Brasilia.  La candidata oficialista de Brasil, Dilma Rousseff, recuperó fuerza en los sondeos de opinión y es la favorita para ganar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 31 de octubre frente al rival de la oposición, José Serra.

Rousseff, quien se ha beneficiado de una pujante economía y de la enorme popularidad del actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, no alcanzó a tener el 50% de los votos que necesitaba para ganar en la primera ronda del 3 de octubre, lo que desembocó en un balotaje.

Ambos candidatos respaldan ampliamente los pilares de la actual política económica que ha hecho de Brasil uno de los mayores mercados emergentes del mundo.

Sin embargo, existen importantes diferencias entre el ex gobernador del estado de Sao Paulo y Rousseff, la ex jefa de Gabinete de Lula. A continuación, algunas de sus posturas sobre remas clave:

Estabilidad Económica. Serra, al igual que Rousseff, mantendría las políticas de mercado que han asegurado estabilidad económica en la última década: un tipo de cambio flotante, control de la inflación y disciplina fiscal. Serra afirma que haría algunos cambios, pero ha dado pocos detalles al respecto.

Disciplina Fiscal. Serra, de Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), es percibido por algunos como el más duro de los dos candidatos en lo que se refiere a disciplina fiscal, aunque no ha anunciado metas presupuestarias detalladas.

Prometió cortar los gastos innecesarios del gobierno para permitir una mayor inversión pública, pero también propuso aumentar el salario mensual mínimo a 600 reales (US$349 dólares) desde sus actuales 510 reales, lo que presionaría las finanzas públicas.

Rousseff, cuyo Partido de los Trabajadores tiene fuertes vínculos con sindicatos del sector público, propone mantener la disciplina fiscal con ajustes graduales, pero sin las medidas de austeridad drásticas que marcado el primer año de Gobierno de Lula en el 2003. Ha dicho que Brasil no necesita dar rienda suelta al gasto público para que la economía mantenga su robusto crecimiento.

Sostiene que mantendría una meta de superávit presupuestario primario del 3,3% del Producto Interno Bruto (PIB) hasta que la deuda neta caiga a 30 por ciento del PIB a fines del 2014, desde un 41,7% en julio.

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El Gobierno aún espera lograr su meta de superavit presupuestario primario para el 2010.

Pero un aumento en los gastos públicos de este año indica que sólo podrá lograrlo al excluir fondos para su programa de infraestructura o adoptando otros métodos más innovadores en la administración del presupuesto.
 

Rol estatal de la economía. Rousseff favorece un Estado fuerte en áreas estratégicas, como petróleo, banca y energía, aunque insiste en que las empresas privadas en esos sectores no serán perjudicadas.

También promete promover la eficiencia del Gobierno y la "meritocracia", además de reducir la burocracia. Pero mantendrá los actuales beneficios a los funcionarios públicos.

Rousseff también podría incrementar la intervención estatal en el sector minero, lo que generaría riesgos a la gigante de mineral de hierro Vale. El Gobierno de Lula ha elevado la presión sobre el mayor productor mundial de mineral de hierro para que cree más empleos en Brasil invirtiendo en producción de acero.

Es posible que Rousseff siga adelante con los esfuerzos por mejorar el acceso de servicios de banda ancha de internet en hogares de bajos recursos a través de la ahora estatal Telebras, cuyos activos tuvieron que ser privatizados durante la década de 1990. Algunos líderes de la industria privada han señalado que podría salir perjudicada con este plan.

Serra favorece un Gobierno fuerte y activo y aplaudió las medidas de estímulo fiscal de Lula durante la crisis global de 2008/2009.

Pero Serra, que autorizó la venta del banco estatal de Sao Paulo cuando fue gobernador de ese estado, es visto como más abierto a la privatización selectiva y afirma que no usará fondos estatales para promover fusiones y adquisiciones en el sector privado.

El candidato opositor propone fuertes políticas para desarrollar la industria nacional y aumentaría las salvaguardas comerciales contra importaciones de bajo costo, especialmente chinas.

Banco central. Rousseff ha dicho que mantendría la autonomía operacional del Banco Central y el estatus de su presidente como ministro del Gabinete.

Serra ha afirmado que el Banco Central debe estar en línea con la política económica del gobierno y que el presidente de la entidad y el ministro de Hacienda deben pensar de manera similar.

El banco central de Brasil sigue un régimen centrado en el nivel de inflación que según inversores es crucial para la estabilidad de los precios en el país.

Reformas Estructurales. Rousseff y Serra coinciden en la necesidad de reformar el complicado sistema tributario de Brasil para alentar las inversiones, pero los esfuerzos previos de reforma impulsados por Lula no han entregado mayores resultados.

Rousseff convirtió la reforma tributaria en una prioridad y sus propuestas incluyen rebajas de impuestos al capital de inversión y a las remuneraciones, además de armonizar los niveles de gravámenes estatales, con la ayuda de un fondo para compensar la escasez de ingresos de algunos estados.

Serra quiere reformar el sistema previsional mediante el recorte de los beneficios para algunos funcionarios públicos, mientras que Rousseff favorece una reforma que recaude más dinero para financiar el creciente déficit previsional y alteraría algunas reglas de jubilación.

Política Monetaria. Rousseff ha dicho que mientras la carga de deuda de Brasil no disminuya considerablemente, el Banco Central tendrá que concentrarse exclusivamente en la inflación en vez de centrarse en la economía más amplia, incluyendo el aumento del empleo.

Además ha descartado establecer un tipo de cambio específico para el real brasileño, que se ha fortalecido hasta cotizarse en su mayor nivel desde la debacle financiera de septiembre del 2008, perjudicando a los exportadores locales.

La candidata oficialista desea reducir las tasas de interés de Brasil, que están entre las más altas del mundo y son una de las razones por la cual la divisa local se mantiene fuerte. Sin embargo, no se espera que actúe agresivamente como Serra para alcanzar este objetivo.

Serra ha sido más crítico de la política monetaria, afirmando que "la tasa de interés (de 10,75%) tiene que bajar, es sorprendente". Asegura que la cifra debe ser llevada a los niveles internacionales a través de una disciplina fiscal más severa. También ha dicho que el banco central no es la "Santa Sede", aunque no cambiaría su autonomía informal.



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Industria Petrolera. Rousseff apoya completamente el esfuerzo de Lula por aumentar el control gubernamental sobre reservas de petróleo recientemente encontradas, y ayudó a esbozar la propuesta.

La medida incluye la creación de una nueva compañía estatal para administrar las reservas, una exigencia de que la estatal Petrobras sea la operadora de todos los campos y la creación de un nuevo fondo para invertir las ganancias del crudo en educación, salud y desarrollo.

Es posible que siga presionando a Petrobras para que alinee sus metas a las políticas del Gobierno, lo que podría llevar a las compañías extranjeras a tener un rol más limitado en el sector.

Serra critica la reforma y dice que el modelo actual era adecuado para desarrollar nuevas reservas.

El candidato señala que no hay necesidad de crear más burocracia con una nueva petrolera estatal. Su partido advierte que el enfoque de Lula podría dejar a un costado a los privados, reducir la inversión, competencia y eficiencia.


Tipo de Cambio. Rousseff ha descartado buscar un tipo de cambio específico para la moneda de Brasil, que se cotiza cerca de un máximo de dos años.

Serra ha dicho que el real está "mega sobrevaluado" y que afecta a los exportadores, pero descartó medidas abruptas o la intervención directa en los mercados para influenciar la divisa.

También indicó que permitir una depreciación del real necesita una disciplina fiscal más estricta y menores tasas de interés.

Política Exterior. Serra ha criticado los estrechos vínculos de Lula con aliados de izquierda en Latinoamérica y con Irán. La flexibilización de esos lazos podría afectar inversiones de energía en Bolivia y Venezuela, donde la petrolera estatal Petrobras tiene grandes inversiones.

También llamó a una reforma del grupo de comercio sudamericano Mercosur y a firmar más acuerdos bilaterales de libre comercio.

Rousseff favorece la continuación de los objetivos de la política exterior de Lula, incluyendo la integración regional y una mayor voz de los países en desarrollo en entidades internacionales.

No obstante, dada su mayor prioridad en asuntos nacionales y su menor perfil internacional, es menos probable que continúe la diplomacia de alto perfil establecida por Lula.