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Las nuevas rivalidades geopolíticas en el Índico
Jue, 12/02/2015 - 08:33

José E. Mosquera

La interconexión eléctrica Colombia-Centroamérica
José E. Mosquera

José E. Mosquera es periodista y escritor colombiano. Es columnista de los diarios El Tiempo, El Espectador, Portafolio, El Colombiano, El Mundo, La República, La Patria, El Liberal, El Universal y La Tarde (Colombia), La Nación (Costa Rica), La Prensa, La Estrella de Panamá y El Panamá América (Panamá), El Heraldo (Honduras), Tal Cual (Venezuela) y El Nuevo Diario (República Dominicana), entre otras publicaciones nacionales y extranjera.

El Índico es el tercer océano en importancia en el mundo y cubre desde el Este de África, Oriente Medio, el sur y el sureste asiático hasta Australia, el 20% de la superficie del planeta. Por sus aguas se transporta el 70% de la producción mundial de petróleo y es el paso obligado del tráfico marítimo que se mueve entre Europa, el Oriente Medio, África Oriental, el Sudeste Asiática y Asia-Pacífico.

Su preponderancia no obedece simplemente a la importancia que tienen sus rutas marítimas, sobre todo los conflictivos estrechos de Malaca, entre Malasia e Indonesia, por donde pasa buena parte del petróleo que consume China, Japón y Corea; el paso de Ormuz, por donde sale petróleo del Golfo Pérsico y los de Bósforo y Bab Al-Mandeb, este último, que une al Mar Rojo con el Mediterráneo, sino al hecho de que en su área de influencia vive el 60% de la población mundial y eso tiene un enorme peso dentro del ámbito de la geopolítica, la economía y el comercio mundial.

Además de este entramado geopolítico, también es un centro estratégico y neurálgico del denominado arco del Islam, que va desde Somalia hasta Indonesia y que comprende los países del golfo Pérsico y Asia Central. Por el crecimiento económico que han alcanzado China e India, dos países que albergan el 40% de la población mundial, este océano se ha convertido en un nuevo escenario de disputas geopolíticas. Se vaticina que en los próximos años será epicentro de quimeras globales, en la medida que avancen y se consoliden los poderíos económicos y militares de China e India.

China es el país más poblado y el mayor importador y consumidor de hidrocarburos del planeta, cuyo abastecimiento se hace a través de las rutas de este océano. A su turno, India es el segundo país más poblado y el cuarto mayor consumidor de petróleo del mundo. Su abastecimiento se realiza por estas mismas rutas.

Ambas economías se disputan la hegemonía en este vasto océano debido a que por éste se transportan sus grandes importaciones energéticas. Por consiguiente, para estos dos países “garantizar la libre navegación por sus aguas se ha convertido en una necesidad de primer orden”. Por ello “ambos se han lanzado en una carrera de toma de posiciones y han estructurado ambiciosos planes de construcciones navales y militares que convertirán al Índico en un importante tablero geopolítico en las próximas décadas”.

Un estudio de la marina estadounidense resalta que “el Índico y sus aguas adyacentes serán teatro central de conflictos internacionales y de competencias en este siglo” y concluye que “por el tamaño de las economías de India y China, éstas tendrán un mayor protagonismo en la seguridad de la región y serán actores principales en la configuración de un nuevo orden en esta cuenca y en la del Asía-Pacífico”.

Por esa preponderancia se desprende la importancia de la doctrina de Obama del giro estratégico de su política exterior en el sureste asiático, cuando dijo en su visita a  Australia: “Asia con el poder nuclear que tiene y la mitad de la humanidad definirá buena parte del rumbo del mundo en este siglo y como presidente he tomado una decisión estratégica, que Estados Unidos desempeñará un papel más amplio en la conformación de esta región y su futuro”(.) nuestra presencia y misión en el Asía-Pacífico será una prioridad de alto nivel (…) nuestros intereses duraderos en la región demandarán de nuestra presencia duradera”.

Estados Unidos, para echar al ruedo su política, se ha asegurado de ser un aliado militar estratégico de India, Australia y otros países de la región. Su política está encaminada a minar la supremacía de Beijing y la expansión de la influencia de los países del arco del Islam en zona y con el sofisma de la lucha contra el terrorismo lograr que el Pentágono tenga un control militar más audaz sobre las rutas marítimas del Índico y el mar del sur de China. En resumen, Estados Unidos, observa con bastante preocupación el decrecimiento de su influencia geoestratégica en la cuenca del Índico y los avances de las rivalidades de China e India por el control de la tercera cuenca geográfica y geopolítica más importante del mundo.