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Las claves para entender el papel de la tecnología en el conflicto de Egipto
Viernes, Febrero 25, 2011 - 08:48

La crisis política que terminó con la caída de Hosmi Mubarak en Egipto, fue una de las primeras manifestaciones que generó un fuerte reconocimiento de las redes sociales y su rol aglutinador para la movilización social, según los ojos del mundo occidental. Sin embargo, en Medio Oriente, incluido Egipto, donde aún la penetración de internet es baja y el analfabetismo ronda 33% de la población, la tecnología no pareciera ser un factor determinante para el hecho histórico que definió los 30 años de dictadura de Mubarak. Visiones contrapuestas historicamente y que incluso hoy, siguen mostrando una brecha enorme entre ambos lados del mundo.

Santiago. "Nunca hubiera habido una revolución como la de estos días sin internet, porque es más veloz y efectiva que cualquier teléfono o panfleto", dijo Khaled Ismail, presidente del gremio de las empresas tecnológicas de Egipto (Itida), en el marco del Mobile World Congress 2011 celebrado en Barcelona hace unos días. La cita, afortunada o no, no sólo apuntó al fervor popular que derrocó a un régimen que se extendía por 30 años, sino que por sobre todo, al reconocimiento a una industria tecnológica que según Ismail, realizó un arduo trabajo para mantener al país comunicado.  

Poco se supo sobre los esfuerzos de las empresas tecnológicas locales en la revuelta que sacó a Hosmi Mubarak. De hecho, la información aún es escasa desde el país árabe. Sin embargo, durante los 18 días que duraron las movilización desde occidente, sí se supo mucho sobre las multinacionales de la tecnología, como Twitter, Google, Youtube y Facebook, que participaron de forma crucial en este hecho social histórico.

Pero, ¿cuánto de verdad hay en esto? Un periodista, un publicista y un twittero que han seguido de cerca la crisis, nos dan sus diversas visiones sobre el papel que jugaron las comunidades virtuales en la revuelta de Egipto.

Las personas detrás de las redes. Egipto, dentro del contexto africano, es la nación que tiene un mayor nivel de penetración de internet. Según las estimaciones de Atida, el país árabe posee 20 millones de usuarios, con presencia de redes sociales como Facebook, que cuenta con 5.444.960 de cuentas, según Check Facebook, superando a otras naciones árabes del continente como Marruecos, con 2.945.020; Nigeria, con 2.982.880; y Sudáfrica, con 3.706.640.

Sin embargo, la visión de un país con un desarrollo mucho mayor al resto de la región, fue potenciada con las imágenes de millones de jóvenes y universitarios que integraron las protestas que se iniciaron el 25 de enero, el llamado día de furia.

Para el periodista y ex corresponsal de la cadena radial española SER en Jerusalén, Iñigo Sáenz de Ugarte, la relevancia que se les prestó a las redes sociales fue una cobertura “exagerada”, ya que no todos los sectores movilizados tenían acceso a la tecnología. “Las protestas eran socialmente muy amplias y no se limitaban a los jóvenes, ni a los usuarios de internet”, dice el profesional de las comunicaciones.

Además de jóvenes desempleados, también habían trabajadores y personas que buscaban mejorar sus condiciones laborales en las movilizaciones. Las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) confirman la  grave situación: cerca de 26 millones de egipcios viven con menos de un dólar al día y no saben leer ni escribir.

“No se habla en los medios de Europa y Estados Unidos sobre las protestas laborales en los últimos tres o cinco años. El régimen no hubiera caído si no hubiera una restricción de huelgas en todos los sectores”, explicó Sáenz de Ugarte.

Juan Pablo Tapia, director de la agencia de comunicación digital Bowl, aborda el conflicto en Egipto desde otra perspectiva y dice que aunque las redes sociales y revoluciones tengan el comportamiento “de una campaña de viralización digital”, la transformación más radical está en la percepción de las personas.

“El cambio más importante que realizan las redes no es desencadenar eventos históricos. Lo que sí pasa, es que existe un cambio en la noción o percepción en que las personas externas se involucran con noticias de otros lugares”, dice Tapia.

Y precisamente, un caso de esta identificación a distancia es la vivida por el traductor chileno Claudio Maldonado, quien solo por su fascinación por la cultura egipcia, país que ha visitado anteriormente, tradujo del inglés al español textos para el grupo #Egipt Tweets 2.0, de Twitter durante los días en que el gobierno censuró a los medios de comunicación.

“Fue un interés solamente personal. A ellos les interesaba informar que no había una resistencia al movimiento o qué gente que apoyaba a Mubarak. Me autorizaron a entrar a un google docs y en esa planilla tenía diferentes tweets para traducir en diferentes idiomas y los podía difundir en su propia cuenta”, dice el voluntario chileno.

La revolución será marketeada. El fenómeno de la plataformas virtuales fue más allá de su fin comunicativo. Llamó la atención la visibilidad que marcas como Google, Twitter, Hoot Suite, entre otras, adquirieron a lo largo de la crisis.

El caso más destacado fue el de Wael Ghonim, el encargado de marketing de Google para Oriente Medio y África del Norte, convertido en líder de la revuelta por los medios de comunicación occidentales después de haber sido detenido durante doce días por las autoridades egipcias, tras haber creado el foro de Facebook: “Todos somos Khaled Said”, en honor a una víctima de las revueltas.

Sin embargo, pese a que su grupo de Facebook reunió a más de 90.000 fans, el encargado de Marketing de Google no era un personaje conocido por la mayor parte de los manifestantes.

“Él es el gerente de Marketing de Google, es una persona de la clase media alta de Egipto, vive en los Emiratos Árabes y no es representativo de toda la gente que salió a las calles”, dice Sáinz de Uriarte.

Juan Pablo Tapia, aunque no duda de las intenciones humanitarias que hicieron al ejecutivo participar y organizar parte de las protestas, considera que existió una coherencia entre sus acciones y la imagen corporativa de su empresa. “Finalmente Google es la representación de que todo el continente está disponible para todos los seres humanos, entonces, calza la imagen de un ejecutivo defendiendo la libertad de expresión y el derecho de las personas de crear contenidos”, dice el publicista de la agencia Bowl.

La tecnología como un elemento más de las movilizaciones. El conflicto en Egipto también generó una diversificación obligada de los servicios y productos que, hasta entonces, la industria tecnológica ofrecía a los consumidores de Oriente Medio. Es así como durante los días 25, 27, 28 y 29 de enero, cuando el gobierno forzó a las operadoras a bloquear las comunicaciones de internet y de telefonía, las empresas tuvieron que adaptarse en tiempo record para proveer de servicios a los cuidadanos árabes.

“Finalmente se generó una participación a distancia mucho más poderosa que antes. Se crearon desarrollos como el de Google con Speak2Tweet que permitieron la participación colectiva y colaborativa a distancia, y en tiempo real que generaron un involucramiento”, dice Tapia.

Speak2Tweet fue una alianza entre Google y Twitter que permitió a los usuarios sin acceso a internet publicar en su canal de Twitter mensajes tipo hashtags, solamente marcando un número telefónico. Para esto, el buscador tuvo que invertir en la compra de SayNow Broadcast, una plataforma de chat y  servicios de voz.

La censura también fue un aliciente para que residentes y comunidades del extranjero quisieran comunicarse, surgiendo la posibilidad de utilizar herramientas alternativas, como Hoot Suite, servidores remotos, teléfonos fijos, comunicaciones satelitales y distintos proveedores de internet.

Muestra de esto, fue que durante el período de bloqueo, los mensajes de Twitter mundiales más habituales fueron: #Egypte (40%), #25Jan (35%), y #Mubarak (21%), según  datos de Hoot Suite.

Actualmente, con la propagación de las manifestaciones a otros países como Libia, Irán, Bahrein y Yemen, queda la incógnita si el fenómeno experimentado en El Cairo podrá replicarse en los nuevos grupos de ciudadanos disconformes y empresarios tecnológicos.

Las expectativas desbordaron las fronteras de Oriente, cuando la misma Secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció un plan de US$25 millones para el desarrollo de tecnologías y herramientas para apoyar a cibernautas opositores de gobiernos autoritarios como China, Cuba, Irán, Siria, Vietnam o Mianmar.

Mientras tanto, los empresarios en Egipto podrán mirar con mayor optimismo la futura transición democrática, un período que posiblemente vislumbra un mejor futuro para la industria de TI.

Autores

María Soledad Carlini