Pekín, EFE. Las amplias reformas aprobadas por el régimen chino, que fortalecen el papel del mercado en la economía y refuerzan el poder del presidente Xi Jinping, se pondrán en marcha de una manera muy gradual y transcurrirá "aún un tiempo para que se hagan realidad".

Así lo aseguró en una rueda de prensa en Pekín Zhang Yansheng, secretario general del Comité Académico de la Comisión de Reforma y Desarrollo (equivalente a un ministerio chino de Fomento), quien anticipó que "la complejidad de la transición va a ser enorme".

Una semana después de que concluyera el Plenario del Partido Comunista chino (PCCh), en el que fueron aprobadas las medidas (aunque no se anunciaron hasta el viernes), Zhang aseguró que se trata de "un proceso que va a durar años".

El alto funcionario hizo una comparativa de la situación actual con la de finales de la década de 1980, cuando, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, se aprobaron unas reformas que supusieron la apertura de China al mercado.

Salvando las diferencias y las distintas prioridades, Zhang insistió en que "es el momento de establecer un sistema de mercado más sostenible", y añadió que uno de los principales cambios en el marco económico es que ahora "se pone el mismo énfasis en la importancia de la propiedad privada que de la pública".

Sin hablar de plazos ni dar mayores concreciones, Zhang aseguró que "se aplicarán políticas de competitividad más neutrales", y que "el Gobierno se retirará de algunos sectores y permitirá que el mercado se autorregule".

Hay tres objetivos, especificó: "el primero, desarrollar una economía de mercado más equitativa; el segundo, fomentar la innovación y la creatividad", y el tercero, "dar más responsabilidad al rol de China en el panorama internacional".

También reconoció que ahora "hay otras expectativas para China, como convertirse en una economía sostenible y reducir el impacto negativo de la contaminación (uno de los problemas más graves en el país) en la salud".

Para ello, afirmó que el Gobierno sopesa cambios en el modelo energético, excesivamente dependiente del carbón (que supone el 70% del suministro), y que se pretende impulsar el consumo de gas natural y de energías renovables.

Una de las iniciativas más comentadas, la de relajar la política del hijo único, de forma que se permita a las parejas tener dos vástagos si uno de los dos no tiene hermanos (antes los dos debían tener esta situación para que se les permitiera), fue interpretada por Zhang como una medida "tanto social como económica".

Zhang recalcó que la población china tiene ahora "una mentalidad diferente: se casan más tarde y quieren vivir mejor", e incidió en que, si no se flexibiliza esta política, se correrá el riesgo de que "la población joven no pueda sostener a una sociedad cada vez más envejecida".

La reducción de la draconiana política del hijo único, que ha acarreado en las últimas décadas masivas esterilizaciones forzosas y abortos selectivos, supondrá, según cálculos preliminares, alrededor de un millón más de nacimientos cada año.

"El objetivo es dar más poder a la población y al mercado", añadió Zhang.

No obstante, el documento final del Plenario también contempla el endurecimiento de la ya estrecha vigilancia de internet y marca la creación de una Comisión Nacional de Seguridad que "preserve el orden social y salvaguarde la soberanía de China".

Esta Comisión será dirigida por Xi Jinping, lo que da al líder el control directo de la policía, incluyendo las fuerzas armadas paramilitares (cuyo presupuesto actualmente es superior al del Ejército), blindando su poder en una "cartera" (la de Seguridad) que hasta ahora no recaía en el presidente.

La ambición de las reformas económicas y la concentración de autoridad hacen que se equipare la figura de Xi con la de Deng, y también que se perciba una mayor disciplina de partido bajo su mandato que la de su predecesor, Hu Jintao.

Indicios de un "neoautoritarismo" para algunos expertos, que ven más gestos de respeto de Xi hacia el que fuera líder de la "Larga Marcha", el viaje a través de China de las tropas del Ejército Rojo entre 1934 y 1935 que supuso la subida de Mao al poder.

Aunque diferente, el recorrido de las reformas también se prevé extenso y, según lo anunciado, parece que tratará de fusionar el dinamismo capitalista con el control del sistema unipartidista.