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El rugoso carrusel metálico del dólar y el oro
Mar, 07/05/2019 - 14:23

Max Schwarz

Los detalles del potencial dormido de la minería peruana
Max Schwarz

Max Schwarz es Doctor en Ingeniería Industrial, y Profesor Asociado a la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad de Lima (Perú).

Al 2019, el valor de los metales base (principalmente cobre, zinc y plomo) depende esencialmente de China y de sus inventarios, siendo así que cuando China, el principal comprador del mundo, completa sus stocks, entonces para de comprar y cancela órdenes, derrumbando automáticamente los precios hasta valores que hacen incluso inviable seguir operando minas por parte de algunos productores. A diferencia de cuando los stocks se agotan y se requiere reponer inventarios. Ahí, China empieza a comprar masivamente, iniciándose un rally que lleva los precios a la estratosfera, con un ciclo de alza que terminará cuando se complete el stock requerido en el inventario del gigante asiático. Este ciclo es ampliamente conocido y genera una oscilación más o menos ordenada, hasta predecible para los propios mineros, siempre y cuando el metal no tenga reemplazo claro (el día que reemplacen alguno de estos metales con algún sustituto perfecto, ese día el mercado se acabó para siempre y la fiesta habrá terminado).

En el caso de los metales preciosos (oro, plata, platino y similares), el mercado es distinto y su precio solo se compone por la oferta y demanda de los bancos centrales (europeos, americanos y asiáticos), además de las refinerías de metales más grandes del planeta, con algunas distorsiones que vale la pena resaltar y que surgen ahora de mercados asentados en India, Rusia y China. El precio del oro ha dado saltos significativos, pero se mantiene hoy conveniente y artificialmente bajo, con el único objetivo de resolver la estrategia coyuntural de un mercado que requerimos entender con mayor claridad contextual, como argumentamos líneas abajo.

Si el valor del dólar estuviera sustentado con respaldo en oro físico, entonces la onza de oro marcada en Londres debería superar los US$8 mil a valor de mercado, sin embargo, desde 1971 esto no ocurre así y el precio del dólar solo se sustenta en la confianza que podemos tener en la economía norteamericana (que gracias a su tamaño y su capacidad de producción industrial y consumo interno es bastante robusta) y claro, también en la confianza definida en la demanda de dólares como moneda de intercambio mundial, frente a la inflación creciente y la relativa pérdida de valor de las monedas locales.

Este fenómeno cuenta con el agravante de la ya histórica emisión continua de paquetes monetarios que superan los $700K MM que se añaden a la masa monetaria mundial de dólares en cada gobierno americano de turno, sin que ello mueva un milímetro la aguja inflacionaria y eso solo se puede deber a la enorme maquinaria económica y a la fuerza significativa de producción y consumo de la economía norteamericana, donde se calcula que puede incrementarse la masa aun hasta tres veces más de la oferta emitida en los últimos cinco años, sin ver consecuencias inflacionarias que deban preocuparnos por el momento.

Como consecuencia de ello, el precio del oro es artificialmente bajo y al 2019 la onza de oro apenas bordea los US$1.250 con algunas características peculiares que vale la pena resaltar, pues teóricamente deberían presionar al alza el precio del oro con fundamentos, cosa que no ocurre en la realidad, a pesar del hecho de que la producción mundial de oro ha decrecido y cada vez es más difícil poner a operar una nueva mina de oro (por cuestiones económicas hasta sociales y ambientales), y porque para obtener oro físico, en cantidades significativas, debes ponerte en lista de espera de al menos ocho meses, pues toda la producción de las minas actuales ya está comprometida y en muchos casos ya está comprada.

Estos hechos deberían hacer que la onza de oro supere al menos los US$3.500, pero tampoco es así y se mantiene el oro artificialmente bajo, por debajo siempre de los US$1.250 para que un pequeño conjunto de bancos centrales compren masivamente toda la producción mundial formal a precios irrisorios, con la finalidad única de reponer una reserva (que no tienen) que los proteja frente al potencial derrumbe futuro de cualquier moneda basada solo en la confianza.

Esa es la razón por la cual los bancos centrales europeos y la Reserva Federal norteamericana acumulan oro de manera masiva; y esa es la razón por la cual China ha empezado un proceso significativamente creciente para respaldar el yuan con oro (esto último, con algunas estrategias de acumulación de oro cuestionables, como que China se ha convertido en el principal comprador de concentrados auríferos que luego refina para incorporar barras propias a su reserva). Por supuesto, la otra excepción, aunque volumétricamente menor, es la India, donde por cuestiones culturales existe un masivo consumo de oro personal en forma de joyas entre la población, las cuales son surtidas a partir de un conjunto de siete grandes refinadores locales que compran cerca del 4% de la producción mundial de oro.

Por otro lado, está claro también que China y Rusia, como otros países esencialmente anti-norteamericanos, acumulan oro estratégicamente para usarlo como medio de pago del petróleo que obtienen de países como Irán y similares, que no aceptan dólares, pero sí oro físico.

Con todo esto, no es de extrañar que las reservas de oro de los bancos centrales en la práctica no sean "retirables" y que a varios países les haya resultado un drama repatriar sus reservas (el problema es que ya no están) y esto no se va a normalizar hasta que alcancen un mínimo de reservas que actualmente no tienen.

En conclusión, queda claro que dado el distorsionado mercado mundial, quizá sea el momento de adquirir oro o de invertir estratégicamente en nuevos proyectos mineros de oro o de hacer inversiones en derivados de dicho metal. Nadie lo sabe ni tiene una visión mágica para ello. El precio del oro y de la plata está literalmente en el suelo. Sea por causas artificiales o no, el hecho concreto es que el mercado presenta interesantes distorsiones que pueden representar oportunidades y amenazas, dependiendo del cristal con el cual lo mires. Un nuevo reto de contexto para el inversionista sofisticado.

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