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De qué color pintar la oficina (y cuál evitar)
Viernes, Abril 10, 2015 - 07:40

Estas elecciones afectan, entre otros, la productividad, de acuerdo a diferentes estudios.

El color elegido para el lugar donde trabajamos afecta la manera en la cual nos desempeñamos en el ámbito laboral. Así lo demostró un estudio de la Universidad de Texas –recogido por la publicación estadounidense Fast Company-.

Esta investigación puso la lupa en el impacto del color en la productividad de los trabajadores. ¿Cómo se hizo? Se armaron tres grupos de personas, a los cuales se les dio tareas para completar en tres habitaciones diferentes, cada una pintada de un color distinto. Rojo, blanco y aguamarina fueros los seleccionados.

Algunos sujetos, demostró el estudio, fueron capaces de “bloquear” el color del lugar donde estaban, mientras que otros, en cambio, sí fueron afectados por él. Sin embargo, estos dos grupos de personas cometieron más errores al trabajar en el cuarto blanco.

La responsable de la investigación, Nancy Kwallek, señaló que el blanco no incentiva la productividad. “Y la mayoría de los ambientes de trabajo son blancos o grises”, comentó a Fast Company. En la vereda opuesta, la investigadora señaló al aguamarina como una buena opción.

El artículo brinda algunos aspectos a tener en cuenta antes de mandar a pintar la pared de la oficina. El rojo, por ejemplo, es un buen color cuando el trabajo que se desarrolla allí es uno donde se hace hincapié en los detalles. Azul es una buena opción, en tanto, para una habitación destinada a la tormenta de ideas. Es un color que calma y que promueve la comunicación, la confianza y la eficiencia.

Para las salas de reuniones se recomienda evitar el amarillo, dado que puede llegar a causar ansiedad. Algunos estudios, además, indican que este color lleva a las personas a inquietarse.

Si lo que se busca es fomentar la inspiración, el verde es un buen candidato. Este color fomenta la armonía y el balance.

Finalmente, se recomienda mantenerse alejado del gris: no tiene energía. Su uso extendido, además, puede promover la falta de confidencia y hasta la depresión, sostienen algunos estudios.

Autores

elobservador.com.uy