Pasar al contenido principal

ES / EN

Crean un corazón vivo en una impresora 3D
Jueves, Abril 25, 2019 - 14:30

El órgano, creado en la Universidad de Tel Aviv y que es capaz de palpitar, es el primero impreso con tejidos humanos.

La impresión de órganos puede cambiar la forma en que concebimos los trasplantes actuales. Esta nueva técnica utiliza células y biomateriales que provienen del propio paciente. Para conseguirlo, se toma una biopsia del tejido graso y se separan las células del colágeno y otros materiales.

Una vez se han obtenido las células, se reprograman para que se conviertan en células madre que, a su vez, se dividen en células cardiacas y células de vasos sanguíneos, según Tal Dvir, director del proyecto.

Los biomateriales restantes al obtener las células se procesan para convertirse en biotinta, que permitirá imprimir con las células reprogramadas.

El corazón que se ha conseguido tiene un tamaño bastante reducido, de unos 3 centímetros, por lo que es equivalente al de un ratón o un conejo. El diseño del corazón es aún básico, y se trabaja para llegar al próximo paso, donde el corazón sea capaz de bombear.

Aunque las células se contraen, el corazón completo no logra bombear. Para conseguirlo, las células deberán madurar y comunicarse para contraerse juntas. Una vez que este reto sea realidad, aún habrá que enfrentarse al de imprimir un corazón más grande que pueda ser trasplantado a un ser humano.

En diez o quince años tendremos impresoras 3D en hospitales, que proveerán de tejido a los pacientes, dijo Dvir.

Si consiguen imprimir un corazón viable para su trasplante a seres humanos será posible reducir el tiempo de espera para optar a un trasplante. Pero, eso no es todo. La impresión de órganos supondrá la eliminación de la posibilidad de rechazo en trasplantes, ya que estarán hechos de los tejidos del mismo paciente.

El estudio se ha publicado en la revista Advanced Science, liderado por el profesor Dvir, que trabaja en el Laboratorio para Ingeniería del Tejido y Medicina Regenerativa de la Facultad de Ciencias Vivas George S. Wise, de la Universidad de Tel Aviv.

Autores

Alba Soriano / Think Big