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"Al psicoanálisis se lo ponderó de manera exagerada y se lo critica de manera injusta"
Jueves, Agosto 17, 2017 - 09:55

En su libro "Sí, el psicoanálisis cura", Juan David Nasio vuelca sus cinco décadas de experiencia y desmonta prejuicios.

En conflicto con una mitología a la que considera el disparador de una migración masiva hacia las terapias breves, el psicoanalista Juan David Nasio formula en su libro "Sí, el psicoanálisis cura" las conclusiones que ha recogido a través de cinco décadas de experiencia, a la vez que refuta los equívocos en torno a la duración de los tratamientos, su condición de "aventura intelectual" y la implicación entre analista y paciente.
 
El analista y psiquiatra radicado desde hace casi cincuenta años en París -donde se formó junto a Jacques Lacan- pasó por llegó a Buenos Aires para presentar un texto en el que, a medio camino entre lo confesional y lo ensayístico, pone al servicio las experiencias que ha tenido en su elegante consultorio con vistas al río Sena, para desmontar los prejuicios sobre el psicoanálisis, algunos de ellos alentados incluso por quienes lo ejercen.
 
La práctica no promueve la idea de que al final del tratamiento aguarda la felicidad o la armonía, sino un modo diferente de habitar el desamparo, la soledad y la infelicidad de la condición humana: para Nasio, vivir sin sufrimiento es imposible dado que este conserva un núcleo irreductible a la voluntad de domesticarlo. Sin embargo -y tal como sostiene taxativamente en su nuevo texto-, "el psicoanálisis cura".
 
"Hay una enorme injusticia en torno al psicoanálisis -dispara Nasio en entrevista con Télam-. Nosotros mismos lo hemos inflado tanto que evidentemente que provocamos un efecto indeseado. Se lo ponderó de manera exagerada y ahora se lo critica de manera injusta".
 
- Con esta obra desafía a la medicina pero en especial a la comunidad psicoanálitica, que seguramente no verá con buenos ojos esa afirmación tan tajante sobre la curación que preanuncia el título.
 
- Freud definió al psicoanálisis de tres maneras. Dijo que era una doctrina, un método de investigación que permite descubrir cómo funciona el psiquismo humano, y una terapéutica destinada a aliviar el sufrimiento de la gente. Tal vez no era necesario recalcarlo en 1925, cuando él vivía, pero en el mundo actual es importante poner el acento en que lo que hacemos los psicoanalistas está destinado a que la persona que nos consulta sufra menos.
 
Yo no quiero que siga prosperando esa visión general mitificada que surgió probablemente en la época de Lacan. Él representó una revolución tan extraordinaria del psicoanálisis que se llegó a concebirlo como una aventura intelectual. No, el psicoanálisis es ante todo un tratamiento terapéutico. Y de hecho no es frecuente que un paciente me plantee que viene a analizarse para conocerse a sí mismo. Todos vienen para relatar problemas de pareja, de familia... hay algo más que un malestar. Vienen con un sufrimiento, con síntomas. Y hay otros mitos: que el tratamiento es prolongado, que cuesta siempre una fortuna, que es doloroso. Nada de eso es el psicoanálisis que yo practico.
 
- ¿Bajo qué parámetros se mide la cura de un paciente?
 
- Desde el punto de vista psicoanalítico, uno está curado cuando consigue amarse tal cual es, cuando llega a ser más tolerante consigo mismo y, por lo tanto, más tolerante con el entorno. Siempre quedará una parte de sufrimiento, un sufrimiento irreductible, inherente a la vida, necesario a la vida. Vivir sin sufrimiento no es vivir. Aún así no digo que todos los pacientes se curan ni que todo paciente que terminó su terapia está perfecto. No hay ningún método, ninguna terapia ni medicamento que dé cien por ciento resultado ¿Qué significa estar curados? Amar al niño que fuimos y que sigue viviendo en nosotros. Ser adulto es permitirnos jugar como un niño sin sentirnos ridí¬culos. En general, un paciente llega al final de análisis cuando desciende al interior de sí¬ mismo y se da cuenta que posee lo esencial de lo que deseaba: la fuerza de vivir.
 
 
- Usted se posiciona lejos del estereotipo del analista mudo y ausente. ¿En qué aspectos toma distancia del paradigma de analista ortodoxo?
 
- Me interesa la proximidad del paciente. Me siento cerca, me implico en su relato. Y por otra parte no utilizo para nada el método de la asociación libre que creo que ningún analista utiliza aunque muchos digan que sí. Freud lo quiso explorar para facilitar la emergencia de pensamientos y sentimientos inconscientes, pero no se instituyó como método universal.
Lacan mismo lo dijo: la regla de la asociación libre está para ser dicha pero jamás aplicada. Yo trabajo mucho con el discurso del paciente pero también con fotos y otros registros de su intimidad. Quiere decir que estoy cerca sin que esto genere algún tipo de familiaridad. Y establezco con el paciente dos tipos de empatía: siento lo que él siente y trato de sentir lo que él no siente pero sí sintió siendo niño. Una buena escucha comienza por una observación precisa que implica poner a disposición del paciente toda mi sensibilidad. Me gusta analizar cómo aprieta su mano el paciente al saludarme, así como observar las carteras o bolsas que trae consigo a la consulta. A veces hasta incluso pregunto "¿Qué lleva usted ahí?".
 
- En el libro dice que detrás de la tristeza se esconde el odio y que el punto de partida de un paciente triste es identificar el odio que trae consigo. ¿A qué tipo de tristeza se refiere?
 
- Hay una diferencia entre la tristeza normal y la tristeza depresiva. Esta segunda depresiva es invasora, difícilmente reductible a pesar de los tratamientos y los antidepresores. Es una tristeza que no se sabe de dónde viene. Provoca acritud. El depresivo es colérico, se enoja fácil y hace recriminaciones a sí mismo y a los otros. No es alguien solo apagado. Está enojado con la vida y además siente mucha culpabilidad. La tristeza depresiva surge con el sentimiento de haber sido injustamente maltratado, herido o abandonado. Con la tristeza depresiva la voluntad está muerta, como define Antonio Machado en un poema.
 
- "Vivir sin sufrimiento no es vivir". ¿Se refiere a que no es posible neutralizarlo o a que algún tipo de sufrimiento es condición necesaria para afrontar la vida?
 
- El sufrimiento forma parte de la vida, pero además nos permite aprender y defendernos mejor e incluso anticiparnos a las situaciones. Es imposible evitarlo, erradicarlo en su totalidad. Ni siquiera lo logran los monjes budistas, cuyo principio es no desear para no sufrir.
 
En parte es cierto: a partir del momento en que uno desea ya sonó. Uno quiere algo y frente a eso, o lo tiene y lo pierde o no lo tiene y sufre. Cuando los budistas dicen que no hay que desear yo pienso: "Ah, que simpáticos. ¿Cómo hacen? No se puede no desear". Freud lo decía: de todas las causas del sufrimiento la más intensa es el amor.
 
A partir del momento en que uno ama, corre el riesgo de perder y sufrir. Cuando estoy apegado al otro, las condiciones para sufrir están dadas: celos, abandono, soledad, traición. Una historia de amor que dura es como un cuerpo que tiene cicatrices. No hay historia de amor duradera sin cicatrices. Todo amor tiene el destino del dolor.
 

Autores

Julieta Grosso/ Télam