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Avispas tecnológicas
Viernes, Abril 13, 2012 - 15:42

Al apostar en la crianza de insectos para controlar plagas en escala comercial, Bug supera a gigantes brasileñas como Petrobras y Vale, posicionándose entre las 50 empresas más innovadoras del mundo.

Una especie de avispa ayudó a dar notoriedad al trabajo de Bug Agentes Biológicos. La empresa emplazada en Piracicaba, al interior de Sao Paulo, produce y comercializa desde 2001 agentes de control biológico de alta tecnología y pasó a diferenciarse de sus competidores con la inclusión de Trichogramma en su portafolio. Gracias a su carácter innovador de trabajo quedó en el lugar 33 del ránking de las 50 empresas más innovadoras del mundo, divulgado por la revista americana Fast Company en febrero. La publicación destaca la creación de una alternativa natural a los nocivos pesticidas agrícolas.

Más allá de desplazar a a gigantes como Petrobras y Embraer (que no aparecen entre las 50 primeras del planeta), Bug fue considerada la más innovadora de Brasil. El ránking global es encabezado por Apple, Facebook y Google. “Bug es la única de Brasil que trabaja con Trichogramma y la única con registro de la Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, de Ibama, Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, y del Ministerio de Agricultura, desde 2010”, dice el agrónomo y director de Investigación y Desarrollo de Bug, Marcelo Poletti.

La empresa llamó la atención de Fast Company al ser citada en un libro sobre innovación y emprendimiento, escrito por Sarah Lacy. Fundada por estudiantes de post-graduación de Esalq-USP (Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de Sao Paulo), Bug fue creada en la incubadora de la institución y comenzó a ganar notoriedad por los cultivos de soja, algodón, maíz y, principalmente, caña de azúcar. 

“También trabajamos con pequeños cultivos de alto valor agregado como hortalizas, plantas ornamentales y frutas, en que el exceso de agrotóxicos es especialmente nocivo como en el caso del tomate y de la fresa”, dice Poletti.

Ahora, la empresa tiene unidades en Charqueada, Limeira y Engenheiro Coelho (municipios paulistas) y una clientela que ocupa 400 mil hectáreas de cutivos en el país, con expectativa de aumentar diez veces ese tamaño en los próximos años. Aunque las avispas sean los principales agentes de control biológico, Bug cria en laboratorios otros insectos depredadores empleados para el control biológico.

Por alrededor de 20 años el director comercial de la empresa, Diego Carvalho, investigó potenciales usos agrícolas del Trichogramma en uno de los laboratorios de Esalq donde la avispa era estudiada. Heraldo Nigres, socio de Carvalho y de Poletti en Bug, también participaba de esos estudios. Incluso con buenos resultados, no había aplicación mercadológica del insecto. La innovación fue conseguir producirla en escala comercial.

Los insectos de Bug garantizan ganancias de 30% en relación a los agrotóxicos, según la empresa. Normalmente, sólo necesitan ser aplicados una vez, al inicio de la plantación. En relación a los agentes químicos, son rociados hasta seis veces durantes la cosecha. Para Poletti, la escasa utilización de los métodos naturales de combate de plagas en Brasil es cultural.

“Investigaciones dirigidas al control biológico existen hace bastante tiempo, la innovación está en que las empresas ahora lo ponen en práctica. La mayoría de las compañías de control biológico produce hongos y bacterias. Nosotros producimos insectos y mostramos como estos puede ser beneficiosos. Esto ya existe en Europa desde 1960, pero en cultivos protegidos. Bug trajo ese control para grandes áreas, en campo abierto. Es un desafío, porque Brasil es un país de dimensiones continentales, con temperaturas y climas variados”.

Sin revelar la facturación, el director comercial enfatizó que 5% del total es empleado en tecnología. La empresa negocia con inversores, pero ninguno de los socios quiso anticipar las condiciones.

"Estamos buscando llegar a una facturación de US$40 millones durante los próximos cinco años, aumentar la presencia en los Estados, la capacidad de la producción y la cartera de productos. Bug tiene que desarrollarse a nivel macro, de insectos y ácaros, y microhongos, bacterias y virus. Por eso pretendemos trabajar más. Otra meta que tenemos es desarrollar una liberación aérea en los grandes cultivos", explica Carvalho.

“El salto del gato”

La compañía tiene una cartera de clientes importantes en la agricultura nacional, como Batatais, Grupo Zilor, Sao Martinho, Guaira, Goianésia Sao Manuel, Raizen (antigua Cosan) y HH. Entre los productores más pequeños están Reijers (nombre tradicional en el segmento de las flores Holambra, al interior de Sao Paulo) y Kiara (productor de mini tomates). Bug tiene clientes en todos los Estados, pero la mayoría están concentrados en el Sudeste y Centro-Oeste del país. También exportan huevos de los insectos a países de la Unión Europea como Suiza, Bélgica, Alemania, España y Portugal.

El Trichogramma es su principal producto, lo que representa la mitad del ingreso de Bug. Una avispa es tan pequeña que un gramo de la preparación vendida por la compañía contiene 37.000 huevos fertilizados. El insecto se cultiva en estos huevos y es puesto en libertad, después de que nace. En la plantación hay parásitos de los huevos de otras especies, tales como polillas, mariposas y orugas. El riesgo del un descontrol ambiental, de acuerdo con la empresa, no existe porque la avispa se reproduce en la misma proporción que las plagas.

Clasificación de Stefanini

Para Bug no sólo fue una buena noticia estar en el ránking de Fast Company. En representación del sector de TI, Stefanini fue elegida como una de las diez empresas más innovadoras de Brasil. La empresa destacó por "la atención a sus clientes”. El grupo finalizó en 2011 con un crecimiento superior al 20%, ganando US$ 1,24 millones, y proyecta un crecimiento de más del 35% en 2012.

La compañía actualmente está invirtiendo US$ 3 millones en una operación que tiene como objetivo atender a las multinacionales que ya están en China y aumentar su base de empleados a cien mil, en los próximos tres años.

“Nos sentimos honrados de ser reconocidos entre las empresas más innovadoras del mundo ", dijo el director general de Stefanini en América del Norte y Asia-Pacífico, Antonio Moreira.

Innovación en la sala de clases

Así como una incubadora de USP en el interior de Sao Paulo fue el comienzo para el surgimiento de Bug, otros caso de éxito pueden aparecer en los próximos años en los campus de la universidad en la zona Este de Sao Paulo. Seis proyectos dieron inicio a a las actividades de la Incubadora Social y Tecnológica de la EACH-USP Este (Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la Universidad de Sao Paulo), en febrero. Por ocho meses, los grupos asignados en el edificio de la incubadora podrán usar la infraestructura local como salas, teléfonos, computadoras y biblioteca, además de tener acceso a formación gerencial. Esta aborda cuestiones jurídicas, contables y conceptos de márketing para “vender” mejor las ideas. Terminando ese plazo los proyectos serán evaluados.

La profesora Luciane Meneguin Ortega, miembro de la Comisión Asesora de la Incubadora, explicó que existe todavía una consultoría individual para cada proyecto. “Ahora, ese trabajo es elaborado por los docentes de la comisión, pero también estamos buscando asociaciones con empresarios e inversores ángeles, para orientar el paso a paso con una visión de mercado, no sólo académica. Inicialmente, debemos tener a Fecomercio-SP (Federación de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo del Estado de Sao Paulo)”.

Según Luciane, se han firmado acuerdos con el Sebrae-SP (Servicio de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa en Sao Paulo) y los primeros cursos se llevarán a cabo en abril. "Estamos buscando que esta formación sea lo más completa posible. Algunos proyectos están más avanzados que otros y necesitan inversiones con mayor rapidez. La incubadora tiene también un papel en la mediación de las relaciones con los inversores, en función del estado del proyecto. Después de ocho meses, Todo el mundo tendrá que demostrar si el negocio es posible, con el fin de evaluar si se debería continuar o no".

Instalada en el campus de la EACH-USP, la estructura física de la incubadora tiene la capacidad para albergar a más de diez proyectos, más allá de los seis que ya están en curso. Entre los requisitos para entrar en el programa están haber sido aprobado por una junta integrada por representantes del sector académico y empresarial, una propuesta que justifique la viabilidad económica del proyecto y su aplicabilidad en la sociedad. Al menos un miembro de cada grupo debe ser un estudiante o ex estudiante de la USP.

A modo de ejemplo, Luciane menciona un proyecto de confección de material didáctico en Libras (Lengua de Signos Brasileña) con un contenido centrado en la ciencia, que ha despertado el interés de un emplesario para la producción de video conferencias y material impreso para todo el país.

La idea de la incubadora surgió en el año 2009, a partir de los intereses de la institución en invertir en iniciativas emprendedoras. Un comité de profesores, alumnos y personal desarrolla, desde entonces, este modelo. La incubadora comenzó a tomar forma después de que fueron aprobados los fondos para la construcción de una sede propia.

Autores

Adriana Chaves, Sao Paulo.