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69 toneladas y 40 metros de largo: así era el dinosaurio más grande del mundo
Jueves, Agosto 10, 2017 - 09:35

Desde su hallazgo en 2013 en la Patagonia de Argentina, la especie ha fascinado a todo el mundo. Hasta ahora, no tenía nombre.

Agencia SINC | Era hora de que el dinosaurio más grande del mundo conocido hasta el momento tuviera un nombre. Durante cuatro años fue un gigante anónimo, un monumental embajador del pasado lejano que imponía respeto. El naturalista inglés David Attenborough cayó fascinado a sus pies y le dedicó un documental. Desde enero de 2016, una réplica de sus restos alimenta el asombro de los visitantes del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. A partir de hoy el titanosaurio hallado en la Patagonia argentina se llama Patagotitan mayorum.
 
“Por lo general, los hallazgos paleontológicos se hacen en silencio y se dan a conocer a la comunidad muchos años después del descubrimiento a través de la publicación científica de un artículo –cuenta el paleontólogo argentino José Luis Carballido, uno de los autores del estudio e investigador del Museo Paleontológico Egidio Feruglio–. Pero esta vez intentamos algo nuevo. Lo hicimos al revés. Primero acercamos a la sociedad a la paleontología al mantenerlos al tanto de cada paso de la investigación, para que comprendan el trabajo de fondo y la importancia de la preservación del patrimonio nacional. Y ahora publicamos el primero de una serie de papers sobre el titanosaurio”. 
 
En el trabajo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, el gran dinosaurio descubierto en la provincia de Chubut en 2013 recibe un nombre (“Patago” por Patagonia; “titan” por las deidades griegas –símbolo de fuerza y tamaño– y “mayorum”, en honor a la familia Mayo, los dueños del rancho “La Flecha” donde los fósiles fueron encontrados), pero no solo eso. 
 
Los investigadores revelan también más detalles sobre la increíble anatomía de esta especie que vivió hace 101 millones de años. A partir de los fósiles recobrados de seis ejemplares distribuidos en tres niveles, pudieron calcular la masa corporal –69 toneladas, el equivalente a 14 elefantes africanos– y longitud –39,5 metros de largo, algo así como dos camiones con remolque, uno detrás de otro–. Esto convierte a esta criatura en la más grande que haya caminado sobre la Tierra. 
 
“Me llama la atención el diseño de las vértebras, son tan grandes. Realmente parecen la estructura de acero que tienen algunos edificios”, dice el paleontólogo Diego Pol, otro de los líderes del equipo científico e investigador del Conicet. “Mantenerse lo más liviano posible midiendo 39 metros de largo no debe haber sido fácil”, recalca. 
 
 
Una escena del crimen paleontológica 
 
Como muchas historias de detectives, todo comenzó por casualidad. Un día de 2011, mientras recorría a caballo las 13.000 hectáreas de la estancia La Flecha –ubicada a más de 1.300 kilómetros de Buenos Aires, en el centro de la provincia de Chubut–, un peón curioso llamado Aurelio Hernández observó algo distinto, un objeto que caprichosamente afloraba del suelo: un hueso solitario, distinto a los que dejan los animales habituales de esta zona desértica atravesada por la soledad y los fuertes vientos. 
 
Los meses pasaron y finalmente aquel hallazgo llegó a los oídos de los científicos del Museo Paleontológico Egidio Feruglio de Trelew que, con cinceles, cepillos, martillos y paciencia, se acercaron al lugar. Y entonces, lo vieron: primero la punta de lo que parecía un fémur –de unos 2,40 metros de largo–, y después una vértebra, y partes del cuello y del dorso. Era toda una escena del crimen paleontológico. 
 
“Lo que más me impactó fue la espectacularidad del sitio. Ya conocíamos otros dinosaurios de tamaño comparable al de Patagotitan, pero nunca habíamos visto tantos huesos grandes juntos en un mismo lugar”, recuerda Leonardo Salgado, paleontólogo de la Universidad Nacional de General Roca y miembro del equipo que trabajó en la excavación a 40 ºC a la sombra. 
 
Los restos estaban prácticamente intactos, algo que no se ve con frecuencia. De hecho, los fósiles de titanosaurios son escasos y fragmentarios. Las estimaciones sobre la masa corporal del dinosaurio más grande conocido hasta entonces, el Argentinosaurus, se basaron en menos de 20 fósiles descubiertos. En esta ocasión, en cambio, se hallaron en el yacimiento más de 200 fósiles de estos dinosaurios herbívoros en excelente estado de preservación, además de 60 dientes de terópodos o dinosaurios carnívoros de gran tamaño como el Tyrannotitan chubutensis. 
 
“Ya para la segunda campaña nos habíamos dado cuenta de que los huesos que iban apareciendo correspondían a diferentes individuos de una misma especie, que habían muerto en diferentes momentos, con varios años de diferencia tal vez”, explica José Luis Carballido. 
 
Los científicos no podían saber exactamente la edad que tenían o su género. Ni siquiera su color. “Analizando los huesos nos llamó la atención que todos los individuos eran animales adultos, pero jóvenes. Aún estaban creciendo lentamente. Si uno tuviera que compararlos con un humano, sería una persona de 18 años”, asevera. 
 
 
Misterios sin resolver 
 
Desde el momento en que los enormes fósiles fueron extraídos con retroexcavadoras, palas mecánicas y grúas y se anunció su descubrimiento, el “Titanosaurio” se volvió todo un ícono cultural. Se erigieron reproducciones artísticas tanto en la feria científica Tecnópolis en la provincia de Buenos Aires como en el ingreso a la ciudad chubutense de Trelew. Una réplica se levantó en el cuarto piso del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Se vendieron miles de objetos de merchandising y se filmaron varios documentales. 
 
Aunque los miembros de esta especie eran altos como un edificio de siete pisos, los paleontólogos estiman que probablemente caminasen más con el cuello paralelo al suelo. “En este animal, los miembros anteriores son más cortos que los posteriores. Hoy se piensa que mantener el cuello horizontal tenía una ventaja: no buscaban comer de las ramas más altas como hacen hoy las jirafas, sino cubrir una amplia área de alimentación sin mover mucho el cuerpo”, indica Carballido. 
 
Luego de 13 campañas y miles de hora de trabajo en el laboratorio, los científicos conocen más detalles sobre la anatomía XL de Patagotitan mayorum, pero quedan muchos misterios por resolver todavía. Uno de ellos es el cráneo. “Es la pieza más difícil de encontrar en muchos saurópodos y en especial en los titanosaurios. Nosotros solo encontramos un diente de estos animales con forma de cuchara. Se conocen solo cráneos relativamente completos de cuatro especies de titanosaurios, muy poco entre las cerca de 90 especies conocidas para este grupo o clado”, subraya Diego Pol. 
 
“Sería interesante saber más al respecto para poder evaluar si el gigantismo estuvo acompañado de cambios en el cráneo y en la dentición, dado que uno de los desafíos de ser gigante es poder ingerir suficiente alimento por día para mantener los requerimientos energéticos”, añade. 
 
El mayor enigma de todos, sin embargo, es otro: ¿Qué pasó en aquel lugar hace 101 millones de años, en el Cretácico? En ese momento Sudamérica era una gran isla de clima húmedo y de bosques frondosos con árboles de unos 15 metros de alto, una región habitada por una fauna particular de dinosaurios que evolucionaba de forma independiente a la del resto del mundo. ¿Qué tenía de particular en aquel sitio? ¿Se trataba de un cementerio de dinosaurios o un lugar al que acudían periódicamente a morir? 
 
Según el geólogo Alberto Garrido, el área por entonces era una planicie de inundación que conformaba el valle del río. Los depósitos eran principalmente fangosos y solían formarse además algunas pequeñas lagunas o charcos de agua alrededor de los cuales crecía una importante vegetación. 
 
“Los restos fueron hallados en tres niveles diferentes, separados por pocos centímetros entre sí. Cada nivel muestra distinto grado de preservación de los huesos, muchas veces con signos de pisoteo, lo que indica que los cuerpos sufrieron en cada caso un tiempo más o menos prolongado de exposición. Las evidencias apuntan a que pasaron algunos meses o años entre cada evento o muerte. Algo hacía que murieran allí. No existen evidencias de acumulación por arrastre de corrientes, tampoco de haber quedado empantanados en el terreno lodoso”, agrega el director del Museo Juan Olsacher de Zapala. 
 
Quizás estos descomunales saurópodos concurrían en manada durante épocas de sequía a la zona a beber y comer. Quizás algunos llegaban deshidratados y se desplomaban, quedando a la merced de los carroñeros que, al morder su gruesa piel, perdían varios de sus dientes. Se resuelvan o no estos interrogantes, ya forman parte de la historia del gigante Patagotitan mayorum.

Autores

Agencia SINC