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China y su nueva realidad demográfica: decrecimiento poblacional, efectos y proyecciones
Lun, 22/01/2024 - 08:00

Pamela Aróstica

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Pamela Aróstica

Directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).

China, conocida como el país más poblado del mundo, dejo de serlo el 2023 ubicándose en segundo lugar detrás de India y en la actualidad enfrenta una nueva realidad demográfica, el decrecimiento poblacional.

Este fenómeno es una tendencia en los últimos años y plantea desafíos significativos. En base a datos publicados el miércoles 17 de enero de 2024 por la Oficina Nacional de Estadísticas de China, en 2023 la población total cayó en 2,08 millones de habitantes hasta 1.409,67 millones, siendo la segunda caída anual consecutiva.

La tasa de natalidad fue la más baja desde que comenzaron los registros en 1949, con 9,02 millones de nacimientos, un 5,6% menos en comparación a los 9,56 millones de 2022. Y la tasa de mortalidad nacional se elevó a 11,1 millones de personas (7,87 por cada 1.000), la más alta desde 1974.

A lo largo de décadas, China implementó diversas políticas para controlar el crecimiento de la población, con políticas claves como: a) La política del hijo único de 1979 a 2015, con el objetivo de abordar el rápido crecimiento de la población, limitando a las parejas del sector urbano a tener un solo hijo; b) Ajustes a la política del hijo único en 2013, China comenzó a permitir que las parejas en las que al menos uno de los cónyuges fuera hijo único pudieran tener dos hijos. Fue el primer intento por abordar los desafíos demográficos que se aproximaban; c) Fin de la política del hijo único en 2015, se abandonó oficialmente la política del hijo único al permitir que todas las parejas tuvieran dos hijos.

Desde 2021, se permite a la población tener un tercer hijo y en 2022 la agencia de planificación familiar anunció que «promovería los valores tradicionales» para impulsar la natalidad, marcando un punto de inflexión histórico.

Aunque la política del hijo único se terminó en 2015, los cambios demográficos no se revirtieron. La estructura demográfica de China cambió, y la política del hijo único en sí misma tuvo un impacto en la planificación familiar y en una nueva pirámide poblacional menos equilibrada en la proporción entre población joven y población de la tercera edad.

En la actualidad China enfrenta preocupaciones significativas sobre el decrecimiento poblacional y sus proyecciones, los principales desafíos son:

a) Desafíos por el envejecimiento acelerado de la población: Las políticas de planificación familiar como la política del hijo único, ha dejado huella. La pirámide de población comienza a tener una base más estrecha y una cúspide más amplia, lo que implicará menos población joven y económicamente activa. Esto plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y la capacidad del país para proporcionar atención médica y servicios adecuados a una creciente población mayor.

b) Desafíos económicos: El envejecimiento de la población tendrá impactos en la fuerza laboral, en la productividad económica, aumentará la carga en la población joven sobre los sistemas de seguridad social, servicios de salud y pensiones.

c) Desafíos sociales y culturales: Factores socioeconómicos, culturales y de estilo de vida en China, han influido en las decisiones de las parejas chinas para tener menos hijos. También se considera el alto costo de la vida en comparación a una década atrás junto a una mayor incertidumbre post pandemia de COVID-19. A su vez la mujer tiene un nuevo rol en la China actual y opta por retrasar la vida en pareja y la maternidad debido a prioridades educativas y profesionales.

En base a lo anterior, el decrecimiento de la población en China tiene efectos que repercuten en diferentes aspectos de la sociedad, la economía y la política.

Algunas áreas clave son: La mayor presión sobre la fuerza laboral; el aumento de la carga sobre los sistemas de seguridad social; los cambios en la estructura demográfica con una disminución de la población más joven con efectos en la educación, la vivienda y otros servicios destinados a diferentes grupos etarios; la sostenibilidad del sistema de pensiones y presión sobre el sistema de salud entre otros aspectos.

Para abordar estos desafíos, el gobierno chino ha implementado medidas, algunas de estas incluyen el estímulo a la natalidad desde 2018 por medio de subsidios y beneficios fiscales para las parejas que decidan tener más hijos; permisos de maternidad extendidos para posibilitar más tiempo para el cuidado de los hijos; apoyo a la educación y cuidado infantil para mejorar su acceso y que las parejas puedan equilibrar el trabajo y la vida familiar; financiamiento de tratamientos de fertilidad introduciendo tecnología reproductiva en el sistema médico nacional del país; flexibilidad laboral aplicada en muchas ciudades en los últimos dos años con horarios flexibles y la opción de trabajar de manera telemática para empleados con niños; entre otras medidas.

Sin embargo, la tendencia del decrecimiento poblacional en China no ha cambiado y se ha acentuado el 2023 con proyecciones complejas.

Esta tendencia también tendrá repercusiones a nivel geopolítico y en el contexto de la economía global.

En perspectiva geopolítica, China tiene como meta posicionarse como una superpotencia a mediano plazo, sin embargo, si la pirámide poblacional tiene menor población joven y en edad activa, eso puede incidir en sus planes futuros.

Y en perspectiva de una economía global e interdependiente, la disminución de la fuerza de trabajo en China podría afectarla, dado que menos trabajadores significan una menor contribución al crecimiento económico y un posible aumento en la carga sobre aquellos que aún están en edad de trabajar.

Este desequilibrio podría tener repercusiones a largo plazo en la competitividad económica china a nivel global. Además el decrecimiento de la población tendrá un impacto en el consumo, una población más concentrada en la tercera edad, puede tener patrones de consumo diferentes, con una mayor demanda de servicios de atención médica y menos gastos en bienes y servicios asociados con la juventud, como la educación, la vivienda y bienes de consumo.

Una contracción en el consumo debido al cambio en la curva demográfica china, también tendrá repercusiones para las exportaciones de América Latina, como proveedor de alimentos, energía y materias primas.

También es posible proyectar un impacto en la innovación y la productividad de China, debido a que una fuerza laboral más pequeña y envejecida, podría afectar la capacidad del país para innovar y mantener altos niveles de productividad. La innovación es uno de los pilares de la economía del siglo XXI y sus avances a menudo son impulsadas por una población joven y dinámica.

El decrecimiento poblacional en China no es solo un problema demográfico, sino un fenómeno complejo con ramificaciones a nivel político, económico, social, cultural y también geopolítico.

Los cambios en las políticas implementadas por este país, buscan abordar los desafíos demográficos, pero también plantean nuevas cuestiones y desafíos, como el equilibrio entre la oferta y la demanda de servicios sociales, el apoyo a la población mayor, la gestión de recursos, el impacto a nivel de la economía global y en su posicionamiento geopolítico.

Y a nivel social y cultural, la necesidad de cambiar las percepciones culturales sobre el tamaño de la familia y el papel de la mujer en la sociedad se vuelve apremiante.

Las políticas que fomenten la conciliación entre el trabajo y la vida familiar podrían ser cruciales para revertir las tendencias a la baja en las tasas de natalidad. China deberá adoptar medidas audaces y adaptar sus políticas para abordar esta nueva realidad demográfica, lograr equilibrar la pirámide poblacional, será un desafío que requerirá estrategias a largo plazo.