Brasil. Los miedos de los agricultores de maíz y soya de Brasil a utilizar semillas transgénicas y aplicar biotecnología en sus campos desaparecieron al ver los rendimientos logrados por hectárea y el beneficio causado al medio ambiente.

El reverdecer del campo y el progreso de los productores se constató en el taller teórico- practico sobre biotecnología para periodistas de Sur y Centroamérica, en Brasil, organizado por el Consejo Brasileño de Biotecnología (CIB) y la Asociación Agrobio de Colombia, en la provincia del Paraná.

La directora del CIB, Adriana Brondoni,manifestó que Brasil ocupa el segundo lugar de la lista de los países biotecnologícos, después de Estados Unidos, con 21,4 millones de hectáreas sembradas con cultivos genéticamente modificados.

“El maíz transgénico se plantó por primera vez en Brasil en el 2008, en pequeñas cantidades debido a la baja oferta de semillas, ya que la aprobación se dio ese año y no había tiempo para la multiplicación de las mismas, pero ahora la investigación creció y la mayoría de los campos están cubiertos con esta semilla”.

A 3 años de producción.

Según el presidente de la Cooperativa Agrícola de Granos en la provincia del Paraná, Brasil, Guilherme Grein, agricultor que no avanza con la tecnología quedará relegado de los mercados internacionales y los beneficios del agro por falta de competitividad.

Esta cooperativa, conformada por 120 productores, posee 7.300 hectáreas en cultivos de soya, maíz, fréjol y trigo, con el 90% de semilla transgénica.

Grein explicó que desde hace tres años empezaron a incorporar en su producción semillas transgénicas, con precaución hasta ver su comportamiento.

“Hoy no queremos volver a la convencional. Con ella hemos logrado controlar el cogollero del maíz, bajamos las aplicaciones de insecticidas de cuatro a una, los productores no se volvieron a intoxicar en campo por mala utilización de los químicos, preservamos el suelo y el medio ambiente y nos queda tiempo para hacer otras labores", afirmó el agricultor.

“En estos momentos sacamos con semilla transgénica un promedio de 10 a 12 toneladas por hectárea de maíz, mientras que con la convencional sacábamos 9,5 toneladas. La productividad no aumenta con la semilla, se mejora porque sin plagas no tenemos pérdidas y hay más rendimientos”, explicó.

El productor de soya y socio de la cooperativa, Amauri Bass, indicó que el inicio de la tecnología no fue fácil, el miedo y los malos comentarios les impedían acceder a esta experiencia y ahora no regresaría a la semilla convencional.

Dentro de las ventajas que encontró está la baja en el número de aplicaciones de insecticidas, la disminución de mano de obra y el aumento en rendimientos al pasar de recoger 3 toneladas por hectárea a 3,6 toneladas, y se la comercializa a buen precio.

La directora ejecutiva de Agrobio para Colombia y la región andina, María Andrea Uzcátegui, mencionó que los únicos países de Sudamérica que faltan por trabajar con esta tecnología son Ecuador, Perú y Venezuela. En la actualidad, Colombia entró con rosas, claveles azules, maíz y algodón y está investigando en papa y yuca.

El líder mundial en producción de transgénicos es Estados Unidos con 62,5 millones de hectáreas, seguido por Argentina, Brasil, India y Canadá. Los tres mayores productores concentran el 80% de la producción mundial.