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La supercarretera de Google
Lunes, Abril 29, 2013 - 10:21

Google Fiber avanza lento pero sin pausa conectando a internet a una velocidad 100 veces más rápida que el promedio. En el camino, define nuevas formas de consumir contenidos audiovisuales.

En el mundo de internet hay tres obviedades que, sin embargo, suenan a utopías difíciles de alcanzar: rápido es mejor que lento, abundancia es mejor que escasez, elegir es mejor que no poder hacerlo. Estos son los tres pilares del archipublicitado nuevo servicio Google Fiber, un ambicioso proyecto que se va desplegando lenta pero seguramente en Estados Unidos y que permite navegar por internet con una velocidad 100 veces mayor al promedio. Pero la rapidez es solo uno de sus atractivos.

Google Fiber se basa en estos tres conceptos que parecen muy básicos pero que, en la mayoría de las comunidades, son todavía un sueño. Según cifras de fines de 2012 de la empresa Akamai, que publica reportes cuatrimestrales sobre el estado de internet, la conexión promedio permite una velocidad de 2,8 Mbps. En Uruguay, por ejemplo, el promedio en 2011 no alcanzaba los 2 Mbps, pero superó los 9 Mbps al año siguiente, como consecuencia del despliegue de un amplio plan de fibra óptica.

Google planteó la conquista primero en Kansas City y, ahora, en Austin (Texas) y Provo (Utah). Sin embargo, cuando anunció el servicio con bombos y platillos hace dos años, pocos fueron los que lograron aprehender su verdadero potencial, que va mucho más allá de una conexión potente y veloz.

Las primeras conexiones se realizaron en Kansas City a fines de 2012 y ahora miles ya navegan en esta supercarretera veloz. El sistema funciona así: los interesados deben anotarse en el sitio web oficial y pagar US$10, lo cual no genera un compromiso de contratar el servicio, pero le da una idea a Google de cuántos interesados hay en el área. Un punto importante en este sistema es que la empresa da acceso a internet de 1Gbps de forma gratuita a una serie de organizaciones tales como escuelas, bibliotecas, clubes y otros tipo de instituciones sociales. Si una zona alcanza el mínimo indispensable, estas organizaciones se aseguran la conexión de regalo.

Luego cada usuario podrá elegir entre tres tipos de planes. Uno de ellos, que no es de alta velocidad, les permite acceder gratis a internet de 5 Mbps durante siete años, previo pago de US$300. Así Google intenta disminuir la “brecha digital” que, para la empresa, actúa como freno a la innovación.

Los otros dos planes son pagos y dan acceso al famoso 1 Gbps de “supervelocidad”. Uno de ellos es Gigabit+TV, que cuesta US$120 por mes y, además de la conexión a internet, hace ingresar al hogar un sistema de televisión con decenas de canales junto con otros servicios audiovisuales. Cuando se elige este plan, se obtiene un decodificador por cada televisor que tenga la casa, una unidad de red, una de almacenamiento con capacidad para guardar hasta 2 TB de información, una tableta Google Nexus que puede actuar como control remoto y espacio de 1 TB en el servicio en la nube de Google, Drive.

El segundo plan solo da acceso a internet (sin TV) y cuesta US$70 por mes, con la misma velocidad que el anterior.

 

Comunidad y negocio

La velocidad por la velocidad misma no parece ser el objetivo primordial de Google en esta conquista que, más allá de su indudable aporte social, también tiene lógicos bemoles relacionados con el negocio.

La empresa basa todos sus servicios en internet, y por eso no debería sorprender que intente ganarles la “volada” a otros proveedores del mercado estadounidense. Si la persona tiene mejor y más veloz acceso a la red de redes, usará más el navegador Chrome, su casi omnipotente buscador, el servicio de almacenamiento Drive y el sinfín de aplicaciones que ha desarrollado la empresa y que, en su gran mayoría, son gratuitas.

Siguiendo esta línea, si el usuario aumenta el uso de todos estos servicios, está mucho más expuesto a lo que es el verdadero negocio de Google: la publicidad online. Cada vez que usted realiza una búsqueda o ingresa a un sitio o blog que utiliza el sistema AdWords, aparecen diferentes avisos que generan réditos millonarios para Google. En 2012 fueron US$43.686 millones, según datos auditados de la empresa.

Pero el negocio no termina allí. Con su Fiber, Google se pone en competencia directa con los gigantes del cable de Estados Unidos –y de la industria del entretenimiento en general–, dando guerra no solo para ganar clientes, sino también, anunciantes. Se estima que el mercado de la televisión mueve US$60.000 millones en ese país, y Google quiere una buena porción de la sabrosa torta. Para eso, tiene a YouTube, una plataforma poderosa y omnipresente pero que todavía no ha entrado de lleno a la tradicional televisión. Google Fiber podría ser su impulso final para convertir a YouTube en el rey de la tele, además del soberano de internet, porque permitirá ver cualquier contenido sin necesidad de conectar cables extraños ni una computadora. Se podrá acceder directamente en la pantalla de la televisión.

 

El Santo Grial de la tele 2.0

Los analistas Rich Greenfield y Walter Pieyck de la empresa BTIG pasaron varios días en Kansas City para probar a fondo Google Fiber. Su conclusión final fue más que positiva. Además de la velocidad y la capacidad de almacenamiento, se asombraron por la logística del sistema, que permite agendar día y hora exacta para que el funcionario de Google llegue hasta el hogar para instalar el equipo, un beneficio que no ofrece la competencia.

Alabaron sobre todo lo que llaman “el Santo Grial de la tele 2.0”: un sistema en el que el usuario elige qué quiere ver y luego le muestra todas las versiones de ese programa: a qué hora y qué día puede mirar el programa elegido en el canal original que lo transmite (por ejemplo, HBO), pero también en Netflix y eventualmente hasta en Youtube.

Todas estas opciones convierten al televidente tradicional (más bien pasivo y expectante de “¿qué están dando en la tele?”), en un usuario mucho más involucrado con la decisión de ver determinado contenido y de la manera que quiera. Ya no solo es el dueño de la tele y del control remoto, sino también el propietario de su tiempo.

Autores

observa.com.uy