Constitución. Miles de chilenos en autos y camionetas cargados de ayuda viajaban este sábado rumbo a las zonas devastadas por el sismo y los tsunamis, algunos en busca de noticias sobre sus familiares y otros para brindar asistencia a quienes se quedaron sin hogar en el sur del país.

Varios automóviles de una larga caravana llevaban banderas de Chile o leyendas pintadas en sus carrocerías para insuflar ánimo en los pueblos por donde pasaban, que tratan de reponerse del peor terremoto en 50 años, que dejó cientos de muertos hace una semana.

Muchos viajaban a reencontrarse con ciudades que dejaron hace años, pero que a duras penas lograban reconocer tras el desastre.

Marcelo Castillo, un abogado de 43 años, miraba estupefacto las ruinas del teatro de Constitución, su ciudad a unos 360 kilómetros al sur de Santiago, a donde llegó el sábado para traer ayuda, pero sobre todo para buscar información.

"No lo podía creer, en el fondo. Quería verificar que fuera efectivamente esa la cantidad de personas muertas y recabar información porque todo era confuso", dijo.

Constitución fue una de las ciudades más golpeadas el sábado pasado por el sismo de magnitud 8,8 y los violentos tsunamis que lo siguieron.

Castillo tomaba fotos a casas y contactaba gente para alimentar una página de la red social Facebook, donde las personas de la ciudad comparten información sobre el sismo.

Pedro Antonio Díaz llegó desde la ciudad patagónica de Puerto Natales, en el sur, al timón de su barco pesquero Fernando Andrés II. En la tarde del sábado descargaba en Constitución, su ciudad natal, 22 toneladas de ayuda y 35.000 litros de agua.

Otros aprovechaban el fin de semana para comprobar en qué estado quedaron las casas de sus familias.

En el centro de la ciudad un grupo religioso llegado de Talca, otra ciudad devastada, repartía folletos llamando a la esperanza.

En la carretera que une a la principal autopista con Constitución, muchos vehículos se detenían para atender a los pedidos de gente que sostenía carteles pidiendo ayuda.

"Como no hay energía no hay trabajo en las (empresas) forestales", se lamentó una mujer que solicitaba alimentos junto a sus hijos.