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La película "Gloria" en el Chile incómodo
Dom, 19/05/2013 - 16:29

Lino Solís de Ovando G.

Minería a gran escala en Ecuador: ¿nuevas ganas de vomitar?
Lino Solís de Ovando G.

Lino Solís de Ovando G. es periodista y escritor. Se desempeña como editor general de AméricaEconomía.com. Ha trabajado para los medios Las Últimas Noticias (Chile) El Mostrador (Chile), Ecuavisa (Ecuador), y colaborado para variados medios latinoamericanos. Uno de sus libros infantiles fue elegido en 2012 para integrar las Bibliotecas Populares de México. Es parte del staff de escritores de Pearson para su colección 2015 de literatura Infantil/Juvenil para América Latina.*Cuenta Twitter: @lsolisdeovando*Cuenta Facebook: Lino Solís de Ovando

Si viaja a Chile, no celebre cuando el avión aterriza en suelo local. Si siente el genuino impulso de unir las sudadas palmas para celebrar que por fin la aeronave aterrizó, porque se acabaron esos sube y baja que la tenían con el corazón en la mano; si temía lo peor y se salvó, y por eso aplaude, entonces, es mejor que sea consciente de que los chilenos la van a mirar mal si fluye sin tapujos. Flaite, longa, gamín; van a pensar lo peor de usted.

En Chile también es de mal gusto aplaudir cuando termina una película. Así lo dicta el protocolo nacional de lo implícito, en un país lleno de reglas invisibles.

Pese a todo, las chilenas han retornado los vítores a las salas locales, y todo por "Gloria", filme del local Sebastián Lelio y con notable actuación de Paulina García, actriz premiada en el reciente Festival de Cine de Berlín. Las mujeres trajeron consigo también las sonrisas que se mezclan con la emoción, esas muecas que vuelven vidriosos los ojos.

Gloria tiene 58 años de edad, es chilena, una mujer separada, distanciada de sus hijos, una de tantas que buscan emociones en fiestas para gente que roza la tercera edad. Aunque en realidad lo que busque sea calidez, ternura, una compañía en quien confiar durante la vejez. La cacería de una especie extinta, un tigre dientes de sable en un país donde los chilenos se unen cuando ocurren grandes tragedias contra la patria -el plebiscito contra Pinochet, el terremoto de febrero 2010, los 33 mineros atrapados...-, eventualidades que los acercan y que por un tiempo dejan el influjo de hacerlos considerar, aunque sea sólo con un afirmativo meneo de cabeza, al que va sentado al lado en uno de los atestados buses del Transantiago o en uno de los vagones del impoluto metro de la capital.

Los chilenos, más que en lugares cálidos, se sienten cómodos en lugares limpios.

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La búsqueda de Gloria es totalmente accidentada y cree hallar en el recién separado Rodolfo a ese compañero de ruta. Se trata de un débil hombre de 62 años, incapaz de poner límites, manipulado a destajo por su ex mujer y por "las niñitas" que lo controlan y le impiden vivir su presente.

Gloria, no obstante, construye un plan B, un camino alternativo de redención: la risa, tras haberse equivocado en 'poner todas las fichas' en otro, pensar que el amor y los hijos lo son todo y abandonarse. Gloria, la mujer de los anteojos severos, se rehace y logra enaltecer su dignidad, en un país que mira con sospecha la alegría femenina. Porque como ya se ha mencionado acá, en Chile incomodan muchas cosas, y nada tanto como una mujer que deja de pensar en la familia.

Pero habría que entender el entusiasmo que ha despertado la figura de Gloria como un germen, un optimismo en estado larvario, un mínimo aceptable desde donde partir a zonas más elevadas.

Esperemos que algo polinicen los 35 mil espectadores que ya la han visto, a través de la conversación durante un asado entre amigos o en la sobremesa familiar, aunque la película aflore en un país donde las mujeres también llevan en el corazón a Ana López, la dueña de casa de la familia Herrera -clan que protagoniza la exitosísima serie nacional "Los 80"-, defensora del decoro, de las "buenas costumbres"; mientras que Gloria vive sola, disfruta de un pisco sour en la barra de un bar, de un whisky, baila sola, conversa con su ex marido sin rencor, fuma por las noches un "pito" de marihuana y se ríe sola, por qué no, y es capaz de jugarle a Rodolfo una feroz chiquillada para demostrarle que es todo un cagón. Una paradoja que se explica, en parte, porque Ana López es en Chile a los valores de una dictadura impregnada, lo que "Gloria", la bienvenida y nueva Gloria, es a la transición hacia una democracia que a ratos también nos incomoda a los chilenos.

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