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Ariel Camus, fundador de Microverse: “El talento está en todos lados, pero las oportunidades no y queremos cambiar esa realidad”
Lunes, Mayo 30, 2022 - 17:18

La plataforma educativa, sin docentes y que se abona recién al conseguir trabajo, permite que personas de todo el mundo puedan aprender a programar en 10 semanas y acceder a trabajos, en dólares, dentro de empresas de primera línea.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hay más de 1 millón de puestos vacantes en tecnología, mientras que se graduaron menos de 100.000 profesionales en toda la región. Este dato resalta la brecha de habilidades existente en tecnología y la falta de talento calificado en América Latina sigue siendo un tema preocupante. Microverse, una escuela internacional fundada en 2017 por el argentino Ariel Camus y creada en Silicon Valley, quiere ayudar a corregir esa brecha y conectar el talento latino con las mejores oportunidades del mundo a través de un programa de entrenamiento donde los estudiantes aprenden mediante el trabajo con personas de otros países, en un entorno profesional que emula el de una empresa tecnológica.

Esta startup comenzó con 10 estudiantes y un equipo remoto de 12 personas de Asia, África, Europa y América. Hoy tiene más de 1.000 estudiantes en más de 130 países y persigue el objetivo de entrenar y conectar con trabajos remotos a más de 1 millón de programadores para 2030.

A diferencia de otras plataformas educativas, la de Camus ideó un programa orientado a formar desarrolladores globales, pero preparados para el trabajo internacional remoto, justo en un momento en que la pandemia impulsó la adopción de esta modalidad de trabajo. “Hoy se está evidenciando el cambio en las tendencias de contratación internacional que disparó la pandemia, a partir del establecimiento del trabajo remoto como estándar para la industria tecnológica. Es un momento único para la exportación de talento en la región", agrega el emprendedor.

El diferencial de la región

Los países de América Latina están muy bien posicionados para aprovechar este nuevo contexto, ya que comparten el huso horario con Estados Unidos, tienen buena infraestructura y una afinidad cultural con la forma de trabajar occidental.

“Microverse es un verdadero fast pass para quienes estén dispuestos a hacer un gran esfuerzo durante 10 meses y adquirir una gran formación. Queremos promover la integración de los talentos regionales a la fuerza laboral tecnológica global. Ser el puente entre el talento latinoamericano y las oportunidades internacionales. Nuestro propósito es apoyar a personas de alto potencial que buscan lanzar sus carreras en el mercado profesional internacional”, asegura Camus cuando se le pregunta sobre la misión y objetivo de Microverse.

El origen

En 2010 este emprendedor creó, junto a un socio, su primera startup en España, llamada TouristEye. A los cuatro años, como no había capital inversor en el país europeo, decidió mudarse a la ciudad estadounidense de San Francisco. Todavía recuerda su primera experiencia con un inversor. Lejos de las anécdotas exitosas que cuentan muchos empresarios, este emprendedor confiesa que asistió al encuentro con fiebre y que llegó tarde, porque había mucho tráfico. “Cuando llegué el inversor me advirtió que solo tenía disponible para mí 20 minutos y que había llegado 10 minutos tarde, así que me quedaban solo 10. Igual no quería hacerme perder tiempo, dijo, y me recomendó que volviera a España porque allí no iba a conseguir nada. Me quedé mal, pero eso provocó que mi primera experiencia fuera tan mala que todo lo que siguió fue siempre mejor. Me gusta contar esta anécdota porque tenemos que ser más honestos con la definición del éxito”, dice.

Poco tiempo después su primera startup fue comprada por Lonely Planet, una de las mayores editoras de guías de viajes en el mundo. “Descubrí que habían pagado US$ 500.000 por mi empresa solo porque querían contratar a cinco programadores de mi equipo. Por aquel momento quise irme y desconectarme del mundo así que viajé a Burundi, ubicado al Este de África. Allí pasé un mes enseñando ingeniería en sistemas allá. Y me encontré con personas que tenían la misma capacidad humana, el mismo talento, inteligencia, pasión y energía que la gente que conocí en San Francisco, pero que estaban en el extremo opuesto de accesos a oportunidades en la vida”, resume Camus.

Él se dio cuenta que no era una cuestión de talento sino de oportunidades. “Por otro lado, veía empresas desesperadas por encontrar ese talento y sin posibilidades de hallarlo. Hoy hay un millón de puestos sin cubrir en tecnologías de la información (TI) en Estados Unidos. No tiene sentido, realmente. Entonces empecé a pensar la forma de que estos chicos y chicas que conocí en Burundi conecten con estos empleos de Sillicon Valley”, recuerda. Aunque no lo sabía en ese momento, ese era el germen de Microverse.


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Foto: Microverse." original_size="2880x1800" photo_credit="" alt="Captura de pantalla de todos los estudiantes mientras est\\u00e1n en clase." expand=1] Los estudiantes de Microverse forman equipos con personas de todo el mundo. Foto: Microverse.

Cómo funciona

En Microverse no hay clases ni profesores. Se aprende a través del desarrollo de proyectos entre pares, simulando dinámicas de trabajo remotas en el mundo real. Cada semana los estudiantes tienen que realizar un proyecto nuevo. El equipo, compuesto por tres o cuatro personas de diferentes países, también cambia. El programa está enfocado en construir experiencias de capacitación colaborativas para desarrollar las habilidades necesarias y acceder, de esta manera, a los trabajos demandados en las principales economías mundiales.

“Así, el estudiante no solo incorpora los conocimientos técnicos del desarrollo de software, sino también todo lo que se necesita para poder aportar como desarrollador en un equipo distribuido. Se incorporan herramientas y disciplinas de colaboración que son las mismas que se utilizan en las mejores empresas a nivel intencional, en el desarrollo de grandes proyectos que requieren de importantes equipos”, explica el emprendedor argentino.

Pero los interesados deben contar con algunos requisitos. En primer lugar, este programa necesita de una dedicación full time, por eso los estudiantes no podrán trabajar mientras realicen esta capacitación. Además, deben tener un muy buen nivel de inglés porque trabajarán con personas de diferentes partes del mundo. Y tienen que tener, al ingresar, conocimientos básicos de programación.

Luego, al completar el programa técnico, los estudiantes se conectan con un mentor que los asiste en su proceso de búsqueda laboral.

Otro aspecto destacable es que Microverse está basado en un modelo de financiamiento denominado Income Share Agreement (ISA), es decir, el estudiante paga por esta capacitación recién cuando haya conseguido trabajo y el sueldo sea superior a los US$ 1.000 por mes. A partir de ese momento comenzará a pagar un 15% de su salario hasta cubrir el costo total de US$ 15.000. Si dejan de trabajar en tecnología o tienen un salario menor se suspenden, automáticamente, los pagos.

“El talento está en todos lados. Pero las oportunidades, no. Por eso queremos democratizar la educación tecnológica y reducir las brechas generadas por el lugar donde la persona nació o el nivel socioeconómico que tiene. Queremos facilitar el acceso a la formación que permitirá aspirar a muchos de los puestos que las grandes tecnológicas no logran cubrir. Deseamos que nuestros alumnos obtengan un trabajo internacional, que represente un salto en su calidad de vida”, destaca el fundador de Microverse.


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pin_description="" dam="0" site_id=20917490 caption="El objetivo es que Microverse alcance el mill\u00f3n de alumnos en 2030. Foto: Microverse." original_size="1366x911" photo_credit="" alt="Estudiantes de Microverse visitan la oficina de la compa\\u00f1\\u00eda. " expand=1] El objetivo es que Microverse alcance el millón de alumnos en 2030. Foto: Microverse.

Modelo de negocio

La salsa secreta de Microverse es el pear to pear learning o aprendizaje colaborativo. Según cuenta el fundador, esta modalidad de enseñanza se eligió debido a la necesidad de contar con un modelo más sostenible al tradicional. Y, según Camus, esa elección fue acertada porque han conseguido un modelo que de forma consistente y escalable, permite que los estudiantes aprendan de forma colaborativa. En esta plataforma pasan ocho horas al día, de lunes a viernes, trabajando en un equipo internacional y remoto desde el primer día y no hay profesores, sino un entorno que replica un trabajo internacional remoto. Por su parte, son los estudiantes más avanzados quienes revisan los códigos y dan feedback del proyecto. “Ellos deben inscribirse para realizar esta tarea y reciben un pago por hacerlo. Este modelo abarata mucho el costo educativo, comparado con modelos que requieren de la contratación de profesores. Y, al mismo tiempo, permite que el crecimiento de la escuela sea más rápido”, explica.

Pero ¿es sostenible este modelo a largo plazo? El fundador Microverse asegura que -más allá de que no contratan profesores- otro punto clave que asegura la sostenibilidad de esta empresa es que los estudiantes ganan sueldos muy altos desde su primer posición y, por esta razón, el costo del curso es más elevado que los bootcams o universidades locales. “En definitiva, como nos pagan más y nos cuesta menos, tenemos más margen de ganancia. Tenemos unos márgenes que son la envidia de la mayoría de las escuelas y universidades y ello nos permite ser la única escuela en el mundo que tiene estos acuerdos de ingreso compartido, disponible en cada país del planeta”, explica.

El margen de ganancia que menciona el emprendedor oscila entre el 60% y 70% pero hay un tema importante: tardan entre cuatro y cinco años en obtener el beneficio total porque los estudiantes pagan el curso mes a mes y recién después de encontrar un trabajo que supere los US$ 1.000 de ingreso mensual. Mientras tanto recurren a inversores de Capital de Riesgo, pero a la larga ese tipo de capital sale muy caro, diluyendo el capital de la empresa. “Entonces pedimos préstamos por los estudiantes, a los que ellos no podrían acceder directamente. Nosotros usamos esos préstamos para invertir en la educación de los alumnos. Esto pone todo el riesgo en nosotros. Si el estudiante abandona a mitad del programa o no encuentra trabajo igual nosotros debemos pagarle al inversor. Esto crea unos incentivos internos tan fuertes que cada persona que trabaja en Microverse está obsesionada en conseguir que cada estudiante acceda a un trabajo donde gane mucho dinero”, explica Camus.

Aunque aún no han concretado acuerdos, el empresario argentino reconoce que están manteniendo conversaciones con Globant, Amazon, Mercado Libre y Microsoft, entre otras compañías. “Queremos que las empresas, en el futuro, sean las que financien al estudiante para que él no tenga que pagar nada por su capacitación”, revela.

El objetivo que tiene este emprendedor es que Microverse alcance el millón de alumnos en 2030. Por el momento, han pasado por este programa poco más de 1.000 personas y este año están estudiando 2.000 alumnos. El 30% de ellos son de Latinoamérica y el 45% de África.

“Latinoamérica tiene una gran ventaja que es estar en la misma zona horaria que Estados Unidos y tener una infraestructura de acceso a Internet y de electricidad que son espectaculares, si se las compara con África. Pero aún el talón de Aquiles de los latinoamericanos es el idioma inglés. Si tienen que invertir en educación les aconsejaría que lo primero que deben hacer es aprender inglés. Eso les abrirá un universo de oportunidades para trabajar en forma internacional”, sugiere Camus.

¿Proyectos? El emprendedor reconoce que tiene muchas ideas que planea realizar, pero la clave es hacerlo capa a capa, como al abrir una cebolla. “Realizaremos, en poco tiempo, una nueva ronda de financiación que seguramente será mayor a la última, y con eso podremos concretar más experimentos. Tenemos que sacar más capas de la cebolla, pero la educación, y fundamentalmente nuestro modelo, es un ejercicio de paciencia. Nunca he tenido que ejercitar mi paciencia, más que en este negocio”, finaliza.

Autores

Cintia Perazo