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Angela Merkel, una mujer de carácter
Viernes, Diciembre 9, 2016 - 12:55

Bajo el mandato de la “reina de Europa que nadie coronó", Alemania recuperó prestigio político.

El Observador | Es considerada una de las mujeres más poderosas del mundo, apodada la nueva dama de hierro o descrita como "la reina de Europa que nadie coronó", a decir del sociólogo alemán Ulrich Beck. También se ganó el alias de Mamá Angela cuando abrió las puertas de Alemania para acoger a los desplazados de los conflictos de Siria y África.

Si bien Angela Merkel arrancó tardíamente en la política y posee una formación científica, tuvo una carrera meteórica que la llevó del Parlamento alemán a ser la primera canciller de ese país. Bajo su influencia, Alemania recuperó prestigio político, que volvió a acompañar al carácter de potencia económica luego de años oscuros de guerra y posguerra.

Ha tenido en sus manos el destino de Europa y ha manejado el timón con la potestad de torcer hacia un lado y otro la suerte de la Unión Europea o de países que integran el bloque. Grecia es un ejemplo de ello, ya que contó una y otra vez con la influencia de Merkel para obtener sendos rescates económicos y evitar la huida de uno de los miembros de la Eurozona.

Pero mientras unos la consideran una salvadora de la unidad y artífice de la consolidación del continente, otros sostienen que su política de austeridad es una amenaza para el proyecto comunitario y que ha apretado demasiado la soga sobre los pueblos de naciones como la propia Grecia, Portugal o España, en su momento.

Su papel no ha sido solo importante en la interna europea, sino que se ha convertido en protagonista en conflictos internacionales en los que ha aportado soluciones o bien ha mediado para que las partes intenten acercarse. Su cercanía con el presidente ruso, Vladímir Putin, la ha tenido como jugadora en distintos tableros geopolíticos.

Tal es el caso de la crisis que enfrentó a Ucrania y Rusia o la guerra siria, pero también ha estado presente en el indisoluble problema de inmigración que ha tenido Europa en los últimos años, producto de los millones de desplazados de Medio Oriente y África.

Ha sido comparada con la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, pero –a diferencia de la Dama de Hierro de la Guerra Fría– Merkel ha sabido volver sobre sus pasos y cambiar la postura en torno a diversos temas de fondo.

Defendió la energía nuclear, pero viró sobre su eje luego de la crisis de Fukushima; se negó a ayudar a Grecia en la crisis del Euro, pero luego aprobó el apoyo. Algunos la han tildado de oportunista, pero muchos entienden que es capaz de replantearse sus hipótesis si son refutadas.

En su país impulsó reformas en la matriz energética, apoyando programas para fortalecer la generación y el uso de energías alternativas. En otro orden, llevó adelante la reforma del sistema de salud.

Sin embargo, su mayor destaque ha sido el manejo de la crisis económica de 2013, en que siempre dejó a salvo a su economía pese a los problemas por los que pasó el continente europeo.

En cuanto a sus orígenes, es dueña de una historia casi cinematográfica. Merkel es hija de un pastor protestante y una maestra de inglés. Pese a haber nacido en Hamburgo, pasó su infancia en la Alemania comunista. Allí estudió Física, argumentando esta decisión en el hecho de que "el gobierno de Alemania Oriental no podía inmiscuirse en las leyes de la naturaleza".

Recién a sus 35 años incursionó en la política, en momentos de la reunificación de Alemania (1990). Fue impulsada por Helmut Kohl, ingresó en la Unión Demócrata Cristiana de Alemania y en 10 años se transformó en la presidenta del partido. En 2005 fue elegida canciller y de ahí en más comandó la nave de Alemania, que la convirtió en el centro de mando de la Unión Europea. Merkel también presidió el G8 y fue titular del Consejo Europeo.

De su vida privada no se sabe mucho, excepto que le gusta la cocina y que es amante del fútbol, como lo deja ver desde las tribunas en partidos de la selección de su país.

Autores

Diego Molinelli/ El Observador