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Así funciona el vigilante de la salud pública desde EE.UU.
Miércoles, Mayo 16, 2018 - 15:00

La misión de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta es activar acciones de emergencia cada vez que hay una crisis de salud en el mundo.

Sobre el corredor están colgados varios letreros que van de esquina a esquina. “Nueva influenza H1N1, 2009-2010”, “Ántrax, 2010”, “Derrame de Deepwater Horizon, 2010” y “Terremoto de Japón, 2010” dicen los que están ubicados justo en el medio. Dependiendo de si se trató de un evento local o internacional, abajo tienen una marca verde o roja. Cada uno de ellos se ha convertido en una forma simbólica para rastrear la historia de las crisis de salud que han amenazado al mundo.

Los letreros están en las oficinas del Centro de Operaciones de Emergencias (EOC) en las oficinas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Estados Unidos, el lugar donde va a parar, casi corriendo, todo el personal que está entrenado para frenar cualquier urgencia relacionada con la salud pública que se dispare: las epidemias, los desastres naturales, los ataques terroristas. Es un lugar casi secreto. No se puede ingresar con cámaras, ni tomar fotos. “La información que circula aquí es altamente sensible, y no todos los países nos han autorizado para que se haga pública”, es como lo describe Robert Alvey, vicedirector del Centro.

En teoría, el Centro debería ser un lugar desolado, pues sólo se activa cuando hay muchas vidas en riesgo, pero un letrero en la oficina de comunicaciones deja ver que ha sido todo lo contrario. Ya cumplen 1.469 días activos. El 2 de mayo de 2014, el EOC empezó a operar por un brote de polio en el Oriente Medio y desde entonces no han parado. En algún lugar siempre habrá un exceso de casos de sarampión o dengue que los pondrá alerta. Y en los últimos años, una mala racha de H1N1, chikunguña, ébola y zika hizo que se toparan con el pico de su trabajo. Hoy, explica Alvey, el Centro sigue activo por la temporada de huracanes, a la que le han dedicado 251 días.

Cuando el corredor con los letreros se acaba, el EOC se convierte en una inmensa sala de seguridad: 230 sillas, cada una con un computador de dos pantallas, miran otra inmensa pantalla saturada con gráficas, mapas, flechas y cifras. El mapa que se ve en la esquina superior de la izquierda, explica Alvey, tiene las alarmas que han enviado algunos países: situaciones que se podrían estar incubando para convertirse en un caso que debe ser manejado por este centro de operaciones. Sarampión en países como Brasil, Liberia y Burkina Faso. El dengue y el cólera salpican varios lugares del mapa. Y la polio, que aún sigue en emergencia pero una menor, la nivel 3, en Pakistán, Nigeria y Afganistán.

Al lado, otro mapa muestra en tiempo real dónde hay funcionarios del CDC, y unos pixeles más hacia la derecha, tienen monitoreada la erupción del volcán en Hawái. “No es peligrosa, pero podría ser potencial”. En el centro, justo, hay un mapa de Puerto Rico que le da mayor importancia a la única emergencia vigente: los huracanes, ya en nivel 2. La pantalla es un croquis de la salud pública del mundo.

Entrada de las oficinas de CDC en Atlanta, Estados Unidos. / Foto: María Mónica Monsalve

Pero por encima de todo, un largo letrero muestra unas letras intermitentes en rojo: “Sistema Nacional de Asesoramiento Contra el Terrorismo: no hay alertas activas”. La señal no es una casualidad, pues el Centro de Emergencia fue creado después del atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos prometió no permitirse que lo volvieran agarrar sin estar preparado. El CDC, la única agencia federal del estado que no queda en Washington y que pertenece al Cuerpo Comisionado del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, una especie de “rama no armada” de las Fuerzas Militares, fue el elegido para preparar el centro de emergencia.

De las anécdotas de los funcionarios del CDC se puede adivinar que lo que menos se esperaban fue el brote del ébola, un virus que se conocía desde 1976 y que fue apareciendo en mínimos casos alrededor del mundo, pero que fue letal cuando se disparó en África Occidental hacia el 2014. Mientras entre 1976 y el 2014 se registraron menos de 5.000 casos, entre 2014 y 2016, el número casi llegó a los 29.000. Aunque después de 11.300 muertes en enero de 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a África libre de ébola, esta semana se supo que 17 personas han muerto en la República Democrática del Congo por las fiebres hemorrágicas que causa este virus.

El ébola, al igual que el zika, el huracán Katrina, el H1N1, son las únicas cuatro emergencias que han llegado a tener nivel 1 en el Centro. Se les da tal prioridad que no se les quita el ojo de encima las 24 horas de cada día. El ébola representó tanto que actualmente le tienen dedicado un museo en el CDC que montaron junto al Smithsonian. Este sí dedicado al público.

Allí se cuenta sobre la sospecha que tiene la ciencia de que es un virus que tenían los murciélagos, que heredaron algunos animales, como micos o venados, que luego entraron en contacto con los humanos, cuyos cuerpos no encontraron cómo defenderse. También se cuenta cómo los rituales de limpieza de los cuerpos en los funerales rurales de Sierra Leona, Liberia y Guinea jugaron un rol importante en su propagación. “Cuando un cuerpo muere, está completamente lleno de virus”, recuerda el doctor John Iskander, quien viajó una vez a África durante la emergencia.

El museo se encarga de recordar que fueron los sobrevivientes del ébola, muchos de ellos rechazados por el miedo de sus propias comunidades, los que armaron equipos de entierro y se encargaban de limpiar los cuerpos antes de que sus familiares los tocaran, creyéndose inmunes a un virus que ya habían superado, como los datos científicos siguen confirmando. La vacuna, en cambio, llegó muy tarde, tan tarde en el brote que es imposible saber, estadísticamente, si finalmente funcionó.

Nuevas noticias dirán si a este museo habrá que extenderlo por los nuevos casos de ébola. Y seguramente ya habrá alguna pantalla en el Centro de Emergencia dando un aviso sobre lo que está sucediendo en República Democrática del Congo. Porque esta agencia, la “Nasa de la salud pública”, está siempre vigilante.

Autores

El Espectador