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Castillo de Predjama, un atractivo de leyenda en Eslovenia
Martes, Mayo 3, 2016 - 09:34

Este castillo fue construido en el interior de una cueva en el siglo XII y el barón Erazem Lueguer pasó sus últimos días en el siglo XV.

Las historias fantásticas están enclavadas en las cuevas. Quizás la más recordada en Eslovenia es la que se esconde tras las paredes rocosas del castillo de Predjama, del siglo XII, en plena región del Karst, uno de los lugares turísticos más visitados de Europa por estar en la boca de una gigantesca gruta que se abre en medio de un precipicio de 123 metros.

Allí, el barón Erazem Lueguer pasó sus últimos días en el siglo XV.

Hoy, los visitantes escuchan entre los laberintos del palacio, sobre escaleras de piedra viva y bajo lámparas tenues la historia de cómo Lueguer logró sobrevivir a un asedio militar durante un año y un día sin poner un pie afuera de su morada. Fue conocido como “el bandido bueno” por dirigir hábiles emboscadas y asaltar a los comerciantes que cubrían la ruta que unía a Viena con Trieste y entregarles el botín a los más pobres.


El barón, sin embargo, no fue atacado precisamente por sus pretensiones altruistas sino por oponerse al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico III. “Todo cambió para el barón cuando le quitó la vida a un alguacil de los afectos de su enemigo. A partir de entonces se dio la orden de atraparlo y matarlo. Pero no fue tan fácil conseguirlo. El castillo medieval protegió su vida”, relatan los guías, mientras les enseñan a los turistas las cuevas por las que transitaba Lueguer con toda tranquilidad, pese a tener un cerco de soldados.

Aunque sus enemigos le bloquearon el ingreso de alimentos, misteriosamente lograba abastecerse e incluso, para burlarse de las tropas que lo acechaban, les lanzaba cerezas desde las ventanas.

Su secreto se revela cuando los viajeros transitan por las cavidades del castillo de Predjama y se encuentran con terrazas, habitaciones cerradas, zonas interiores descubiertas, una capilla y el antiguo calabozo. Al parecer, el barón lograba salir hasta valles aledaños a través de los vericuetos de las cuevas para obtener comida. Sin embargo, todo llegó a su fin cuando uno de sus servidores lo entregó a sus verdugos. Así pereció.

Hoy se conservan algunos de sus objetos, como pinturas históricas al óleo y una Pietà del año 1420 (obra que representa a la Virgen María) que pueden ser apreciadas por sus visitantes.

El castillo hace parte de la región del Karst esloveno, un territorio agujereado por más de 8.000 cuevas cubiertas por manantiales y fuentes que se convierten en pequeños arroyos y lagos intermitentes. Bajo tierra, en las grutas, las rocas se desprenden de los techos y del suelo y forman figuras puntiagudas. De esta forma, los fenómenos kársticos se expanden hasta las altas montañas de los Alpes, en donde es posible encontrar surcos, lenares y otras formaciones superficiales.

El Karst es un lugar misterioso y mágico, de puentes naturales que pasan sobre riachuelos, pozos helados, cascadas gigantescas y salones con estalactitas de hielo. Es el escenario en donde se siguen recreando hazañas de caballeros y nobles furtivos. Un mundo subterráneo para revivir las leyendas. Aquellas que se transmiten con la ilusión de que alguna vez fueron ciertas.

Autores

El Espectador