Las comparaciones no faltan cuando se trata de describir a Jair Bolsonaro. Algunos expertos y periodistas se refieren a él como el Donald Trump del Trópico, pero a veces como al Le Pen brasileño. Algunos incluso van un paso más allá. En la revista estadounidense Foreign Policy, el historiador argentino Federico Finchelstein compara los métodos de la campaña electoral de Bolsonaro con los de Joseph Goebbels, el propagandista de Adolfo Hitler. ("Bolsonaro no sigue el modelo Berlusconi, sino el de Goebbels”).

"Bolsonaro no es Hitler”, dice Federico Finchelstein en entrevista con DW. "Lo que experimentamos en todo el mundo no es un retorno de las antiguas dictaduras o fascismos, sino un ascenso de los políticos que desarrollan un sistema autoritario utilizando la democracia misma, pero quieren evitar el extremo de la dictadura”.

Bolsonaro, ¿odia la democracia, pero la utiliza para ganar poder?

Finchelstein, quien ha escrito varios libros sobre populismo y fascismo en América Latina y Europa, y es profesor del New School for Social Research en Nueva York, advierte que no se debe subestimar a Bolsonaro. En la campaña electoral, Bolsonaro calificó repetidamente a la democracia como una "porquería” y definió el tiempo de la dictadura militar en Brasil (1964-1985) como un tiempo de estabilidad.

La victoria del exmilitar, cuyo segundo nombre es "Mesías”, había sido ampliamente anticipada. Siempre encabezó las encuestas, pero superó todas las expectativas con 46 por ciento en la primera ronda. Fernando Haddad, su rival más fuerte del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), se quedó muy atrás con un 28,5 por ciento. El 28 de octubre, Bolsonaro disputará una segunda vuelta contra Haddad.

Una victoria de Bolsonaro en la segunda votación también es muy probable, según Federico Finchelstein. La primera ronda reveló los fuertes reflejos antidemocráticos en el pueblo brasileño. "Bolsonaro es misógino, racista, autoritario, se ha presentado como un instigador de la violencia y, sin embargo, ha sido elegido, y muy probablemente, aquellos que votaron por él en la primera vuelta, lo harán también la segunda”, dice Finchelstein.

Daniel Flemes, del Instituto GIGA de Estudios Globales y Regionales, de Hamburgo, es más cauteloso: "Creo que es difícil de predecir y mucho dependerá de cómo los dos candidatos desarrollen sus campañas en las próximas tres semanas”.

Las perspectivas de un probable triunfo de Bolsonaro generan sentimientos apocalípticos en América Latina. "La opción de Brasil está entre el pasado y el abismo”, titula la columna de opinión en el semanario argentino "Perfil”. Después de la primera votación, el politólogo argentino Esteban Actis responde en Twitter: "El abismo está aquí”. Otro periodista le explica a los lectores sobre el exitoso libro alemán del autor Timur Vermes "Él ha regresado”, y titula su propio artículo con "Hitler está de vuelta”.

En caso de que Bolsonaro gane la segunda votación, "el hecho tendría un masivo impacto negativo y perturbador en el futuro de la democracia en la región”, cree Federico Finchelstein. El mayor el peligro sería que Brasil, la democracia más grande de América Latina, pudiera servir de modelo para otros políticos y partidos populistas y xenófobos.

Bolsonaro, sin seguidores en América Latina. Por ahora

Pero también es cierto que "otros gobernantes conservadores de la región, como Macri en Argentina, Piñera en Chile, o Duque en Colombia nunca se han identificado con regímenes dictatoriales como Bolsonaro en Brasil”. En Argentina, por ejemplo, "un candidato que alabe la dictadura militar sería impensable”, dice Finchelstein.

¿Hay algún rayo de esperanza en forma de antídoto ante un populismo de derecha que parece extenderse sin control en todo el mundo? "Sí, por supuesto”, dice Federico Finchelstein, sin dudarlo.

"En primer lugar, todas las fuerzas democráticas deben ser conscientes de que estos movimientos son un ataque a la democracia”, advierte Finchelstein, y prosigue: "Soy un historiador y no un político, pero estoy convencido de que una política programática y orientada a los hechos es la mejor respuesta a ególatras como Bolsonaro, quien no tiene un programa; él es su propio programa. Bolsonaro es un típico populista que cambia de opinión cuando quiere. Solo sus decisiones son importantes”.

Por último, Finchelstein concluye que "contra la arbitrariedad de los irracionales programas de los populistas solo ayuda una sesuda visión y un programa de los demócratas”.