Análisis & Opinión

Los cuatro focos de corrupción en Venezuela

Gustavo Coronel

Gustavo Coronel fue director de Petróleos de Venezuela (1976-79) y representante en Venezuela de Transparencia Internacional (1996-2000).

  • Vie, 04/15/2011 - 11:32

Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela en 1998 con la fuerza de sus promesas de acabar con la corrupción. Venezuela había sido un ejemplo de democracia para el hemisferio entre 1958 y principios de los setentas pero después de recibir un gigantesco ingreso petrolero a mediados de esa década, la calidad del gobierno se deterioró y el despilfarro y la corrupción se establecieron. Para 1998, la mayoría de los venezolanos estaban profundamente decepcionados y querían un cambio radical. Lo consiguieron con Hugo Chávez. Lo que nunca se imaginaron fue que el cambio empeoraría la situación.

Durante los 13 años del gobierno -cada vez más autoritario- de Hugo Chávez, la administración de nuestra riqueza nacional ha pasado de ser no satisfactoria a caótica. Alrededor de un billón de dólares del ingreso nacional ha sido, en gran medida, despilfarrado en proyectos improvisados y costosos, distribuido a venezolanos en la forma de subsidios que compran un bienestar temporal (dar pescado pero no enseñar a pescar) o utilizado para comprar influencia política para Chávez en el hemisferio y el mundo.

Durante el gobierno de Chávez dos de las principales medidas de corrupción: (1) la incidencia (número de casos de corrupción), y (2) la intensidad (cantidad de dinero y recursos involucrados) han sido las peores en la historia venezolana. El Índice de Percepción de Corrupción preparado anualmente por Transparencia Internacional muestra a Venezuela, en 2010, entre los doce países más corruptos del mundo.

La intensidad de la corrupción en la Venezuela de Chávez tiene un fuerte componente político y social, además del puramente financiero. La conversión de la Venezuela democrática en un Estado paria ha estado basada en violaciones sistemáticas a la constitución y las leyes y en la eliminación progresiva de los pesos y contrapesos administrativos e institucionales. La transparencia y la rendición de cuentas han desaparecido. Los procedimientos democráticos han dado paso a un sistema en el cual un hombre toma todas las decisiones y después le informa a la nación.

Trece años y un billón de dólares más tarde, el régimen de Hugo Chávez ha demostrado ser la peor pesadilla de Venezuela. A estas alturas estamos, nuevamente, presionando para que haya un cambio. Si hemos aprendido nuestra lección deberíamos ser mucho más cuidadosos en esta ocasión.

Podría decirse que la corrupción es el único componente del sistema político de Chávez que se ha vuelto más democrático. En contraste con las dictaduras del pasado, donde el ejercicio de la corrupción era un privilegio de una élite, Chávez ha permitido que una masa considerable de sus seguidores participen, en distinto grado, de la “piñata” del dinero, la tierra y los recursos nacionales.

Cantidades significativas de dinero han sido utilizadas en subsidios que han llegado a grandes segmentos de la población. Aunque esto explica la continua popularidad de Chávez, tal estrategia sólo ha servido para aumentar el número de venezolanos que dependen de un gobierno paternalista, incapaces de  valerse por sí mismos. Las soluciones estructurales para la pobreza y la ignorancia brillan por su ausencia.

Una nueva y corrupta clase social ha surgido en reemplazo de la tradicional clase media de Venezuela. Esta nueva clase está conformada por contratistas del Estado, familiares y amigos de las personas en posiciones de poder, oficiales de las fuerzas armadas y miembros de la burocracia estatal.

Hoy, la mayoría de la corrupción se genera en cuatro focos principales:

El palacio presidencial de Miraflores, el centro de operaciones del presidente Chávez. Aquí la naturaleza de la corrupción es en gran medida política, aunque mucho dinero en efectivo es mantenido en este edificio para ser utilizado como la necesidad lo determine. La forma casual en que el dinero es administrado ha sido ilustrada por el periodista Nelson Bocaranda: “en octubre de 2010, guardaespaldas cubanos fueron enviados al Banco Central para obtener cinco millones de dólares en efectivo para un viaje de Chávez al extranjero. Este dinero nunca llegó a Miraflores, que se encuentra sólo a dos cuadras”. Nunca fue recuperado.

Miraflores es el lugar donde las violaciones de la constitución son decididas y donde el presidente ejerce su abuso de poder. Las regulaciones electorales han cambiado para favorecer al gobierno. Este es el lugar donde los cubanos controlan cuestiones sensibles de inteligencia. Aquí es donde se asigna el financiamiento ilegal y el soborno de líderes amigables en el hemisferio y donde los alineamientos son establecidos con las dictaduras aliadas en Bielorrusia, Siria, Irán, Libia o Zimbabwe.

En La Campiña, la sede principal de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Las oficinas centrales de Petróleos de Venezuela, al lado oriental de Caracas, es donde hacen oficina la junta directiva y los principales funcionarios de planificación y finanzas de la empresa.

Pdvsa ya no es una empresa petrolera, sino un conglomerado incoherente de diversos negocios que van desde la importación y distribución de alimentos hasta el entrenamiento de atletas. La corrupción es principalmente generada mediante contratos sin licitación que son asignados a los amigos del régimen. Los sobornos son habituales. El gobierno ignora descaradamente los escándalos pequeños y grandes de Pdvsa, como la contratación de la plataforma de perforación mar adentro Aban Pearl a una empresa fantasma o el uso ilegal del Fondo de Pensiones de los empleados con fines especulativos. El presidente de la empresa es un mentiroso patológico que sistemáticamente ha desviado los fondos de Pdvsa hacia los bolsillos de la rama ejecutiva, para ser utilizados en actividades sin una rendición de cuentas.

El ministerio de Defensa y la Guardia Nacional. Un reporte realizado por la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés) para el Congreso de EE.UU., informó acerca de una creciente corrupción entre las fuerzas armadas venezolanas, especialmente la Guardia Nacional. La corrupción, dijo el informe, ha llegado al nivel ministerial del gobierno. En particular, los vínculos entre las fuerzas armadas y las FARC habían sido claramente establecidos, como demostraron los contenidos de las laptops pertenecientes al fallecido líder de las FARC, Raúl Reyes.

La corrupción de las fuerzas armadas venezolanas condujo a que el gobierno estadounidense nombre a tres miembros de rango alto en el gobierno como capos de drogas “por proveer respaldo material a las FARC”. Estas tres personas son los generales Henry Rangel Silva y Hugo Carvajal, y el ex ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, quienes todavía son miembros del círculo íntimo de Chávez. De hecho, Rangel Silva fue promovido recientemente al nivel más alto en las fuerzas armadas. Venezuela no sólo es un petro Estado, sino también que se está convirtiendo en un narco Estado.

El ministerio de Finanzas. La administración de las finanzas de Venezuela durante el régimen de Chávez ha sido extremadamente irregular, por no decir algo peor. Jugando criminalmente con los tipos de cambio duales, los funcionarios del ministerio de Finanzas y los banqueros y corredores de bolsa asociados se han convertido en millonarios instantáneos. Los fondos paralelos, los cuales operan sin rendición de cuentas e ignorando las leyes de la nación, han promovido una híper corrupción. Al eliminar la autonomía del Banco Central de Venezuela, las reservas internacionales han sido desviadas a las manos del Poder Ejecutivo, para poder ser utilizadas con fines políticos.

Trece años y un billón de dólares más tarde, el régimen de Hugo Chávez ha demostrado ser la peor pesadilla de Venezuela. A estas alturas estamos, nuevamente, presionando para que haya un cambio. Si hemos aprendido nuestra lección deberíamos ser mucho más cuidadosos en esta ocasión.

*Esta columna fue publicada con anterioridad por el centro de estudios públicos ElCato.org.

Gustavo Coronel

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