Además de réplicas, el terremoto de magnitud 8,8 que tuvo lugar en Chile, el pasado 27 de febrero, también podría dejar un legado de explosiones volcánicas.

"Esperamos ver un aumento en la actividad volcánica durante los próximos 12 meses", dijo David Pyle, un vulcanólogo de la Universidad de Oxford, según reproduce NewsScientist, citando a Earth and Planetary Science Letters.

Charles Darwin fue uno de los primeros científicos en sugerir una relación entre terremotos de gran magnitud y el aumento de la actividad volcánica. En sus registros, se observa que un gran terremoto fuera de la costa de Chile, en febrero de 1835, apareció antes de resucitar a los volcanes inactivos, aumentando así sus tasas de erupción.

El año pasado, Pyle y sus colegas confirmaron que se trataba de un efecto real en Chile, que muestra que los aumentos en la actividad volcánica se han producido después de otros grandes terremotos a lo largo de su costa.

En particular, encontraron que después de una magnitud de 8,3 de 1906, y un terremoto de magnitud 9,5 en 1960, había tres o cuatro erupciones volcánicas a unos 500 kilómetros del epicentro al año siguiente.

El terremoto de la semana pasada en Chile se produjo en la misma sección de la falla que causó el terremoto de Darwin, observado en 1835.

"Vamos a estar usando mediciones de calor y deformación por satélite, y mantener un ojo en el arco de los volcanes, del Llaima en el sur y del Tupungatito en el norte", agregó Pyle.

No obstante, Pyle subrayó que el riesgo para la población local, de este volcanismo adicional, es probable que sea mínimo.

"En los volcanes que ya son activos podríamos ver un aumento en las explosiones de vapor, pero no esperamos que presente un riesgo significativamente mayor", finalizó.