Pasar al contenido principal

ES / EN

¿Por qué es controversial hablar de "Sectores Estratégicos"?, parte I
Mar, 19/03/2024 - 08:00

Farid Kahhat

Las buenas noticias que trae el fallido atentado a Times Square
Farid Kahhat

Peruano, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin. Fue comentarista en temas internacionales de CNN en español, y actualmente es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP (Perú) y analista internacional.

 “Planificación estratégica” es una frase crucial en el ámbito de la gestión empresarial que, a juicio de algunos gurúes en la materia, sería mejor no pronunciar cuando se habla del Estado.

Un autor clave en esta veta de la literatura sobre negocios es Tsun Tzu. La paradoja implícita se torna evidente cuando recordamos que la obra por la que Tsun Tzu es recordado lleva por título “El Arte de la Guerra”, es decir, una actividad estatal por antonomasia. 

Pero, a diferencia por ejemplo de la teoría de juegos, en donde la palabra “estratégica” tiene un significado preciso , el empleo del término en debates de índole político suele ser impreciso: en ese contexto, el término sugiere que el área de actividad en cuestión es de gran importancia para el Estado, sea por razones económicas o de seguridad.

Es decir, se convierte en un sucedáneo de la perspectiva que brinda la teoría realista en relaciones internacionales sobre la seguridad del Estado.

Esa perspectiva se basa en la concepción de la guerra contenida en el texto antes citado de Tsun Tzu, según el cual “El arte de la guerra es de vital importancia para el Estado. Es una cuestión de vida o muerte, un camino que lleva a la seguridad o a la ruina”

Desde la perspectiva realista las políticas de seguridad tienen como propósito o bien prevenir la guerra o, de tener que afrontar una, conseguir mediante ella los objetivos políticos del propio Estado (que, en orden decreciente de importancia, suelen ser el garantizar su existencia, su integridad territorial, y su capacidad de tomar decisiones con autonomía).

Dado que garantizar la existencia del Estado se presenta como condición necesaria para alcanzar cualquier otro fin (como el de alcanzar el bienestar material), la seguridad es importante por naturaleza y garantizarla justifica el empleo de medios costosos y excepcionales (como, por ejemplo, el restringir derechos). Al asociar el debate sobre la existencia de sectores o recursos estratégicos con esa perspectiva de la seguridad, se pretende brindarles el sentido de urgencia que ello implicaría, así como justificar el empleo de medios costosos y excepcionales.

Por ejemplo, durante la pandemia del Covid19 Donald Trump se definió como un “presidente en tiempos de guerra” para explicar las medidas excepcionales que adoptó para afrontarla : invocó el Acta de Producción para la Defensa (adoptada en la década del 50 durante la Guerra de Corea), con el propósito de obligar a la compañía General Motors (GM) a proveer ventiladores clínicos al gobierno federal de los Estados Unidos. Es decir, obligó a una empresa privada a fabricar bienes que esta no producía, obligándola además a producirlos en un plazo, cantidad y precio establecidos por el gobierno federal, el cual sería por lo demás el único comprador de esos bienes:  algo que, bajo condiciones normales, sería incompatible con una economía de mercado. El tema ya venía siendo negociado entre el gobierno federal y General Motors, pero, como dijera el propio Trump, “Nuestras negociaciones con GM en torno a su capacidad para proveer ventiladores ha sido productiva, pero la lucha contra el virus es demasiado urgente para permitir que el toma y daca del proceso de contratación continúe su curso normal” . 

Como sugiere el ejemplo anterior, aunque no exista una definición consensuada sobre lo que define un sector de la economía como estratégico, tampoco es el caso que esa definición sea del todo discrecional: aún alguien que no acepta la existencia de sectores estratégicos, por ejemplo, podría, cuando menos en principio, estar de acuerdo con que una pandemia implica un grave riesgo para la economía y la salud pública de un Estado, y que ello ameritaría el empleo de medios costosos y excepcionales para afrontarla.

Otro ejemplo similar sería el argumento que esgrimió otro gobierno republicano en los Estados Unidos para justificar la intervención del Estado en la economía para rescatar con fondos públicos a entidades crediticias privadas durante la crisis financiera de 2008. En palabras del entonces Secretario del Tesoro, Henry Paulson, sobre el rescate de dos entidades dedicadas al crédito hipotecario, Fannie Mae y Freddie Mac: “Fannie Mae y Freddie Mac son tan grandes y están tan entrelazadas con nuestro sistema financiero que la quiebra de cualquiera de ellas ocasionaría una gran conmoción en los mercados financieros aquí en el país y alrededor del mundo. Esta conmoción impactaría de manera directa y adversa la riqueza de los hogares (…). Y la quiebra sería perjudicial para el crecimiento económico y la creación de empleo. Es por eso que hoy tomamos estas acciones”.

Es decir, el Secretario del Tesoro justificó el rescate de entidades privadas con fondos públicos argumentando que la quiebra de esas entidades tendría un efecto sistémico sobre la economía tanto de los Estados Unidos como mundial.

Autores