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Una teoría apresurada
Mar, 13/09/2011 - 16:22

Susan Kaufman

Por qué Grecia nos  tiene que importar
Susan Kaufman

Susan Kaufman es directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.

El hecho de que los países sudamericanos que exportan commodities hayan salido relativamente indemnes de la crisis de 2008-2009 llevó a la conclusión de que la región finalmente se había desvinculado de EE.UU. Dos años después ha quedado claro que esta conclusión fue, en el mejor de los casos, prematura, cuando no francamente errónea.

Brasil, el único país sudamericano que forma parte de los BRIC, ilustra la falacia de la teoría de la desvinculación. De una tasa de crecimiento de 7,5% en 2010, las estimaciones para 2011 han caído a 3,7%, según Morgan Stanley. La consultora rebajó la cifra para 2012 de 4,6% a 3,5%. Brasil sorteó la recesión durante 2008 y 2009 básicamente mediante crédito subsidiado por el fisco y aumentando el gasto público. La inflación resultante, que actualmente supera el 7% anualizado, tornará difícil que el gobierno utilice otra vez la misma receta. Agravando estos problemas la moneda brasileña, el real, que se ha apreciado un 47% respecto del dólar en menos de tres años, restando competitividad a las exportaciones manufacturadas brasileñas.

Al mismo tiempo China, cuya insaciable demanda por materias primas ha sido la principal fuerza detrás del boom de los commodities, también pareciera avanzar hacia tasas menores de crecimiento. Michael Pettis, de China Financial Markets, estima que el crecimiento económico de China comenzará a reducirse de manera significativa durante 2013-2014 y “alcanzará un promedio de 3% antes del fin de la década”, a menos que China modifique su modelo de crecimiento hacia otro que dependa más del consumo doméstico y menos de la deuda pública y grandes inversiones.

Adicionalmente, con la economía estadounidense creciendo a un 1% durante los próximos años, no está claro como China compensará sus menores exportaciones hacia EE.UU. Como si fuera poco las grandes posiciones chinas en bonos del Tesoro estadounidense han perdido considerablemente su valor al permitir EE.UU. la devaluación del dólar.

Pese a que los vínculos entre países desarrollados y en desarrollo se han tornado más aparentes con la recesión internacional, los vínculos políticos no han recibido suficiente atención. Durante el áspero debate en EE.UU. respecto de elevar el techo del endeudamiento fiscal, por ejemplo, la conclusión abrumadora de quienes siguieron el proceso fue que el sistema político estadounidense se ha polarizado y tornado disfuncional, casi empujando a EE.UU. a un default en su billonaria deuda.

Pero el sistema político no causó el problema; éste es reflejo del miedo y la incertidumbre respecto del deterioro de la economía estadounidense, los crecientes índices de desempleo y el descontrolado endeudamiento nacional. Cuando las cosas funcionan bien, es relativamente fácil alcanzar un consenso respecto de lo que se debe hacer, el que se puede resumir como un “más de lo mismo”. Cuando las cosas no funcionan bien o se están deteriorando nadie tiene el monopolio de la verdad.

Específicamente no hubo acuerdo en EE.UU. sobre qué hacer respecto del problema de la deuda. El espectro iba desde tomar medidas radicales para reducir la deuda a gastar incluso más para reanimar la economía y crear empleos. Muchas personas no quieren perder beneficios que ya tienen. El crecimiento bajo crea un juego de suma-cero, pues no todos pueden ganar. La polarización política se mantendrá en EE.UU. hasta que la economía vuelva a crecer.

Cuando la crisis global también los comience a afectar, los países sudamericanos que exportan commodities, que se han acostumbrado a un crecimiento rápido durante los últimos años, también verán aumentar la polarización política. En Brasil la presidenta Dilma Rousseff ya ha comenzado a hablar de la necesidad de controlar el gasto, lo que ha provocado una revuelta entre sus aliados en el Congreso contra las medidas que ha comenzado a implantar. En Chile, otra democracia sólida y la economía regional más competitiva internacionalmente, las huelgas y protestas de trabajadores y estudiantes se han intensificado, y con ellas la polarización izquierda-derecha. Incluso a los autócratas de la región les está costando más gobernar, pese a lo mucho que gastan para mimar a sus partidarios.

Tal vez lo único bueno que se puede decir del contagio o de los vínculos es que van en ambos sentidos. En otras palabras, cuando una o dos economías grandes vuelven a crecer, también aumenta la posibilidad de que la recuperación llegue a otros países.

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