Susan Kaufman es directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.
El hecho de que los países sudamericanos que exportan commodities hayan salido relativamente indemnes de la crisis de 2008-2009 llevó a la conclusión de que la región finalmente se había desvinculado de EE.UU. Dos años después ha quedado claro que esta conclusión fue, en el mejor de los casos, prematura, cuando no francamente errónea.
Brasil, el único país sudamericano que forma parte de los BRIC, ilustra la falacia de la teoría de la desvinculación. De una tasa de crecimiento de 7,5% en 2010, las estimaciones para 2011 han caído a 3,7%, según Morgan Stanley. La consultora rebajó la cifra para 2012 de 4,6% a 3,5%. Brasil sorteó la recesión durante 2008 y 2009 básicamente mediante crédito subsidiado por el fisco y aumentando el gasto público. La inflación resultante, que actualmente supera el 7% anualizado, tornará difícil que el gobierno utilice otra vez la misma receta. Agravando estos problemas la moneda brasileña, el real, que se ha apreciado un 47% respecto del dólar en menos de tres años, restando competitividad a las exportaciones manufacturadas brasileñas.
Al mismo tiempo China, cuya insaciable demanda por materias primas ha sido la principal fuerza detrás del boom de los commodities, también pareciera avanzar hacia tasas menores de crecimiento. Michael Pettis, de China Financial Markets, estima que el crecimiento económico de China comenzará a reducirse de manera significativa durante 2013-2014 y “alcanzará un promedio de 3% antes del fin de la década”, a menos que China modifique su modelo de crecimiento hacia otro que dependa más del consumo doméstico y menos de la deuda pública y grandes inversiones.
Adicionalmente, con la economía estadounidense creciendo a un 1% durante los próximos años, no está claro como China compensará sus menores exportaciones hacia EE.UU. Como si fuera poco las grandes posiciones chinas en bonos del Tesoro estadounidense han perdido considerablemente su valor al permitir EE.UU. la devaluación del dólar.
Cuando la crisis los comience a afectar, los países sudamericanos también verán aumentar la polarización política.
Pese a que los vínculos entre países desarrollados y en desarrollo se han tornado más aparentes con la recesión internacional, los vínculos políticos no han recibido suficiente atención. Durante el áspero debate en EE.UU. respecto de elevar el techo del endeudamiento fiscal, por ejemplo, la conclusión abrumadora de quienes siguieron el proceso fue que el sistema político estadounidense se ha polarizado y tornado disfuncional, casi empujando a EE.UU. a un default en su billonaria deuda.
Pero el sistema político no causó el problema; éste es reflejo del miedo y la incertidumbre respecto del deterioro de la economía estadounidense, los crecientes índices de desempleo y el descontrolado endeudamiento nacional. Cuando las cosas funcionan bien, es relativamente fácil alcanzar un consenso respecto de lo que se debe hacer, el que se puede resumir como un “más de lo mismo”. Cuando las cosas no funcionan bien o se están deteriorando nadie tiene el monopolio de la verdad.
Específicamente no hubo acuerdo en EE.UU. sobre qué hacer respecto del problema de la deuda. El espectro iba desde tomar medidas radicales para reducir la deuda a gastar incluso más para reanimar la economía y crear empleos. Muchas personas no quieren perder beneficios que ya tienen. El crecimiento bajo crea un juego de suma-cero, pues no todos pueden ganar. La polarización política se mantendrá en EE.UU. hasta que la economía vuelva a crecer.
Cuando la crisis global también los comience a afectar, los países sudamericanos que exportan commodities, que se han acostumbrado a un crecimiento rápido durante los últimos años, también verán aumentar la polarización política. En Brasil la presidenta Dilma Rousseff ya ha comenzado a hablar de la necesidad de controlar el gasto, lo que ha provocado una revuelta entre sus aliados en el Congreso contra las medidas que ha comenzado a implantar. En Chile, otra democracia sólida y la economía regional más competitiva internacionalmente, las huelgas y protestas de trabajadores y estudiantes se han intensificado, y con ellas la polarización izquierda-derecha. Incluso a los autócratas de la región les está costando más gobernar, pese a lo mucho que gastan para mimar a sus partidarios.
Tal vez lo único bueno que se puede decir del contagio o de los vínculos es que van en ambos sentidos. En otras palabras, cuando una o dos economías grandes vuelven a crecer, también aumenta la posibilidad de que la recuperación llegue a otros países.
"El hecho de que los países sudamericanos que exportan commodities hayan salido relativamente indemnes de la crisis de 2008-2009 llevó a la conclusión de que la región finalmente se había desvinculado de EE.UU. Dos años después ha quedado claro que esta conclusión fue, en el mejor de los casos, prematura, cuando no francamente errónea". Una vez más, Doña Susan emite comentarios faltos de sindéresis. Cuando uno lee el primer párrafo de su artículo, que me he permitido transcribir -literalmente- uno asume que era erroneo creer que se había producido la desvinculación de la región en relación a USA. Y, entonces, lee con frenesí el artículo para caer en cuenta que está plagado de lugares comunes: que LATAM vende "commodities"; que China arrastra el crecimiento y como éste ha empezado a reducirse entonces se reducirá el de LATAM; que Brasil no podrá aplicar las mismas medidas que le permitieron sobrellevar la crísis (y que, salvando las distancias han sido las medidas que aplicaron en Colombia, Chile y Perú para evitar el impacto de una crisis Made in USA). Pero, en NINGÚN lugar del artículo explica o da razones que expliquen porque era falso sostener la desvinculación de la región o, lo que era más esperado, que permitieran suponer que la VINCULACIÓN se mantiene. Hay que tener cierto rigor científico cuando se emiten opiniones y, Doña Susan, parece más bien estar deleitándose en una "supuesta" vuelta a la normalidad de ciclos económicos fallidos en Latinoamérica. Como que saborea un fracaso que - según todos los estudios procedentes del BID, BMI y FMI e inclusive de las Clasificadoras de Riesgo- es poco probable que se presente, menos tratándose de los países precitados en párrafos anteriores. Y, entonces, uno prefiere prestarle más atención a la mejora en la Clasificación que hace Standard del Perú que a una opinión que -disfrazada de lenguaje técnico- sólo demuestra que la catedrática Kaufman está realmente perdida cuando emite opiniones acerca de nuestro continente.
La primer economía mundial que representa un 25% del total no puede ser indiferente nunca. Pero que los sudamericanos crecen sobre todo en base a otros mercados y que están formando un cada vez más interesante mercado interno regional es innegable. De todas formas las variantes prácticas: el ALCA, consistente en ofrecerle un acceso privilegiado a USA que de todos modos no cesará de subsidiar a sus agricultores y/o levantar barreras para-arancelarias para protegerlos es lo mismo que nada. La Union Europea año tras año sueña con lo mismo: no se hagan clientes de los chinos pero nosotros seguimos protegiéndonos de sus más eficientes agricultores.
Concuerdo mas con el comentario 1 q con Miss Susan ... aunq no le quito credito en algunas afirmaciones como q disminuira el crecimiento en algunos paises de Sudamerica... pero en algunos paises como los citados en el comentario 1... volveran a pasar esta nueva situcion de riesgo bastante bien... Por ejemplo Perú todavia tiene varios millones de personas q no estan en el sector formal de la economia y q estan pasando año a año incrementando su mercado interno, algo asi como le sucede a china pero salvando las distancias... ademas los paises sudamericanos tambien tienen bastante por crecer en intercambio intraregional... q tambien viene tomando importancia año con año... yo le desiaria suerte a Estados Unidos ... porq si tiene suerte y recompone su economia a todos eso favoreceria ... saludos
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