Iloca, Chile. Aunque fallaron las alarmas, los pobladores de un pequeño pueblo en la costa de Chile sobrevivieron al devastador tsunami que golpeó al país gracias a la intuición de un grupo de policías, que evacuó la población antes de que olas de 15 metros arrasaran con ella.

En las primeras horas después del devastador sismo que sacudió a Chile en la madrugada del sábado, el gobierno se negó a hablar de un tsunami, pero después terminó reconociéndolo y explicando que el sistema de alarma temprana falló por un "error" de la Armada.

Olas gigantescas, que en algunos casos entraron hasta 400 metros tierra adentro, devastaron sin piedad una extensa faja de pueblos costeros, caletas y puertos entre la costa central de Llo-Lleo y el puerto sureño de Talcahuano.

En el pueblo costero de Iloca, a 250 kilómetros al sur de Santiago, un grupo de carabineros logró avisar a gran parte de la población que despejara las zonas bajas. Cerca de 1.000 habitantes viven durante todo el año en el balneario, pero con el verano la población ascendía a 7.000 en el momento del sismo.

"Le avisamos a la gente y yo fui a soltar los caballos, pero el agua me tomó", dijo el lunes Julio Farías, cabo de carabineros, a Reuters en la ciudad destrozada.

Autos colgados, un bus completo que se llevó el mar, vidrios, maderas, colchones y hasta una muñeca convivían con los techos de las casas que el mar devoró y volvió a depositar destrozadas en la tierra.

De las más de 700 muertes confirmadas tras el sismo de magnitud 8,8 en Chile, la mayoría se registró en las zonas afectadas por el tsunami.

Los pueblos más alejados de la costa presentaban destrozos, sobre todo en las viviendas con construcciones más humildes, pero los daños no se comparaban con los registrados en la costa, donde la destrucción fue total.

"El terremoto no es nada, sólo rompió unas casas. El mar fue el que destruyó todo", dijo Luis Vidal, de 61 años, un residente de Iloca que, vestido con ropa prestada y mojada, mientras contemplaba los restos de su casa desperdigados.

Su mujer, María Salinas, recuperó una Biblia entre los destrozos de la casa, que el mar movió 100 metros.

Recuerdos. Si bien los carabineros lograron avisar a muchos habitantes de Iloca que se refugiaron en zonas altas, algunos no lograron escapar y compartieron el destino del resto de las ciudades costeras, donde nadie alertó sobre el peligro de tsunami.

"Años de trabajo en el suelo. Nadie nos avisó del maremoto, nosotros arrancamos a los cerros porque sabíamos que en un terremoto así no nos podíamos quedar parado", dijo Saladino Jara, de 66 años, mientras miraba los escombros en que se convirtieron sus cabañas de turismo.

Muchos chilenos aún recuerdan el terror que causó un maremoto en la zona cercana a la ciudad sureña de Valdivia en 1960, causando daños enormes y cerca de 1.000 muertes. Fue el peor terremoto de la historia.

Tras del devastador sismo registrado hace dos días, hubo alertas de tsunami en Isla de Pascua, Hawái, Japón y Nueva Zelanda.

Mientras las tareas de rescate continúan en la zona costera, algunos chilenos, como Susan Muñoz, dudan que incluso Iloca pueda haber superado el tsunami sin víctimas a pesar de que mucho se salvaron.

"Cuando íbamos subiendo al cerro, vimos hacia el mar y habían autos con luces encendidas y el mar se los llevaba", dijo Muñoz, quien estaba en la zona con sus dos hijos de 1 y 3 años.