carl Sagan, ¿por qué?

-Yo lo vi en persona, participe con él en Toronto (Canadá). No era el tipo científico pequeño que quería pasar desapercibido. Él era un gran comunicador y enganchaba muy bien con los esfuerzos de la NASA por poner naves no tripuladas a la Luna o a Marte. Público libros muy exitosos y fue un hombre de ciencias muy popular; era muy veraz en sus aseveraciones, llegando a su cúspide al realizar la serie para la televisión “Cosmos”. Ayudó mucho a la ciencia a llegar muchas partes.

-Usted ha estado en TV también en matinales y programas de todo tipo.

-Claro, a mí no me gusta predicar entre conversos. Cuando me han invitado a la televisión lo último que quieren es escuchar de ciencias o astronomía, pero si digo al menos un chiste astronómico, la señora que está preparando el almuerzo y logra escuchar algo de lo que estoy diciendo, ahí con el tiempo vamos a tener a una persona más que valora estudiar, conocer y soñar.

¿Y Stephen Hawking también es un divulgador científico?

-Es un gran producto de marketing. Yo admiro que haya realizado sus teorías y trabajo a pesar del gran impedimento físico que tiene, pero debe ser el autor con más libros publicados y los menos leídos. Cuando vino a Chile nadie entendió una palabra de lo que explicaba; habló como dos horas y el presidente de la República de ese entonces, Eduardo Frei, quien estaba con su señora me dice: “parece que se me óxido el cerebro, porque no entendí nada”.