Constitución / Dichato. Una semana después del terremoto y los tsunamis que demolieron partes de Chile, miles de sobrevivientes continuaban el sábado esperando ayuda y adaptándose a vivir en tiendas de campaña.

El sismo de magnitud 8,8 y los tsunamis siguientes, la peor tragedia natural en azotar Chile en medio siglo, dejaron por lo menos 452 muertos identificados. La cantidad de desaparecidos, sin embargo, es todavía imprecisa.

Ciudades y pueblos del centro y sur del país fueron destrozados por el temblor y lo que quedó en pie barrido después por gigantescas olas que la Armada falló en pronosticar.

Sus habitantes aún viven aterrorizados por la posibilidad de que las fuertes réplicas que sacuden a las áreas afectadas puedan provocar más tsunamis. Muchos se niegan a bajar de los cerros donde se refugiaron.

Cientos de miles de personas lo perdieron todo en pueblos como Dichato, una pintoresca aldea de pescadores 470 kilómetros al sur de Santiago donde muchos amanecieron el sábado en tiendas de campaña.

"Esto ha sido un terremoto de desorganización de parte de las autoridades. Esto muestra la mala organización y gestión del gobierno", dijo Fernando Valenzuela, de 44 años, que vive con su esposa en un campamento improvisado.

Dichato parece bombardeado. Una semana después del tsunami, sigue sin haber agua ni electricidad. Decenas de personas hacían fila el sábado delante de unos teléfonos instalados al aire libre.

"Estaba diciéndole a mi familia en Santiago que estoy bien. No habíamos podido hablar desde el temblor, hace una semana", dijo Miles Rivera, un anciano que se apoyaba en un bastón.

El gobierno chileno ha tratado de hacerse una idea del tamaño de los daños, que especialistas calcularon inicialmente en US$30.000 millones. Unas 2 millones de personas fueron damnificadas por el terremoto y los tsunamis; y unas 500.000 viviendas fueron destruídas.

La presidenta Michelle Bachelet, que termina su mandato la próxima semana, dijo que la reconstrucción podría demorar tres o hasta cuatro años.

Vuelta a la normalidad. A unos 30 kilómetros al sur de Dichato, la ciudad de Concepción, muy golpeada por el terremoto, seguía esforzándose por volver a la normalidad.

La calma forzada por un toque de queda para evitar saqueos era rota cada pocos minutos por el ensordecedor ruido de aviones y helicópteros que aterrizaban con alimentos, agua y tiendas de campaña para los damnificados.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, llegó la ciudad, la segunda más grande de Chile, para supervisar los daños. También Constitución, una ciudad costera arrasada por las olas, intentaba ponerse en pie.

"La gente está volviendo a su vida normal. Existe mayor tranquilidad", dijo a Reuters el mayor de la policía local Oscar González.

Aunque muchas personas continúan refugiadas en los cerros por temor a nuevos tsunamis, los comerciantes de Constitución trataban de reabrir sus tiendas.

El problema, dijo el comisario de policía, son los niños. "No quieren volver a clases. Va a hacer falta un proceso de adaptación psicológica para ellos, porque los niños aún tienen miedo", explicó.

El sismo, con epicentro 317 kilómetros al suroeste de Santiago, ha sido el quinto más poderoso de la historia moderna y libero una gigantesca cantidad de energía que modificó el eje de rotación de la Tierra.