-El mundo ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas debido, principalmente, a la transformación tecnológica. ¿Pero han cambiado las reglas de inversión desde los años 60 o 70 hasta hoy?

-Las buenas metodologías que producen beneficios, son intemporales. Solo es necesario que las técnicas de valoración que usamos se adapten a los cambios que están sucediendo hoy en el mundo, al mayor acceso a la información que tenemos, como también a las mejores herramientas de modelización que existen con esos datos (o también conocidos como modelling tools).

-Usted tiene una metodología mundialmente conocida. ¿A qué se refiere con “árboles de decisión” para valorar a las empresas?

-Me refiero a que el riesgo de un activo o de una empresa tiende a agruparse en un número -tras utilizar altas tasas de descuento o bajos cash flow-. Además, su cálculo suele requerir asumir ciertos supuestos (la mayoría irreales) acerca de la naturaleza de ese riesgo. Para lidiar con este asunto, se puede considerar una forma diferente y potencialmente más informativa de valorar y presentar el riesgo de una inversión. Se podría aportar información respecto al valor de un activo bajo diferentes resultados, o al menos subconjuntos de esos resultados. Y esto es lo que básicamente se hace con los árboles de decisión.

-Usted habla mucho de “riesgo discreto” ¿puede dar un ejemplo de ello?

-Por ejemplo, el riesgo de que una empresa (extranjera) en Venezuela sea nacionalizada tras realizar inversiones. O el riesgo de atentados terroristas y su impacto en las inversiones de mercados del Medio Oriente.

-¿Y qué ocurre cuando el riesgo es continuo, es decir, en empresas que de un año a otro van variando en sus resultados? ¿Que tipo de análisis recomienda?

-En esas circunstancias, los árboles de decisión también son los más útiles, porque no sólo permiten considerar el riesgo en cada una de las etapas, sino que te ayudan a diseñar la mejor respuesta, dado un resultado determinado. Vincular acciones y opciones a los resultados de eventos inciertos, a través de árboles de decisión, permite a las empresas considerar cómo actuar hoy ante riesgos y circunstancias diferentes. Bajo esa metodología, las empresas deberían estar preparadas para cualquier resultado que pueda suceder, y así no verse sorprendidas.

-Hoy las empresas han cambiado no solo en sus activos, sino también en su forma de medir ganancias. ¿Cómo aplican sus modelos para compañías tecnológicas como Twitter o Facebook?

-En realidad, no es un problema usar la clásica técnica de medir los descuentos de flujo de caja. Lo realmente difícil, creo hoy, es estimar los flujos de caja futuros. La dificultad, por tanto, está en cómo medir la incertidumbre, y ese problema lo tienes con independencia de la técnica que se utilice para hacer la valoración de empresas como Twitter o Facebook.

-¿Cual es “el lado oscuro de la valoración”? ¿En qué consiste?

-Me refiero con eso a cuando los analistas no son capaces de enfrentarse a un alto grado de incertidumbre en sus valoraciones -por ejemplo, cuando deben analizar el futuro de empresas como Twitter o estudian las consecuencias de la crisis-, y se ven tentados a abandonar las herramientas y los criterios de valoración básicos, para recurrir a reglas empíricas o métricas con un rigor muy dudoso. Ahí está la oscuridad, el lado oscuro.

-¿Cuáles son los errores más habituales a la hora de hacer valoraciones financieras de las empresas?

-Primero, asumir que el crecimiento es gratis o muy barato. En muchas valoraciones este es un supuesto muy habitual. Los analistas tienden a incrementar las tasas de crecimiento de las compañías empujados por su optimismo sobre ellas. Segundo, no descontar la dificultad de que las empresas, y sus modelos de negocio, escalen. A medida que las compañías se hacen más grandes, mantener altas tasas de crecimiento (y rentabilidad) suele ser realmente difícil. Finalmente, mezclar lo macro con lo micro. Cuando se hacen valoraciones de compañías, de forma individual (micro), se tienden a asumir ciertos supuestos sobre los tipos de interés u otras variables macroeconómicas. De tal modo que, al final, es difícil saber qué parte de la valoración se debe a los factores micro y qué parte se debe a los pronósticos que se hacen sobre la evolución de la economía más global (macro).

-¿Cómo evalúa el 2017 desde el punto de vista de las empresas?

-Es el tiempo en que hoy existen muchas empresas globales, en lugar de solo empresas europeas o estadounidenses, como era en el pasado. Todos dependen de todos los demás. Cuando China se desacelera, no solo se ven afectadas las empresas locales, sino Coca-Cola, Disney, Apple y la lista sigue. Somos una economía global y este año reforzó esa idea, por si alguien aún todavía tenía dudas de ello. Somos todos partes del mismo ecosistema y si alguna parte tiene problemas, todos sentimos el dolor en nuestro lado.

-Para la economía chilena los commodities son una piedra angular. ¿Recuperarán su precio?

-La fuente del problema es China, que por sí sola hizo subir a casi todos los commodities que se necesitan para la construcción y otras áreas, por este increíble crecimiento, y no solo por su economía, sino por su inversión en infraestructura. La historia china y la de los commodities están ligadas… esa es la gran pregunta para las empresas de commodities y para los países exportadores de commodities, ya que hay que pensar en el futuro. Si esperan que los precios vuelvan a los niveles de 2007 o 2010, no pasará. Ese es el nuevo orden mundial. Hay que pensar qué pasa si sacamos la inversión en infraestructura china que artificialmente elevó los precios de commodities por décadas. Es una posibilidad muy real con la desaceleración.